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Opinión
Etiquetas:   El espectador  

El golpe de estado

Jorge Hernández

martes, 24 de mayo de 2005, 22:55 h (CET)
Durante la transición, se vendió con inusitado énfasis lo exitoso y lo beneficioso que iba a ser el estado de las autonomías. Los fuegos de artificio escondían algo verdaderamente siniestro, el estado proclamaba alegremente su defunción a medio plazo y lo que es más grave, la desintegración manifiesta de la nación española.

Cualquier persona que haya leido el más simple manual introductorio de ciencia política sabe que no existe ninguna nación previa a un estado, son los estados los que a partir de una concepción moderna de la democracia, de las libertades y de la burocracia, sientan las bases de la nación ( homogeneizando a través de una lengua común, resaltando determinados hechos históricos y ocultando otros y poniendo el acento en unos determinados rasgos culturales). Reto públicamente aquí a que cualquier lector me diga uuna sóla nación en el mundo que sea previa a la constitución de un estado.
No la encontrará. Porque todas las naciones del mundo son creaciones simbólicas generadas desde el poder político, incluida por supuesto la española.

Los mismos supuestos derechos históricos tiene cataluña para ser nación que la alpujarra granadina. Sólo hace falta que exista una burguesía que se deje abrazar por la bandera del nacionalismo. Nada más perverso.

Por eso la reacción más preocupante ante la nueva vuelta de tuerca en torno a los estatutos de autonomía no es, ni siquiera, la de ese patético optimismo socialdemócrata que enfatiza el puñal en la espalda que le ha clavado Eta a Zapatero, como si tal espalda no hubiese encajado el puñal hace ya mucho y, deglutido, digerido y metabolizado, el puñal no hubiese aparecido ayer como salivilla en el borde del leporino nacionalista. Pero no. Lo verdaderamente grave, es la formalización oficial, inédita hasta hoy en esos términos, de que un parlamento autónomico como el vasco puede legislar unilateralmente sobre asuntos que competen a la soberanía compartida de todos los españoles y que las decisiones que de él surjan merecen el respeto que se debe a la libertad y a la democracia. Cuando alguna de las instituciones del Estado (y son Estado los gobiernos y los parlamentos autónomos) se emancipan de la estructura común y pretenden imponer unilateralmente su criterio al resto de las instituciones forzosamente implicadas en una decisión se produce técnicamente un intento de golpe de Estado.

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