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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Intervencionismo en la red

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 23 de mayo de 2005, 22:17 h (CET)
La punta de lanza, la inefable SGAE. Resulta que un abogado de esta organización, que goza de un colosal prestigio social, ha pedido, nada menos, que se instaure un carnet para poder navegar por la red. ¿El objetivo? Acabar con el anonimato en la red. O eso dice.

Y va el intervencionista y nos suelta a bocajarro que es que “internet no está regulado” y “no cabe libertad sin responsabilidad”. O sea, que viva el intervencionismo y la gente es idiota y no es capaz de autoregularse y asumir su responsabilidad por sí misma. Para eso están los políticos intervencionistas, claro. Luego lo venderán como un gran “logro social”. El anonimato de la sociedad civil es malo, malísimo. Vaya mamarrachada totalitaria.

Es de perogrullo que no hay libertad sin responsabilidad. ¿Y qué hacen los del socialismo real? Pues consideran que la gente es boba e irresponsable y entonces ellos secuestran su libertad individual, meten las narices donde nadie los llama y se dedican a “regular”. Y, como siempre, chafan el invento. Acaban con la libertad del pueblo en nombre del pueblo.

Precisamente la red, máximo exponente de la globalización, es un oasis de libertad. Y lo es porque intervencionistas como este buen señor no han metido las narices. Porque no han podido.

En la red, a raíz del 14 de marzo han surgido páginas y blogs liberales y contra el gobierno como hongos. Esto es lo que realmente preocupa a los totalitarios socialistas. Resulta que cada vez más hogares disponen de conexión a la red ( el último dato es que un tercio de los hogares españoles tienen ya su conexión). Se estima en 14 millones el número de internautas españoles.

Y resulta que, a diferencia de los medios de comunicación tradicionales, la izquierda no ostenta el monopolio de la información en la red. Resulta que la derecha está dando la batalla por las ideas en la misma. Y eso no puede ser.

Y un senador socialista de nombre Félix Lanilla ha dejado claro en un debate que giraba en torno al secreto profesional de los periodistas y su extensión a la red que para él el único sujeto de este derecho son los periodistas de los medios de comunicación tradicionales “No es lo mismo un medio de comunicación que una web”, ha afirmado el campeón de la democracia. ¡Vaya carca!

Y acto seguido ha dejado claro su criterio: el derecho al secreto profesional, según él, va en función del número de personas al que llega el medio de comunicación. Todo depende de la audiencia. Siguiendo tan estrambótica teoría los periodistas a sueldo de PRISA tendrían derecho al secreto profesional y los del diario local de Villaconejos no. Impresionante ejemplo de igualdad socialista.

Arcadi Espasa le preguntó qué cuándo la audiencia es grande. Y va el senador socialista y responde que los límites no son claros, pero que ya los políticos se encargarán de fijarlos. Para echarse a temblar. Vamos que ahora no todos los periodistas deberían tener los mismos derechos. Los políticos decidirán.

Siguió este liberticida afirmando que "toda opinión que se reproduzca en España tiene que ser constitucional, es decir, no puede ser racista o sexista". Pues mire, tampoco. Usted puede ser racista si le da la gana. De hecho es usted marxista porque le da la gana. Y el marxismo ya sabemos todos que es una ideología criminal. Y hasta va usted por ahí soltando sus bobadas tan alegremente. Lo que no puede es promover actitudes violentas que violenten derechos de terceros

¿O es que este senador socialista pretende entrar en la casa de cada uno para ver quién es racista y quién no y encerrar al “racista” en la checa de turno? No mire, no todas las opiniones tienen que ser constitucionales. ¿Le suena lo de la libertad de conciencia y expresión? Pero si lo piensa así ¿qué hacen pactando con ERC? ¿Quién determina lo que es racista y lo que no? Claro, dirá el socialista que aquí tampoco los límites están claros y que los políticos se tienen que encargar de delimitarlo. El siguiente paso es crear la figura del “sospechoso”. Como en la URSS.

El Ministro Montilla también arremetió esta semana pasada contra los confidenciales y las bitácoras.

Así pues, ya sabemos qué les tiene tan nerviosos. Por mucho que manipulen el CIS (según la última manipulación el terrorismo ya no preocupa a los españoles y yo voy y me lo creo) y tengan la colaboración de los medios de comunicación tradicionales, la sociedad civil se está rebelando en la red. Y eso no lo soportan. Es un agujero enorme dentro del pensamiento único totalitario.

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