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Hermoso de Mendoza: el no va más
Ignacio de Cossío
¡Con todos ustedes el mejor rejoneador del mundo, Pablo Hermoso de Mendoza! No es una metáfora sino toda una realidad a tenor de la última faena protagonizada por el torero estellés el pasado sábado en la Monumental de Las Ventas. Aquella tarde se convirtió en hito para la historia del toreo a caballo, nadie llegó tan cerca de la cara del toro, toreó tan despacio y emocionó a tanta gente sobre un caballo. Pablo Hermoso de Mendoza, titán del rejoneo, se levanta temporada tras temporada, con la misma ilusión y torería, como quien se enfrenta por vez primera, hecho un centauro, a la muerte segura.
Hermoso de Mendoza volvió a explicar al mundo entero nuevas formas y distancias, nunca abordadas antes por ningún jinete, hasta el punto de rendirse el quinto toro de la tarde, en su plenitud de fuerza y bravura, a su magistral fondo de silla. Las verónicas a caballo de Hermoso de Mendoza son el sello de su casa, acompañadas de una doma ejemplar y única de sus caballos artistas. Con Pablo no hay nombres, atrás quedó Cagancho, heredero de Opus y Neptuno, el mejor caballo del rejoneo vivo y nada parece haber cambiado desde entonces. Hermoso a lomos de Curro, hijo de Gallo; Labrit, familia de Nilo y Neptuno; Chicuelo hijo de Nilo y hermano del gran Cagancho; Nativo, hijo de Neptuno; Chenel, hijo de Gallo, hermano de Curro y sobrino por tanto de Cagancho; Campogrande, hijo de Ribatejo y los nuevos Excalibur y Garbanzo, siempre es el mismo y parece que todos los caballos le sirven, la leyenda y majestad de su toreo le supera en el tiempo.
No conozco rejoneador que se haya mantenido tanto tiempo en la cima y haya superado a tantos caballos figuras propios, como lo ha hecho Pablo Hermoso. En su extensa tauromaquia ecuestre se aprende prácticamente de todo, desde el encelar, los recortes, los quiebros, las piruetas a dos pitas, los desplantes, el galope de costado y sus medias abelmontadas. El sábado volvió acercarse a sus dos grandes gestas históricas, la abrileña de Sevilla del 99 o la navideña de Méjico del 2002. Un pinchazo tras el rejón de muerte en el segundo de su lote le privó de forjarle en bronce frente a la Puerta Grande de Las Ventas, ahora está a menos de dos semanas de consumir la efeméride frente los Moura. Sus mejores monturas, Chenel y Campogrande, al galope y por quiebros respectivamente, aguardan entre relinchos el momento de su regreso al coso madrileño como si se tratara de la hora del pienso en aquella otra vega de navarra llamada “Zarapuz” en el término de Noveleta tapizada siempre de hierba verde y tantos recuerdos felices.
Creánme si les cuento que estamos viviendo el mejor momento del toreo a caballo jamás conocido junto a los caballeros Hermoso de Mendoza, Moura, Rui Fernández, Galán, Cartagena, Bohórquez, Domecq, Hernández Ventura, Montes y tantos otros; y al nuevo toro de Murube, más pulido y rozando casi la perfección en ese largo y acompasado embestir que los hermanos Urquijo junto a Joselito un día soñaron en su finca utrerana de “Juan Gómez”. Espero y deseo que las nuevas generaciones que hemos nacido de sus espuelas, de su suave mando en el bocado, de su auténtica exposición y elegancia, siempre en reuniòn sin culeos, sin ademanes vulgares y adornos chabacanos, sepamos aprender la gran lección del toreo a caballo que nos regala cada tarde. ¿Que le queda por hacer a Pablo Hermoso de Mendoza? Tan sólo clavar un par de banderillas a dos manos sin cabezada y morir en la plaza. Un hombre que su rostro, nos transporta a la nobleza y el arte del rejoneo no puede resisitirse al destino más glorioso y genial que se merece toda una leyenda.
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