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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Oscuros biombos del olvido

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 22 de mayo de 2005, 23:25 h (CET)
Dentro de unos meses celebraremos que ya hace treinta años que este país es más libre. Serán treinta años de libertad y de ir, día a día, aprendiendo que es esa cosa llamada democracia. Treinta años ya- el tiempo pasa sin prisas pero sin pausas- pudiendo elegir libremente a nuestros representantes en la vida pública y pudiendo expresar libremente nuestras opiniones. Pero también treinta años de silencios y olvidos. Algunos tenemos la amarga sensación de que el triste silencio que nos impuso la dictadura de Franco y sus secuaces ha seguido alargándose como una negra sombra en estos años de vida democrática. Han sido muchos los que lucharon y dieron la vida o sus mejores años y a los que nuestra transición democrática, tan alabada ella, ha intentado, y muchas veces conseguido, ocultar detrás del oscuro biombo del olvido.

Todavía hoy hay familias que siguen buscando los restos de sus familiares fusilados en cualquier cuneta o tapia y enterrados, como animales, en lugar desconocido. Mi abuela murió hace cuarenta años sin saber dónde llevar flores al cadáver de uno de sus hijos. Afortunadamente desde hace algún tiempo los medios de comunicación, algunos, han sido prolijos en noticias en las que se informaba del descubrimiento de fosas comunes y la exhumación de cadáveres, hoy sólo polvo y huesos, a los que sus familiares podrán dar digna sepultura y llevar flores en recuerdo de tantas muertes, casi siempre, en plena juventud.

Pero todavía la inmensa losa del silencio sigue ocultando un triste pasado para el cual sólo debe existir dignidad y orgullo. Dignidad y orgullo para todos aquellos muertos, y dignidad y orgullo para los y las supervivientes de aquellos años negros de nuestra historia más triste. Durante el primer mandato del PSOE se concedieron pensiones y honores para los militares que defendieron la legalidad republicana contra el levantamiento fascista de Franco y sus espadones, y en los últimos años del gobierno aznarista se aprobó retirar de las calles los símbolos fascistas pero todavía quedan sin el debido reconocimiento oficial los denominados “maquis”, hombres y mujeres que, durante años, dejaron lo mejor de su juventud luchando en defensa de sus ideales.

Aún quedan miedo y silencio. Sobre todo entre los más mayores. Quizás su experiencia de callar durante tantos años les hace más cautos, les hace temer y recelar de aquellos que les malograron la juventud. Hace algún tiempo un anciano de noventa años me decía “ellos nunca se fueron”. Al día siguiente leía la noticia en la que el alcalde de Castellón calificaba la entrada de los ejércitos franquistas en la ciudad de la Plana como “la liberación” y en la que calificaba al dictador como “íntegro, honrado y español hasta la médula”. Efectivamente “ellos” nunca se fueron, están entre nosotros, y quizás más de uno con tentaciones de volver a vestir la camisa azul y la chaqueta blanca con el yugo y las flechas.

Que después se esconda el libro y que la cúpula dirigente de los populares decida que la retirada de careta de algunos de los suyos no es políticamente correcta sigue demostrando que aquí “muerto el perro no se acabó la rabia”. El PP sigue sin condenar “su glorioso alzamiento” y, de cuando en cuando, les asoman sus viejos tics totalitarios.

Mientras escribo miro, junto a mis libros, un pequeño avión negro y blanco, hecho con viejas fichas de dominó, en un lado pone Rafael, en el otro Juanita, debajo Modelo 1.940. No es el modelo del avión, son el nombre de mis padres y el de la cárcel donde mi padre, condenado por defender la legalidad republicana, pasó tres largos años. Mi vida también fue un largo silencio. Nadie, por miedo, me explicó esto hasta los veinte años.

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