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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La vida es una disgregación de la vida

¿Hemos tomado una decisión de consuno para vivir en la sociedad de consumo?
Mario López
miércoles, 29 de febrero de 2012, 08:33 h (CET)
¿Pero quién consume a quién? Tú te comes el bocadillo de panceta, pero –a la postre- es la panceta la que devora tus entrañas ¿Qué diferencia existe entre la anuencia y el consuno? ¿Y el consenso? ¿Consentir algo no tendría que ser el mismo pecado que hacerlo de común acuerdo? El castellano es prolijo en sinónimos adversativos. Esto es, son lo mismo pero nos trasladan a posiciones contrarias. Algo así como el binomio PP-PSOE. En fin, que el natural del español es cínico, por no decir cobarde.

Bueno, estoy escribiendo a las 8:50 de la mañana y no son horas para tratar temas tan poco amables como el natural español. Así que lo aparco ¿Qué ropa interior usa Ángel Merkel? No es un asunto baladí. Hace muchos años, un amigo me demostró que ciertos calzoncillos amargan el carácter y, por extensión, perjudican el raciocinio; y de raciocinio pocos andan sobrados (Ángela Merkel, no). La primera ministra teutona (y lo digo sin sorna) tiene cara de usar calzoncillos; de lancero bengalí, como en la mili. Pues, a pesar de ello, ha tenido dos maridos. Y ha mantenido el apellido del primero. Bueno, ya lo dice el tango: siempre se vuelve al primer amor.

Mientras las cumbres de gobernantes mundiales sean reuniones de estreñidos no saldremos de la crisis. A una cumbre de esa trascendencia hay que ir en chándal. No hace falta ir con los rulos puestos, pero sí en chándal. O algo relajado, como bermudas, cubanita y zapato rejilla o vaqueros o pantalones indios, de esos que gastaba yo en mi juventud cuando era hippy. Porque cuando se está estreñido lo que apetece es invadir un país oriental. Del próximo, medio o lejano Oriente, pero oriental. Igual es que, inconscientemente, los oligarcas de Wall Street albergan en sus pérfidos corazones un odio insuperable al cuscús y el curri. Estados Unidos ya demostró su fobia al sushi en Iroshima; lo único salvable de aquella brutalidad fue el fantástico libro de Marguerite Duras, Iroshima mon amour (y la correspondiente película del genial y lamentablemente olvidado Alain Resnais).

Que no se me critique por mis disgregaciones. La vida, tal y como la llevamos hoy en día, es una pura disgregación de la vida.
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