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Etiquetas:   Crisis   Sociedad   -   Sección:   Opinión

Leña al mono

El poder, lejos de hartarse de subir impuestos y coartar libertades y derechos, no deja de inventarse más mentiras para ahogar y someter más a los ciudadanos
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 28 de febrero de 2012, 12:19 h (CET)
La más básicas de las herramientas de gobierno es la mentira. Vale para todo, pero muy especialmente para que los ciudadanos, poquito a poco, como los caballos cuando se les doma, acepten la brida y el acicate y, desde ahí, el resto de su vida lleven como una natural tarea al jinete sobre su lomo, si es que no que tire el resto de su existencia del arado a cambio de un lugar en la cuadra y algún herrén con el que llenar su estómago.

Wikileaks, una vez más, ha puesto algunos datos para ilustrar cómo funcionan los gobiernos y cómo mienten a sus pueblos, aunque es algo que, quienes estaban despiertos o se han preocupado por saber de qué va la cosa, ya sabíamos. Una reflexión sobre todo esto, sin embargo, no viene nada mal en estos momentos de desconcierto en que nos están colando una bola tras otra, así en lo nacional como en lo internacional; cosa, por otra parte, que especialmente les vendría muy bien a todos esos adeptos, socios, militones o partidistas de esas falaces izquierdas o derechas que aún creen que los pájaros maman y que los suyos son buenos y santos y los otros pérfidos y diablescos. Tal vez, como resultado de su propia reflexión comprendieran que no se trata de rojos o azules, de demócratas o liberales, de progresistas o de inmovilistas, o de vencedores y vencidos, sino de gobernadores y gobernados, de amos y esclavos o de listos y tontos, nada más.

Lo primero que habría que comprender es que el gobernador, el amo, el listo, siempre va una o dos jugadas por delante, que no piensa que un acto deriva en otro, sino que justamente lo hace al contrario, y calcula qué movimientos tiene que hacer para obtener el resultado que desea. Por eso a las piezas que tiene que movilizar para hacer su jugada los llama “actores”, ya que de un teatro se trata. Así, pongo por caso, si pretenden liquidar el Estado del Bienestar y devolver a las masas al arroyo, les es imprescindible crear una falsa crisis económica, que haya que inyectar más dinero a los que la producen (hay que pagar a los que trabajan para conseguir el fin), que los sindicatos acepten la situación (aunque con algunas pataletas ornamentales), que se multiplique el desempleo quebrando a las empresas menos interesantes (importando masivamente productos desde el Tercer Mundo), y, ¡hale hop!, obtendrán que los ciudadanos aceptarán lo que sea para tener ese lugar en la cuadra y poder sostenerse con ese execrable herrén. Los “actores”, en este caso, son la Banca, los sindicatos y el Tercer Mundo, la palanca eso que se llama eufemísticamente “los Mercados”, que son los trust que tienen la pasta en grueso, y el objetivo de liquidar el Estado del Bienestar y devolver a las masas al arroyo, extinguiendo las clases medias, está conseguido. A los “actores” se les ha premiado por el trabajo realizado, inyectando a lo tonto mil millonadas a la Banca, a los sindicatos (subvenciones) y al Tercer Mundo (aumento de sus exportaciones), y el ciudadano se ha quedado con todos los gastos, sin empleos, sin estabilidad laboral o familiar y sin futuro, y, lejos de sublevarse, velará por ver qué consigue agachando la cabeza y aceptando la brida y el acicate, quedando además agradecido y contento. Los amos, los “Mercados”, por su parte, se han quedado entretanto como los reyes de la montaña, y no hay más que ver cómo los Lehman Brothers Boys y los Goldman Sachs Boys ocupan, en hábiles golpes de mano económicos, desde presidencias de Bancos Macronacionales a Presidencias de países otrora soberanos, quienes servirán desde la dirección del cotarro a sus, a su vez, amos y señores, los “Mercados”. Jugada completa.

Naturalmente, de ninguna manera las cosas suceden así, de golpe, sino que como decía el principio, las cosas se hacen poquito a poco y con muchas maniobras de diversión para que la atención de la ciudadanía no se arremoline en el objeto en cuestión, un poco como los magos despistan con una mano mientras con la otra hacen el truco. Ese poder negro (El Club), tiene a su disposición todo el conocimiento acumulado por la humanidad para obtener las ventajas que desea obtener, desde la Sociología a la Psicología, pasando por todas las demás ramas y, por si fuera poco, todos los medios de difusión para adoctrinar, amansar o despistar, según convenga en cada momento del plan. ¿No le ha resultado a usted raro que un problema como el que suponemos que tenemos no sea previsto por ningún sabio de ninguna esquina de la Tierra, y mira que hay?... Pues oiga usted, ni uno, sea rojo o azul, progresista o inmovilista, de una escuela o de otra, de uno y otro país o esté en el gobierno o en la oposición parece tener la ciencia suficiente como saber de qué va la cosa, y se hagan los esfuerzos que se hagan, todo parece ir a peor, a más desempleo, a más impuestos, a más coerciones de derechos laborales, a menos empleo, menos jubilación, más privatizaciones, etc.

Naturalmente, todo esto no sería posible sin maniobras de diversión que alejaran la atención ciudadana del foco de la cuestión, porque entonces la población se daría cuenta de que le están dando leña a base de bien, hundiendo en unos pocos años todos los derechos y progreso alcanzados durante siglos de luchas de clases. Para eso está Irán (además de para birlarle su petróleo), la Primavera Árabe, Urdangarín, el oportuno crimen o secuestro o Champions League y lo que se tercie. La supervivencia, la polémica y lo controvertido, en fin, al servicio de la perfidia. Ahora, sin ir más lejos, resulta que en España tenemos como 40.000 millones más de deuda que parece ser que el anterior gobierno escamoteó, como si la ex ministra señora Salgado hubiera estado haciendo trampas sola por la noche y no interviniera en esto todo un tropel de funcionarios, muchos de ellos emparentados ideológicamente con el actual Gobierno. Vamos, que no se traga semejante bola ni el tragaldabas, como se traga lo de las deudas de las autonomías o todos esos casos de corrupción que movieron mil millonadas sin que ni Dios se diera cuenta, cuando son precisamente éstos los que, en su primer acto de Gobierno, convirtieron a los otros en héroes nacionales al otorgarles por todo el morro las más altas condecoraciones del Estado, y los que les permiten (y se permiten a sí mismos, porque los políticos no tienen restricciones ni menguas salariales o de prebendas) vivir con salarios astronómicos de por vida, entregados al lujo y la molicie.

Y el ciudadano, entretanto, cargando como aquel caballo con toda la carga del latrocinio general de los políticos y los Mercados, y contemplando en un país que languidece de desempleo y miseria (el 41% de los españoles casi no llega a fin de mes, y el 25% es pobre de solemnidad) cómo en la tele no dejan de pasar programas de alta cocina (y, además, cachondeo), cómo ha crecido mucho más la riqueza que la miseria (siete millones de nuevos ricos contra cinco millones y medio de pobres, para que se vea dónde van los recortes y los impuestos), cómo más de la mitad de los españoles van a perder su casa por no poder hacer frente a la hipoteca mientras en la tele no dejan de pasar programas del desvarío de dementes que hacen ostentación ridícula de las mansiones en las que viven, o cómo en un país en el que ya es difícil llenar el puchero no dejan de llenarnos la cabeza con que si sube o baja la bolsa, cuando lo que queremos los españoles de a pie es que reviente y se arruinen todos esos que han convertido la sociedad en el juego del Palé.

Para los ciudadanos avisados, sin embargo, no nos pasa desapercibido el juego que elabora El Club, aunque mientras no despierte la suficiente masa crítica como para parar en seco esto, lamentablemente seguirán dándole leña al mono. Leña que a muchos no les importa, bien porque ahora no les vaya a ellos mal, bien porque prefieran el calor de la cuadra y sabor del herrén al helor de la justicia y la libertad.

Puedes conocer toda la obra de Ángel Ruiz Cediel: Un autor que no escribe para todos (Sólo para los muy entendidos)
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