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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Estamos entrando en la Edad de Oro

Cuando morimos dejamos un lugar libre en la intranet
Mario López
martes, 28 de febrero de 2012, 08:50 h (CET)
Vivimos en una sociedad electrodomesticada y en vías de informatización. La familia domótica es parte de la intranet doméstica; ya muchas, inalámbricas. Los seres humanos nos volvemos inalámbricos recién nacidos, cuando nos cortan el cordón umbilical. Lo cual no quiere decir que perdamos nuestra conexión servidor-cliente con nuestra progenitora que, como todo el mundo sabe, se conserva operativa durante toda la vida; nuestro padre, en cambio, no es más que un periférico, un dispositivo multifunción que nos escanea el pensamiento, nos imprime y nos fotocopia la moral cuando está encendido. Cuando morimos, dejamos un lugar libre en la intranet, descargándola de peso, cosa que es muy de agradecer desde un punto de vista puramente informático.

Al final, la vida es un no parar de bits. Información binaria que se estrella malamente contra un pensamiento analógico arcaico; el humano. La próxima revolución mental, mucho más allá de la sofrología, va a estar en la implantación del cerebro digital. Necesitamos desarrollar un pensamiento secuencial para ponernos a la altura de nuestro Ipad que, hoy por hoy, nos da sopas con ondas. La comunicación intrafamiliar será mucho más fluida y eficaz cuando las IRQ (Interrupt Request) domésticas las determine una unidad de proceso central objetiva y aséptica en lugar del inestable humor de cada cual, que es lo que ahora sucede. Las IP de cada uno han de estar puestas en razón (y no como en mi academia, que es un sin dios). El día en que el diálogo familiar fluya como ahora fluyen los bits por los circuitos del Ipad habremos alcanzado la paz doméstica y, por consiguiente (que hubiera dicho Felipe González), la felicidad total. Pues, como todo el mundo sabe, la familia es el núcleo de la sociedad y si todas las intranets familiares van como la seda, la red de redes, internet, será el paraíso. Y esto no es óbice para que el fútbol siga siendo el centro de nuestras vidas y los toros un bien cultural a proteger (tanto o más que la peluca de Elton John).

Como de aquí a nada no va a ver papel (ni siquiera el higiénico que será sustituido por un bidet mucho más intuitivo que el actual) los árboles proliferarán y la vivienda se hará mucho más asequible. En cuanto las autoridades municipales recalifiquen la secuoya y el baobab (mal que les pese a la Universidad de Berkeley por una lado y al Principito por otro) todo el mundo tendrá su vivienda digna, tal y como aconseja con buen criterio la Constitución Española de 1978. Además, se establecerá el deseado comercio justo con los países africanos productores de baobabs, y la pobreza será erradicada del planeta Tierra.

Sin duda, con la era digital (no de dedo sino de bit) el mundo conocerá su Edad de Oro.
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