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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

¿Una Declaración virtual?

Carmen Marina Vidal (La Coruña)
Redacción
lunes, 23 de mayo de 2005, 00:00 h (CET)
A más de medio siglo de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, el sentimiento menos extendido en relación con este documento parece ser la satisfacción. Los años ochenta y noventa especialmente suponen una muestra clara e inquietante de hasta qué punto la comunidad internacional ha fallado a la hora de pasar los compromisos asumidos en 1948 del papel a la práctica. Acontecimientos como la guerra de Yugoslavia, la represión de Tiannamen o el genocidio de Ruanda son otras tantas muestras de ese fracaso.

¿Hasta qué punto se puede considerar que el mundo es un lugar habitable cuando lo que es ineludible se trata como opcional? ¿Hasta qué punto podemos llamarnos mundo desarrollado cuando contribuimos al subdesarrollo de más de la mitad del planeta? Reunir una serie de puntos en un papel es relativamente fácil. Llenar esos puntos de palabras bonitas y anhelos de libertad y democracia, también. Hacer que decenas de países lo firmen, ya no tanto, y sin embargo se ha conseguido. Lograr que los cumplan parece ser imposible. Dentro de la propia Unión Europea, los derechos humanos sufren violaciones constantes. No a la escala que sucede en otras naciones, es evidente, pero sí también a un nivel suficiente como para que nos preocupe, máxime cuando esas violaciones se producen a dos horas de avión, como en el caso de la limpieza étnica en la ex-Yugoslavia, o alrededor de un mar que todos compartimos, como en el de la matanzas de kurdos en Turquía.

La Declaración Universal de los Derechos del Hombre continúa siendo hoy un documento que como papel quizás pueda hacernos sentir a todos más tranquilos, pero que en cualquier caso necesita de una acción mucho más decidida por parte de los Estados para dejar de ser simplemente eso, un papel. Los documentos que no se cumplen acaban por convertirse, y el término resulta más adecuado que nunca en esta sociedad de la información, virtuales. Que eso no suceda también con los que contienen los derechos fundamentales del ser humano.

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