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Etiquetas:   Ni talante ni pa' trás   -   Sección:   Opinión

Ser princesa es un agobio

Miguel Sánchez Pérez
Redacción
domingo, 22 de mayo de 2005, 04:21 h (CET)
Va a hacer ya doce meses desde la boda del siglo (XXI, como este gran diario) y nuestra futura reina ha pasado un año de mucho estrés. Es lógico, lo comprendo, al fin y al cabo solo se ha casado con el Príncipe de Asturias, que digan lo que digan no es un enchufado, y ha tenido que currar mucho para llegar a ser príncipe; a ver si os pensais ahora que fecundar un óvulo lo consigue cualquier tonto. ¡Ay! Perdón, si estamos hablando de los Borbones...

Que mal lo tiene que estar pasando la verdad. Todo el año viajando y viajando, y nosotros aquí currando y currando. ¡Qué envidia que les tenemos que dar! Esas aglomeraciones en el metro que ellos no disfrutan, esos atascos en hora punta que ellos no disfrutan, esas broncas de los jefes que ellos no disfrutan. Es que me los imagino: “en que hora me tocaría ser príncipe...”.

Hablando en serio, Letizia ha tenido un año de mucha preparación, y al respecto he oido cosas como: “su preparación ha consistido sobre todo en acompañar al Príncipe en todos los viajes y actos oficiales, además de aprender las rígidas normas del protocolo y aprender ser más contenida”. Es como si la estuviera viendo el primer día que Felipe la llevó a comer a casa de sus padres comiendo con las manos, sacándose los trozos de carne de los dientes con los dedos. Esto por no hablar de cuando Doña Sofía cuenta su tradicional adivinanza, este año creo que dijo la de “grande lo tengo más lo quisiera que entre las piernas no me cupiera”. Y Letizia todo emocionada: “yo me la sé: es una polla como un piano de grande”. Madre mía de mi vida que escándalo, el Rey se atragantó, a la Reina se le salieron los ojos, y Don Felipe dándole con el codito a su novia, y la otra a carcajada limpia, que se le veía el esófago.

Evidentemente la respuesta a la adivinanza era un caballo, una de las actividades que gusta mucho hacer en la Casa Real, que por cierto esto de Casa Real es un nombre buenísimo para un restaurante. Pero sin duda el deporte favorito es el esquí. Y claro, la pobre Letizia no le ha quedado más remedio que aprender a esquiar, ¡qué suplicio! Nosotros aquí jugando con la nieve que hay por las calles, toda negra, y ellos allí a 3000 metros. Pobrecitos, es que cada vez que lo pienso me pongo de un triste...

Por otro lado se dice que Letizia ha ayudado a su esposo a salir de la rigidez y seriedad a la que estaba acostumbrado, y que ahora el Príncipe sonríe, es más cariñoso e incluso rompe el protocolo y da la mano en sus visitas. Ay Felipe, lo que te cambia la vida de estar soltero a tener ya mujer, que ya casi no ves el plus ni nada, ¡eh pillín!

En fin, que ¡vivan los braguetazoooos y su princesaaaaa!

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