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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Yo he aprendido a perdonar

Clemente Ferrer
Lectores
@DiarioSigloXXI
viernes, 24 de febrero de 2012, 15:41 h (CET)
He visionado la película Apocalypse sobre los horrores de la guerra de Vietnam

En una de las escenas, la aviación norteamericana, arrasa una aldea vietnamita. Mueren todas las personas, chamuscados por las llamas que provocaron las bombas de Napalm.

Me recordó aquella niña desnuda y aterrorizada, desvestida corriendo por la carretera. Era la imagen, que perpetuó las monstruosidades de la guerra de Vietnam. Ha aparecido miles de veces a través de todos los medios de comunicación y de, modo especial, por todas las cadenas televisivas.

La niña Kin Phuc es hoy la embajadora de la UNESCO y dirige una fundación de ayuda a los niños víctimas de la guerra y de la violencia.

Lejos quedan sus 17 operaciones para curarla de las quemaduras que el Napalm produjo en el 65% de su diminuto cuerpo. Nick Ut, autor de la foto que ganó el Pulitzer en 1973, la llevó a la policlínica y le salvó la vida. Permaneció hospitalizada durante 14 meses.

Se desmayaba cada vez que las enfermeras la introducían en la tina y cortaban la piel muerta. Pero no falleció. “Dentro de mí -dice- había una niña pequeña y fuerte, que quería vivir. Todo lo superé gracias al amor de mi familia y de Dios”. Una de las lecciones que aprendió de esta experiencia fue a pedir perdón. Cuando leyó, por primera vez, las palabras de Jesús “ama a tus enemigos”, no sabía cómo hacerlo. Pensó que sería imposible. “Tuve que rezar mucho y no fue fácil pero, al final lo logré”. 

En 1996 conoció a uno de los pilotos que participaron en el bombardeo de su aldea. Le perdonó públicamente por que, asegura, “el perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo”. Está convencida de que su vida es un símbolo de la esperanza y el perdón.
Perdonar engrandece el espíritu y eleva el alma.

“Se perdona en la medida en que se ama, por el contrario, la venganza quita la paz. El perdón, la magnanimidad y el olvido de las ofensas es el mejor modo de vivir en paz”, se afirma en el libro En la Soledad del Silencio.

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