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Etiquetas:   El crisol   Comunidad Valenciana   Sanidad   -   Sección:   Opinión

El plan Farnós

Hay que considerarlo como una propuesta indecente por parte de la consellería de Sanidad y además como un insulto a la profesionalidad y a la dignidad de los médicos
Pascual Mogica
viernes, 24 de febrero de 2012, 08:23 h (CET)
Cuando uno, así a bote pronto, lee que el conseller de Sanidad, Luís Rosado, plantea nuevas medidas para aplicar en los centros de salud de la Comunidad Valenciana, medidas que se concretan en “un nuevo modelo de productividad variable”, cuando uno lee esto de “productividad variable” se queda un tanto perplejo pues por mucho que se esfuerce no llega a entender que tiene que ver una “productividad variable” en un centro  de salud. Pero al final y después de continuar leyendo uno se da cuenta de que eso de “productividad variable” entra dentro del lenguaje de los políticos, o sea, decir algo que sorprenda o confunda a la gente para apartarla de la gravedad de la realidad de lo que realmente quieren decir.
  
Según leo en este diario, resulta que “productividad variable” se concreta en que se va a dar órdenes a los médicos de la sanidad pública para que ahorren en recetar medicamentos, pruebas radiológicas y analíticas, y a cambio les pagaran más. Esto visto así, hay que considerarlo como una propuesta indecente por parte de la consellería de Sanidad y además como un insulto a la profesionalidad y a la dignidad de los médicos que seguro estoy de que rechazarán tanto la orden como la propuesta económica que va contra todo principio deontológico.

La cosa se resume, como ya se ha dicho en este diario, en que se revisen los historiales de aquellos pacientes que más consumo farmacéutico provocan, los enfermos crónicos, hacer menos pruebas analíticas y menos radiografías a lo que se une una medida ya tomada anteriormente que consiste en eliminar las operaciones de cataratas del plan de choque para que sean asumidas por los hospitales públicos. Al parecer se ha rescatado el “plan Farnós”, el  del  que fuera conseller de Sanidad, Joaquín Farnós, que dijo aquello de: “A veces una sonrisa tiene más efectos terapéuticos que la alta tecnología o los últimos fármacos” También defendía Farnós la “palmadita en la espalda” al enfermo. Esto lo planteó en la presentación de la Comisión de Asesoramiento y Personalización de la Asistencia Sanitaria, creada para humanizar la relación entre el personal sanitario y el paciente, generalmente considerado “un mero número” (El País, 12 de diciembre de 1997). O sea, que cuando el paciente entre en la sala de consulta del médico este le recibe con una sonrisa de oreja a oreja le da dos palmaditas en la espalda y sin más y acompañándole hasta la puerta, le dice “hala machote, ya te puedes ir, tranquilo que no pasa nada”.

Este comentario puede dar la impresión de que trato el asunto con una cierta frivolidad, lo he hecho así porque si me pongo “serio del todo” me voy a poner verbalmente violento y eso resultaría muy desagradable, máxime si tenemos en cuenta que esto forma parte de una operación orquestada en aquellas autonomías en las que gobierna el PP pues no hay más que fijarse en lo dicho por la Viceconsejera de Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid que se ha preguntado si “tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema” (El Plural 5-02-12). Todo esto es más serio de lo que parece. Todo  esto me recuerda, no sé porqué, a aquellos “hospitales” enclavados en Treblinka, Dachau, Sobibor y Mauthausen, en los cuales se “liberaba” a la gente de todos sus males y el “sistema” no se veía gravado por causa de tener que tratar sus dolencias crónicas. Así de sencilla puede ser la cosa.
    
Esta intención de la consellería de Sanidad forma parte de la degradación que está sufriendo la sanidad pública, lo lamentable es que cuando los profesionales de la sanidad se echan a la calle para denunciarlo, a mucha gente no se le ocurre otra cosa mejor que decir que “estos lo que buscan es trabajar menos y cobrar más”. Otro tanto ocurre con los enseñantes. No tenemos en cuenta que son profesionales y que adivinan el futuro, negro futuro, de la sanidad y de la educación pública. Nosotros no vemos más allá de nuestras narices y por ello esa injusta acusación a estos profesionales. Confiemos en médicos y profesores del mismo modo en que les confiamos nuestra salud y la formación de nuestros hijos: Sin reservas y con todo nuestro apoyo.

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