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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Connivencia politico-bancaria

Ángel Morillo
Lectores
@DiarioSigloXXI
miércoles, 22 de febrero de 2012, 14:08 h (CET)
Por desgracia hay muchos ciudadanos que lo ignoran casi todo de la política o que, quizás, prefieren ignorarlo para evitar vivir indignados, pero también hay otros muchos que, por la prensa, la televisión, la radio, las redes sociales, etc., o por haber sido militantes de algún grupo político, conocen sobradamente los entresijos de la política. Así, hay mucha gente que sabe que hay muchos políticos que cobran más de dos sueldos, amén de disfrutar de un sinfín de prebendas y privilegios que los convierten (aunque, como señala Pérez-Reverte, sean unos “tontos del ciruelo con coche oficial” en su mayoría) en ciudadanos miembros de las clases afortunadas o elitistas. Hay muchos electores que saben que los dos partidos políticos españoles más “destacados”, para el boato que procesan, para esos escenarios estilo Hollywood que utilizan casi a diario debido al permanente estado de precampaña y para hacer frente al movimiento de militantes y simpatizantes y las múltiples liberaciones, necesitan mucho dinero. Mucho más del que les proporcionan las Administraciones por las representatividades que obtienen en las elecciones. ¿De dónde sacar todo el dinero que hace falta entonces? Imagínense. ¿Quién, sino la Banca, tiene la pasta?

Acabamos de conocer una reforma financiera (y una reforma laboral que posibilitará el despido de muchos trabajadores de las Cajas de Ahorro en vías de desaparición) que, como no podía ser de otra forma viniendo de un partido conservador (aunque en España, como en todos los países que hay bipartidismo, las dos fuerzas principales son conservadoras), ha sido muy aplaudida por las entidades financieras. Sobre todo, por las más influyentes que se van a hacer con casi la totalidad del ahorro y la mayor parte del negocio financiero del Estado. Además de, como es lógico, estar en imperturbable estado de alerta, cuan felino depredador, para hacerse con las presas de la Educación, la Sanidad y las Pensiones Públicas que el neoliberalismo va a “extraer” más pronto que tarde al País.

Mas, nada, al parecer, se dice en esa reforma financiera sobre la rampante usura que aterra al indefenso ciudadano de a pie. Como, por ejemplo, esos más de 30 € que se nos cobran por algo que llaman “posición deudora” y que no son sino los famosos números rojos que, por supuesto, también nos cobrarán al hacernos las liquidaciones temporales de la cuenta, lo que supone que no hace falta visitar Salamanca para comprender que se nos cobra dos veces por lo mismo; o el interés superior al 22% -en casos llega hasta el 46%- de cualquier tarjeta de crédito; etc.; y etc., etc., etc., etc. etc., … ¿Y por qué la política no quiere saber nada de la usura bancaria si tanto interés tiene en que los ciudadanos mejoremos nuestra situación económica? Pues, sencillamente, porque los partidos políticos (casi sin excepción, pero eso sí, según convenga a quien mande de los dos grandes) reciben de la Banca todos los créditos que piden (incluso ahora, hoy día, a pesar de la “crisis financiera”) y que como es ya de dominio público son conocidos como “CRÉDITOS HIELO” porque se diluyen en el tiempo, o sea, que nunca se amortizan y desaparecen de los balances, se evaporan. Claro que, también “desparecen” de los balances el veinte-mucho impuesto de sociedades de las grandes empresas y corporaciones mediante la llamada “ingeniería contable”. Y también desaparecen de los “balances caseros”, por orden del Gobierno (en ese caso, no se lo pierdan, socialista), las inspecciones a los mayores defraudadores fiscales del país, incluidas familias enteras de banqueros, claro está.

Ni que decir tiene pues que hay una total confabulación entre la Banca y la Política, obviamente, a costa del bolsillo del contribuyente. Y eso no es sino una vergüenza intolerable que pone de manifiesto lo miserable y ruin que están haciendo entre ambos este gran país. Una degradación social progresiva que a los españoles nos duele de manera insólita porque ha sido un partido político de izquierdas (una pandilla de pancistas despreciables que no caben en ningunas siglas) el que más culpa ha tenido en su concepción.


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