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Tags: Toros · Crónica taurina · Ignacio de Cossío
El magisterio del Rey y la grandeza del Cid


Ignacio de Cossío


Ignacio de Cossío Ignacio de Cossío
jueves, 9 de junio de 2005, 10:06
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Madrid volvió a recuperar el cetro del toreo. El maestro César Rincón, siempre de frente, quieto y con la muleta adelantada, hizo el toreo ligado, profundo y de ensueño que sólo los elegidos conocen y realizan en sus tardes mágicas. El Cid con su portentosa izquierda y ese su toreo largo, templado y acompasado por los duendes del arte, brilló de manera extraordinaria ante el quinto de la tarde, a pesar de su espada de hojalata.

Faenas inolvidables, toreros para la historia, Puerta Grande, Orejas y vueltas al ruedo llenas de clamor y esencia torera. La Plaza era una, como la universalidad del toreo cuando llega a su cenit. Rincón, el artista bogotano de la distancia, del temple y el magisterio volvía por sus fueros, tras el chispazo genial en un quite de El Cid por verónicas saltereñas. El César de Madrid replica por verónicas de la calle Betis, la plaza se viene abajo. La lucha es a cara de perro y nadie quiere perder la pelea. Llega la hora de repetir gesta en Las Ventas, por que Dios esta de su lado y todos con él, su toreo estaba a punto de renacer para mayor gloria del toreo.

El primero de Alcurrucén fue noble y siempre tuvo largura, como sus pases magistralmente ligados, encadenados para el éxtasis generalizado de los tendidos de Madrid y los que tuvieron la suerte de presenciarlo por Canal Plus Televisión. Creo que en Bogotá todavía siguen bailando y festejando la tarde cumbre del Rey colombiano en la capital de España. ¡Qué técnica, cómo mide el muletazo, la posición, la colocación y el temple! Vaya clase magistral de cómo torear en redondo a un toro de verdad, nos regaló el torero colombiano. Dos series diestras y maestras para el recuerdo; y una estocada caída, bien merecieron la primera oreja, antesala de la siguiente faena de mayor mérito ante un burel de peor condición. El Rey siempre a pitón contrario, citando de largo y aguantando, las tardas pero suaves embestidas de otro Núñez de Alcurrucén, hace saltar a la plaza como un resorte. Dios salve al Rey por muchos años toreando así como lo hizo sencillamente deslumbrante como lo real y lo autentico. César rejuvenecido en Madrid puso las cosas en su sitio, quiso matar recibiendo y tras un segundo intento abrazó la oreja de un público venteño rendido a los pies de un maestro de leyenda.

Manuel Jesús El Cid estuvo muy cerca de elevarse a la gloria de los ilustrados maestros consagrados, a tenor de su espada truncada que ayer hizo por desgracia acto de presencia, en la mejor faena de San Isidro hasta el momento. Con el mejor toro de la tarde, cosió el toreo desde los medios. Emoción, sentimiento, personalidad, torería y verdad son las armas del mejor Cid de todos los tiempos. Dominó el toreo en redondo y al natural como no se pueden ustedes imaginar. Faena la del quinto con sabor añejo a torero grande. Sus zapatillas negras de luto por su espada se ciñeron, pegaron, solaparon, fundieron en una serie de naturales de arte inconmensurable. Las Ventas era un manicomio y de allí todo el mundo salió toreando como El Cid, como Rincón y nadie más. Tres pinchazos nos aplazan hasta el 3 de junio con los Victorinos, pero qué dos vueltas al ruedo señores más atronadoras, deseadas y esperadas para ver al genial Cid pasear por ruedo toda su torería y arte sevillano a cuestas. ¡Queremos ser El Cid! gritábamos todos, en ése imposible sueño despertado in extremis por el brillo de su acero. No se puede torear mejor, no se puede. Hay que hundir esa espada de una vez Manuel Jesús o nos matarás a todos de un infarto cualquier día.

Eduardo Gallo, que confirmaba aquella tarde en Madrid, pasó a un claro segundo plano. Demostró a un gran valor a prueba de bombas frente a un lote sin enjundia. Pero amigos la tarde era del colombiano y del sevillano y Madrid y ya nadie nos la podrá quitar jamás de nuestra memoria.

FICHA TÉCNICA
Plaza de toros de las Ventas. Miércoles, 18 de mayo de 2005. Octava corrida. Lleno de “no hay billetes”. Se lidiaron cinco toros de Alcurrucén y un sobrero el 3º bis, que dio mal juego en la muleta de Antonio López, bien presentados en general. Destacaron el 2º, 4º y 5º.

- César Rincón, de celeste y oro. Oreja y oreja. Salió a hombros por la Puerta Grande.

- Manuel Jesús 'El Cid', de verde botella y oro. Silencio y dos vueltas al ruedo.

- Eduardo Gallo, de tabaco y oro. Silencio y palmas de despedida.

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