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Etiquetas:   El contragolpe   -   Sección:  

Los nuevos ‘maracanazos’

José Molins
Redacción
jueves, 19 de mayo de 2005, 22:43 h (CET)
Ayer ocurrieron dos hechos que, a muy diferente escala, pueden catalogarse de ‘maracanazos’. Esta palabra designa una victoria heroica y contra todo pronóstico del equipo débil en el campo del gran favorito, que no puede superar la presión de jugársela ante su público. Toma su nombre de la final del Mundial de fútbol de 1950 en Brasil, con la victoria de Uruguay ante la atónita mirada de los 200.000 brasileños que esperaban un triunfo de su país en el mítico estadio de Maracaná.

Pues anoche, en Lisboa y en Valencia se vivió algo muy similar, salvando las diferencias de repercusión mediática. En el José Alvalade de Lisboa el equipo anfitrión tenía la oportunidad histórica de proclamarse campeón de la UEFA y darse un baño de multitudes. El guión se cumplía al descanso, cuando Rogerio daba ventaja al Sporting, pero los leones verdiblancos se diluyeron en la segunda mitad y el CSKA de Moscú remontó brillantemente con 3 goles que proclaman a los moscovitas como primer equipo ruso que conquista un título europeo de fútbol.

Por la otra parte, en el Pabellón de la Font de Sant Lluís, en Valencia, se disputaba el quinto y definitivo partido de la final de la Liga de baloncesto femenino. Ros Casares, equipo hegemónico de este deporte que lo ha ganado casi todo en los últimos años (4 Ligas en este lustro), se enfrentaba al Barcelona, su rival en las anteriores cuatro finales (aunque sólo ganó 1).

El pabellón mostraba un aspecto totalmente inusual para ser basket femenino. Normalmente nunca acuden más allá de 1.500 personas, sin embargo ayer se dieron cita más de 7.000 seguidores del equipo valenciano, por los 200 catalanes. De nuevo todo estaba cuesta abajo para el máximo favorito, pero la presión fue el peor enemigo. Los nervios se apoderaron de las locales y los errores e imprecisiones fueron constantes. Además, el Barça aprovechó su gran juego interior y su profundidad de banquillo para decidir un partido que estaba siendo muy igualado, como el resto de la serie. En menor medida, pero David volvió a imponerse en casa de Goliat.

Y ambos estadios enmudecieron. La gente se frotaba los ojos, sin creer aún que su equipo, gran favorito, había perdido en su casa, con todo de cara para celebrar una fiesta completa. Son los nuevos ‘maracanazos’.

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