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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

Sí al diálogo con ETA

Sergio González García

viernes, 20 de mayo de 2005, 00:10 h (CET)
Durante el fin de semana pasado se recrudeció la situación que se vive de manera continua en la antigua república soviética de Uzbekistán, la más poblada de todas las regiones de la zona centro-meridional de Asia, y que posee una importante riqueza en recursos minerales. Su régimen encabezado por Islam Karimov, ha impuesto una política de dureza represiva contra todo aquel que defiende la religión islámica a la que considera peligrosa desde el año 2001, tras los Atentados del 11S, empleando a todas las fuerzas de seguridad con gran eficacia, desbordando la legalidad internacional que tantas veces ha sido criticada desde este estado. La semana pasada se produjo un levantamiento en la ciudad de Andiyán, rebelión que fue reprimida con ´mano dura´ por el ejército uzbeco, cuyo resultado fue de quinientas cuarenta y dos personas fallecidas en esta ciudad, y otras doscientos tres en Pakhtabad, la otra ciudad del valle de Fergana.

En dicha revuelta, no sólo se llevaron a cabo protestas ante la sede del gobierno central en esta localidad, sino que se adentraron en ella liberando consigo a varios presos islámicos que fueron encarcelados por ser contrarios a las ideas del líder estatal y usar la religión como base de los planteamientos políticos.

Los principales países mundiales, como Estados Unidos y Rusia defienden este estado centro asiático por su posición estratégica, la lucha contra el terrorismo internacional y el régimen represivo contra una religión mayoritaria en el país, el Islam es profesado por el 90% de los ciudadanos, evitando la democratización de un régimen que lleva en el poder desde 1989, sin dar libertades individuales y sin romper con su pasado soviético, lazos que mantiene con la propia Rusia al encontrarse dentro de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). La caída previa de estados similares en su autoritarismo político como Georgia, cuyo Presidente actual era miembro del partido del ex Ministro de Exteriores de la URSS y ex Presidente, Eduard Shevernadze, Ucrania, con su eterno líder, Leonid Kutchma, sustituido más tarde tras la celebración de unos comicios fraudulentos primero por su delfín político Víctor Yanukovich, y posteriormente por el liberal y pro europeo, Víctor Yuschenko. La última de las revoluciones triunfantes se sucedió en la vecina de Uzbekistán, Kirguizistán, en la que su a priori dirigente aperturista, Askar Akayev, se vio desbordado por la revolución pacífica interna, viéndose obligado a exiliarse en la vecina Rusia, país que siempre ha considerado como su segunda casa y que mantuvo su apoyo incondicional pese a ser calificado en los últimos momentos de su mandato como déspota internacional y represor de los derechos humanos.

Fue el pasado martes cuando se produjo el hecho que se estaba esperando desde hacía varios días y que había traído una polémica entre los dos principales partidos políticos españoles, Partido Socialista y Partido Popular, que desde hace varios meses mantienen un distanciamiento pronunciado en multitud de temas y, ya en otro de los temas que hasta ahora no se incluían en la agenda política, el apartado del terrorismo de ETA. En el Congreso de los Diputados se hizo más que patente la ruptura del Pacto Antiterrorista firmado en el año 2000 por la iniciativa del PSOE y del entonces líder de la Oposición y actual Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y aceptado por el ex Presidente del Gobierno, José María Aznar, y por el ex Ministro de Trabajo y ex Secretario General del Partido Popular, Javier Arenas. Todas las formaciones políticas, a excepción de los conservadores, aceptaron apoyar una moción presentada por el grupo socialista en la que se autoriza al gobierno central a entablar un diálogo permanente con el grupo terrorista vasco, siempre que la organización separatista acepte deponer las armas y rechazar el uso de la violencia para imponer sus criterios personales y organizativos por encima del uso de la palabra y la democracia para exponer los criterios personales.

Desde esta coalición de partidos políticos en el ámbito antiterrorista se defiende la posibilidad de dialogar con ETA, puesto que ya en la época del PSOE antiguo, con el liderazgo del ex Presidente del Gobierno, Felipe González, y del ex Secretario de Organización y diputado por Sevilla, Alfonso Guerra, se mantuvo una serie de reuniones con el entramado terrorista tras la caída de la cúpula etarra en la ciudad francesa de Bidart. Estas conversaciones se llevaron a cabo en la ciudad de Argel, capital de Argelia, en la que no se llegó a alcanzar un acuerdo con la cúpula de la banda armada y se volvió al uso de la fuerza y la violencia para defender la autodeterminación de Euskadi. Al igual que en 1987, el gobierno del Partido Popular, con el ex Presidente de Castilla-León, del Ejecutivo y de la formación conservadora, José María Aznar, mantuvo reuniones con los dirigentes de ETA en 1998, contactos de los que dio cuenta el líder político. En esta ocasión las reuniones puestas en marcha en la ciudad suiza de Zurich, contó con el respaldo de los dirigentes del PSOE, entonces dividido en dos facciones, la liderada por el Presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell y la triunfante encabezada por el ex Ministro de Trabajo y actual Comisario europeo de Economía, Joaquín Almunia, pero, en cambio, no tuvo el respaldo del Ministro de Interior entonces, ex candidato a la Lehendakaritza y actual eurodiputado del Partido Popular, Jaime Mayor Oreja, que consideró la tregua puesta en práctica por los terroristas como una “tregua trampa” y alertó de que las reuniones que se estaban manteniendo con el conglomerado terrorista sólo podía beneficiar a los violentos.

Por tanto, el Gobierno de Zapatero tiene ahora las manos libres para entablar contactos con la banda armada, con la que tiene que intentar conseguir acabar con la situación que se mantiene desde los últimos años del franquismo, y que tantos muertos ha provocado entre la población española.

En Francia, el pasado miércoles se dio a conocer la continuación de la larga serie de estudios demoscópicos que se han ido publicando en las últimas semanas y que han vuelto a traer consigo una preocupación considerable entre los principales partidos políticos, que defienden a su vez el Sí, y que por divergencias internas no están consiguiendo aglutinar a todo su electorado tradicional, y los partidarios del No, sobre todo partidos radicales, tanto de derechas, que consideran a la Constitución Europea como un símbolo de la pérdida de identidad y de la llegada masiva de inmigrantes, como de izquierdas, sobre todo en el sector más ortodoxo del Partido Socialista Francés, defendido por el ex Primer Ministro, Laurent Fabius, frente a las tesis del sector oficialista liderado por el actual Secretario General del PS, Francois Hollande, que defiende una postura partidaria del Tratado Comunitario, y los partidos de ultra izquierda y sindicatos mayoritarios, que se oponen sobre todo por la liberalización de los servicios y la pérdida de la importancia del sector público en toda la Unión Europea.

En los últimos sondeos realizados sobre el referéndum del 29 de Mayo, señalan un ligero ascenso de la postura negativa ante este tratado que ya obtendría un 53% de los sufragios depositados en las urnas en esta jornada electoral, mientras que la opción partidaria del Sí obtendría un escaso 47%, pese a contar con el respaldo de importantes figuras políticas europeas como el Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, o el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de Europa y ex Ministro de Asuntos Exteriores, Javier Solana. A esto, se le une la mayor parte de las figuras del panorama cultural francés como actores de gran prestigio en este país y fuera de las fronteras francesas, Gerard Depardieu, Jean Reno, y escritores que consiguen atraer a una gran parte del electorado descontento con la gestión del actual Primer Ministro francés, Jean Pierre Raffarin.

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