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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El fin bueno

José Luis Amat
Lectores
@DiarioSigloXXI
martes, 14 de febrero de 2012, 14:17 h (CET)
Conocemos, a través de la prensa, que acaba de nacer el segundo “bebé medicamento”, destinado a curar a un hermano enfermo. Para ello, previamente, se han fecundado varios embriones, mediante fecundación en el laboratorio y posteriormente se selecciona el que es genéticamente compatible y el resto de los embriones, normalmente se destruyen.

Lo celebro por la familia, pero no cabe duda de que el proceso arroja muchas dudas de carácter ético o moral.

Porque no hay nada peor para unos padres, que tener a un hijo enfermo, ya que cualquiera ha pasado las noches en vela, al pie de la cuna y con el termómetro en la mano, para comprobar que la temperatura del bebé, no subiera más de la cuenta. Por eso, cualquiera, entiende a estos padres afectados, ante un verdadero dilema.

Pero en el caso que nos ocupa, para conseguir los fines, ha habido que “pasar por encima” de otros derechos a la vida, igual de dignos que los demás. Y eso excede el enfoque religioso, ya que, en cualquier caso, estamos hablando de vidas humanas y eso debe presidir cualquier decisión. Y es que la vida es el primer derecho, ya que sin la vida, no se puede ejercer ningún otro.

La izquierda ideológica tradicional, tan defensora de la fe frente a la razón, cambia las tornas ahora, en la defensa de la vida, ya que antepone la fe ideológica, frente a la razón científica, a la que no se puede llegar ni siquiera por mayoría democrática.

Nota: Esta carta, está basada en la “Perversa teoría del fin bueno” de Spaemann.
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