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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

ZP ya es catalán

Jorge Hernández

martes, 17 de mayo de 2005, 23:04 h (CET)
En la ceremonia política y en la vida pública, las palabras cumplen ya un papel muy similar a las imágenes. Se oyen, pero no se escuchan. De ahi que muchas de las barbaridades que se han enunciado a lo largo de este último año en España hayan pasado prácticamente desapercibidas.

El periodismo aún se ocupa de ellas, por tradición. Pero falta poco. Es probable que en esta misma legislatura de España se produzca con la política lo que ya sucede con la publicidad: que la palabras son un mero recurso kitsch. Las condiciones están perfectamente dadas. No estoy en contra. Es necesario que el mero acto de volver a abrir la boca suponga una novedad, el anuncio de que algo importante va a suceder.

Imaginemos a Zapatero en la Real Academia de la Lengua. Muy bien. Va a verles. Le abren un librote. Lo mira extasiado. Muy bien. Es una visita de cortesía, que busca efectos meramente simbólicos. Los fotógrafos lo inmortalizan. Bien está. Vámonos. Pero no. Los periodistas ya han preguntado al jefe de prensa de La Moncloa si el presidente va a decir algo. Si va a decir algo. Un interés meramente superficial. De superficie. Antes de salir de La Moncloa el jefe de gabinete le ha pasado un papel, por si quieres decir algo. Qué maneras. Aún en los tiempos del beber es preciso. O sea que va y dice “que hay que defender todas las lenguas del Estado en nuestro país, en Europa y en el mundo, porque es defender nuestra historia, nuestro modo de ser y nuestro futuro”. Me gustaría imaginarlo pero no puedo, ocurrió de verdad y los periódicos lo recogieron.

Ni siquiera pueden ser tomadas demasiado en serio algunas evidencias. La principal, que Zapatero tiene un modo de ser puramente catalán hablando castellano. Y que se le ven los modos en su uso (creciente) de la palabra Estado por España. O en la catalanada de que una lengua determine el modo de ser. No hay duda de que retratarle con esos cuatro palotes es divertido.

Pero la operación se parece demasiado a la de esos fotógrafos que presentan al personaje con los dedos en la nariz y pretenden que sea el personaje. Oir hablar así al presidente del gobierno sólo interesa para conocer la textura de la estupidez colectiva. Echar un ojo al fondo de armario. Pero es inútil adjudicarle dos puntos, comillas, una declaración cualquiera. Una cosa es hablar y otra poner el audio.

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