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El Lobo del hombre ama a los animales

El más productivo de los legisladores paraguayos ha hecho posible un avance sin precedente en su país
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
miércoles, 30 de agosto de 2017, 08:47 h (CET)
En la última semana entraron en vigencia modificaciones a la Ley de protección Animal en Paraguay, que de esta manera se suma a varios otros países latinoamericanos que ya elevaron a hecho punible el maltrato de mascotas domésticas.

Aunque la Ley existía en Paraguay desde el año 2013, sus contradicciones y vacíos la hacían inaplicable de acuerdo con denuncias de activistas elevadas a foros internacionales. Esta normativa previa, solo establecía la prohibición de poseer animales domésticos a los infractores, algo que con las modificaciones que fueron iniciativa del Legislador Oscar Tuma, sumará sanciones como la pena privativa de libertad por el lapso de dos años. La modificación que hoy permite sea efectiva una Ley, cuyas anteriores contradicciones impedían su aplicación, establece además como infracciones graves a la zoofilia y el suministro de drogas que ocasionen la muerte del animal.

La Ley establece que la Dirección Nacional de Defensa, Salud y Bienestar Animal tendrá competencia sobre animales domésticos, sin superponerse al Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal, que supervisa condiciones de los animales de granja.

La pena de dos años estipulada en la Ley paraguaya, se equipara a la que rige en Francia, donde maltratar animales puede a llevar a un ciudadano a prisión por el mismo lapso, además de imponerle abonar obligatoriamente la suma de treinta mil euros.

Esta Ley paraguaya es más severa que la norteamericana o la inglesa, aunque menos rigurosa que la vigente en países como Alemania o Suiza, donde la pena alcanza los tres años de cárcel.

Varios países sudamericanos han tenido significativos avances en materia de protección animal en los últimos años. Uruguay cuenta desde el año 2014 una Ley que incluso prohíbe en ciertos casos circos que exploten animales.

En Colombia, desde marzo del 2015 los actos de crueldad para con los animales pueden llevar al infractor a prisión hasta por tres años, como en Alemania o Suiza.

En Perú, maltratar un animal puede costar hasta cinco años de prisión desde un par de años atrás, en tanto que en México las penas son similares a las que ahora rigen en Paraguay. En algunos países, también está penado el abandono de animales en lugares públicos, las mutilaciones o cirugías innecesarias o su explotación en actividades incompatibles con su naturaleza.

En Bolivia, desde el año 2009 está prohibido explotar animales en espectáculos circenses, aunque la Ley impide considerar maltrato animal a la medicina tradicional y a los rituales ancestrales.

Como resultado de una consulta popular realizada en el año 2011, en Ecuador se prohíben los espectáculos públicos que acaben con la muerte de un animal.

Si alguien considera exagerada esta legislación, debería tomar en cuenta el caso del orangután Sandra, del Zoológico de Buenos Aires, que a fines del año 2014 fue declarada por un tribunal como persona no humana, privada ilegítimamente de su libertad.

Los abogados lograron que Sandra sea reconocida como un ser que mantiene lazos afectivos, razona, siente, se frustra con el encierro, toma decisiones, posee autoconciencia y percepción del tiempo, llora sus pérdidas, aprende, se comunica y es capaz de transmitir lo que aprende. En Colombia, un jurista prestigioso logró hace pocas semanas proteger a través de un hábeas corpus al oso “Chucho”, quien fue encerrado en el zoológico de Barranquilla tras dos décadas de libertad en una reserva de Manizales.

Dos siglos antes del nacimiento de Jesucristo, el escritor latino Plauto había plasmado en su obra “Asinaria”, que el hombre es el lobo del hombre, y deja de ser hombre cuando desconoce quién es el otro.

Quizás habiendo descubierto más profundamente la naturaleza humana, el lobo hoy ha optado por proteger a otros seres vivientes de su propia crueldad y en legítima defensa de sí mismo. Ya lo había dicho un famoso poeta inglés de principios del siglo diecinueve, cuando más se conoce a los hombres, más intensamente uno se enamora de su perro.
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