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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Obviedades ¡Y Rato!

Marino Iglesias
Lectores
@DiarioSigloXXI
lunes, 13 de febrero de 2012, 13:55 h (CET)
La justicia es igual para todos”. Ha dicho el Rey, como lo podía haber dicho cualquier lorito, y muy probablemente con mejor pronunciación, pues de tan repetido cualquier animalito podría tenerlo aprendido.

Claro. Obviamente. Lo mismo que las servilletas de papel, iguales para todos, pero,  que el juez del caso Urdangarín las use para limpiarse los labios o el  tubo digestivo, eso ya es cosa suya.  Quizá para darnos una pista de lo que piensa al respecto, el tal juez nos dice que “no todos los imputados son iguales”. Otra obviedad, ésta mucho más evidente. Son tan diferentes los mencionados que hasta existen los imputables imposibles, tal parece,  de ser imputados: ahí están la real señora de Urdangarín y otros protegidos por los hados.

Seguirá su curso la justicia justificada por el discurso. La otra, la de verdad, la Justicia que lleva ese nombre, no es un lugar común para el hombre. Cómo se hace.

Tras ese último punto he llegado hasta la nevera y, al sentarme de nuevo aquí, habiendo dado lo que antecede por terminado, he abierto un diario digital y me he encontrado con las declaraciones de R. R.: “Los políticos están mal pagados. Esto no es bueno para la atracción de talento ni de personas comprometidas".

Visto lo cual, y visto lo visto hasta aquí, he dejado de teclear y he perdido la mirada para tratar de ver lo que buscaba.

Ya. La inmensidad del universo y el hecho de que, parece ser, se haya en continua expansión. No se me ha ocurrido un contenedor mayor que pudiera albergar la geta de este tipo y de ¡tantísimos! como él; porque me parece tan descomunal la geta de los éstos, que, pienso, aún debieran de transcurrir unos cuantos millones de años para que el universo adquiriera la suficiente capacidad. En la misma forma, creo que la manifestación del megageta se ha quedado corta respecto a su verdadero sentir, pues de atenerse a éste, a continuación de “los políticos”  habría puesto la y griega para continuar: “y los altos ejecutivos del sector bancario” están mal pagados. Seguiría con el desatino: “Esto no es bueno para la atracción de talento ni de personas comprometidas".

No creo que haya duda alguna de que el talento se puede comprar o, hablando con mayor propiedad: se puede pujar por obtener los servicios de la persona talentosa. Pero, ¿el compromiso? Como diría el maestro: El compromiso que puede comprarse no es el verdadero compromiso. Y como digo yo, si la remuneración determina el grado de compromiso y por el suyo, el de Rodrigo Rato, hay que pagarle como hasta ahora hizo Bankia: “Don Rodrigo Rato cobró el año pasado como presidente de Bankia dos millones trescientos cuarenta mil euros (más el variable)”, ¿cómo ha de ser el compromiso que con su trabajo tiene el  común de los trabajadores? Una regla de tres simple arroja un resultado escalofriante. Iba a decir que uno no se atrevería a salir de casa ante la catástrofe que supondría aventurarse en el exterior, pero es que ni en casa te podrías sentir tranquilo, pues dado el compromiso que en función de su sueldo tendrían, por ejemplo,  los albañiles que la hicieron, lo normal serían cimientos tortuosos, suelos con topografía montuna, paredes fuera de plomo, tejados en equilibrios inestables que verterían las aguas de lluvia (sobre las negras no quiero ni imaginarlo) en el interior…

Ay Rato, si de verdad existiera Dios te ibas a acordar de la Virgen.
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