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Etiquetas:   El Consueta   -   Sección:   Opinión

El grito sancionable del camerunés

Félix Población
Redacción
martes, 17 de mayo de 2005, 23:04 h (CET)
Hace diez días, con motivo de la correspondiente jornada de liga celebrada en el estadio Bernabeu de Madrid, se desplegó una pancarta xenófoba en protesta por el asesinato de un joven en Villaverde. También se gritaron repetidamente, entre una nutrida parroquia, consignas del mismo jaez y con marcado carácter racista. Para colmo, al final del encuentro, el futbolista del Real Roberto Carlos, obedeciendo a quién sabe qué extrañas motivaciones, entregó su camiseta sudada a un reconocido cabecilla de los ultras. De todo cuanto allí sucedió como indigna exhibición de miserables actitudes no hubo ninguna trascendencia sancionable para el histórico y prestigios club, tan obligado -aunque sólo sea por marca comercial- a guardar al menos las apariencias del civismo.

Lo mismo ocurrirá con quien aseguran es un excelente jugador, el camerunés Samuel Eto’o, lesionado desde el domingo de personal decencia. Sus ofensivas expresiones, propaladas a voz en grito para celebrar la victoria del Barcelona en la actual edición liguera, ponen en entredicho su dignidad de ciudadano. Incluso en el más despendolado de los grados de euforia (en el supuesto de que ésta no la dieran los millones), no se puede ser más burdo ni más irresponsable. Sobre todo porque estos privilegiados señores del balón ocupan en nuestra vacía sociedad una representación mediática muy por encima de la que merecen. Si son objeto de panegírico y popular encomio, han de atenerse a no desmerecer en su comportamiento público.

Y cuando no lo hagan, como Eto’o con su slogan impertinente y vejatorio (Madrid, cabrón, saluda al campeón), debería ser la entidad bajo cuya disciplina se encuentran quien se lo hiciera pagar de alguna forma. Las fobias que se cuecen entre las masas nunca son gratuitas. Máxime cuando pueden contribuir a enconar aún más rivalidades y antagonismos muy sensibles que pueden alejarnos de la pacífica y necesaria convivencia.

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