Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   El envés   ETA   -   Sección:   Opinión

Aprender a mirar

La cadena perpetua “revisable” que exigen algunas asociaciones de familiares de víctimas del terrorismo no se ajusta a un ordenamiento jurídico que busca la reinserción y no la venganza social
José Carlos García Fajardo
lunes, 13 de febrero de 2012, 08:39 h (CET)
El Gobierno español tiene que dar una salida a los presos de ETA. Abandonaron el uso de las armas y han pedido mediadores de instituciones competentes. No todos los que están encarcelados son culpables en el mismo grado ni en las consecuencias de sus actos. Algunos eran jóvenes y estaban condicionados. En la cárcel da tiempo a pensar, y soy testigo de la enorme coacción por parte de líderes de ETA. Hace unos veinte años, el Director de un Centro Penitenciario, al que acudía todas las semanas, me pidió si podía hablar con alguien. Sería en secreto. Pusieron aceite en la falleba de su celda para aprovechar la hora de la siesta, entrar en su celda y escuchar, hacer silencios, y hablar de lo que fuera. Hasta que un día, el director me dijo que no quería recibirme. Pero fui.  Me regaló un libro con poemas de Celaya que guardaba bajo el colchón.  “Al hombre con el que aprendí a mirar”. Luego lo trasladaron. Nunca más supe de él.

Algunas asociaciones de familiares de víctimas del terrorismo lamentan que no exista la cadena perpetua, y hasta han hablado del restablecimiento de la pena de muerte. Pero en democracia no rige la Ley del Talión. La mayoría de ellas fueron utilizadas por políticos del Partido Popular que tuvieron que digerir que el abandono de las armas sucediese bajo un Gobierno socialista.

Ahora que gobierna el Partido Popular suya es la responsabilidad de culminar el proceso. Es asombroso que una de sus primeras preocupaciones ha sido la de reimplantar una cadena perpetua “revisable”. Cosa que no tiene cabida en la Constitución española.

Ante el abandono de la lucha armada por ETA, es preciso dialogar con sus responsables para ese “único acuerdo” que tanto esgrimían los grupos de poder de la derecha: que aceptaran el sistema democrático para dirimir sus diferencias. Ahora han accedido a hacerlo, en gran parte por el acoso de las fuerzas del Estado en España y en Francia. Es inaplazable abordar el destino de sus presos dispersos por cárceles españolas y alejados de sus familiares que viven en el País Vasco.

La grave confusión arranca de considerar a todos los presos que pertenecieron o colaboraron con ETA por un mismo rasero, como si sus culpas hubieran sido idénticas.

Muchos opinamos que los que no tengan delitos de sangre y estén presos por participar en kaleborrokas, algaradas, manifestaciones, propaganda, envío de cartas, banderas, deberían ser acercados a donde viven sus familiares.

Y no creo que deba exigírseles “arrepentimientos” ni regresar cabeza gacha y de rodillas para padecer el escarnio público como muchos intransigentes desearían, ya que no pueden mantenerlos en prisión a perpetuidad.

Todo tiene un tiempo y unas circunstancias. Como también lo tienen algunas asociaciones de familiares de víctimas que a veces dan la impresión de convertirse en un lobby con el que tuviera que contar el Gobierno. Ya se ha juzgado y condenado a los culpables que cumplen sus penas, muchos familiares de víctimas han sido indemnizados... no vayan a dar la impresión de un victimismo inaceptable. 

Lo que importa ahora es la reinserción social del mayor número posible de condenados con arreglo a derecho. No se trata de amnistía alguna, sino de aplicar con inteligencia y equidad los reglamentos que existen. Pero a lo que sí tiene derecho todo preso es a cumplir su condena en centros próximos a donde viven sus familiares. Por razones de humanidad, de justicia y de sentido común.

La única institución que no sufrió ni secuestro, asesinato, bombas, ni cartas de extorsión ha sido lo Iglesia. Sí lo fueron magistrados, militares, alcaldes, concejales, periodistas, policías y guardia civiles. Siempre he echado de menos que los obispos no se hayan preocupado también por las familias de los encarcelados, por acercarlos, por echar una mano en el diálogo de comprensión o, al menos, de acercamiento para su reinserción en la sociedad. Ese es el fin de la pena de prisión: la recuperación del condenado más que la venganza social. Esta no está contemplada en nuestro ordenamiento jurídico. Y si se echan a la calle en temas como la familia, el divorcio,  la educación, la sanidad, las parejas de hecho, el sexo, la interrupción del embarazo no deseado, el uso de  medios anticonceptivos, yo pido que se aborde el problema de los presos teniendo en cuenta sus diversas culpas, sus condenas, sus plazos y sobre todo su nivel personal de evolución...

Ni la venganza, ni la honra ni el odio ni el desprecio de la justicia podrán prevalecer ni ser más útiles que la misericordia con los culpables y responsables de sus acciones.

Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Miquel Iceta, el Travolta de la rosa

Perfiles

¿Hasta dónde llega el cáncer separatista dentro de España?

No nos creamos que el proyecto del separatismo catalán se reduce a Cataluña

La difusión de Norberto Gil es bienvenida

Ya lo decía el famoso arquitecto La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de la felicidad

Palestina y la "banalización de la maldad" por parte de Israel

¿Hacia un régimen teocrático-militar en Israel?

España se romperá... o no

El pueblo se ha despertado. Los españoles no están dominados
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris