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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Aborto y salud mental

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viernes, 10 de febrero de 2012, 14:02 h (CET)
El estudio publicado por el prestigioso “British Journal of Psychiatry” y que lleva el título de “Aborto y salud mental: Síntesis cuantitativa y análisis de investigaciones publicadas entre 1995-2009” y el número total de las participantes es de 877.181, de las cuales 163.831 alguna vez se sometieron a un aborto. Precisamente una de las conclusiones del estudio de la Dra. Priscilla Coleman señala que esta investigación “ofrece el estimado más amplio disponible en la literatura actual en el mundo sobre los riesgos para la salud mental relacionados con el aborto”.

Los resultados, añade, “revelan un incremento de moderado a alto en los riesgos de problemas mentales después de un aborto. De acuerdo con los principios de la medicina basada en la evidencia, esta información debe estar disponible en los lugares en donde ser practican abortos”. Me parece interesante que se conozca, ahora que el nuevo Gobierno ha de modificar, sino suprimir, la actual ley del aborto libre.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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