Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   AL DETALLE  

Gente con clase

María Sánchez Rodríguez
Redacción
lunes, 16 de mayo de 2005, 22:28 h (CET)
Hoy decidí hacer lo que hace tiempo no hacía: hacer de cotilla, observar a la gente con la que me iría encontrando a mi paso, escuchar o al menos oír lo que decían.

Nada más salir de casa vi aun hombre joven cargar cajas de botellines de cerveza para entregarlas en una cafetería cercana a mi casa mientras cantaba la zarzamora.

Al sentarme en el autobús, escuché como una mujer de unos treinta y tantos años, mientras lloraba, contaba a su compañera de viaje que había decidido largarse fuera de Madrid para intentar olvidar a un hombre que no la quería como ella le quería a el. Su compañera intentaba convencerla de que esa no era solución, y la que lloraba insistía en que si, que prefería tenerlo en su recuerdo como algo bello que perderlo para siempre por agobiarle.

Entré en una tienda de comestibles y una mujer mayor, muy mayor, decía al dependiente que si el tabaco era veneno por qué narices lo vendían, que ella no había fumado nunca, pero entendía a los fumadores.

En un banco en pleno centro de Madrid vi a una mujer con un periódico y un bolígrafo en la mano subrayando algo de su interior. Tal vez buscaba empleo, casa, coche o un contacto amistoso, no sé, pero ella mientras lo hacía fruncía el ceño.. sería trabajo lo que buscaba.

Escuché a un hombre vestido de traje y corbata hablar desde su teléfono móvil a grito 'pelao'. No paraba de decir: '¡pues dile que sin agua caliente no podemos estar! ¡Que tenemos una niña, joder!'

Antes de ponerse un semáforo en verde para los vehículos, una pareja se besaba apasionadamente dentro de un coche.

Una niña iba sola al parque o eso me pareció, llevaba una pelota en la mano y se dirigía corriendo sonriéndose.

A mi lado pasó un chico con rasgo sudamericano que tiraba de una silla de ruedas en la que iba sentado un anciano. Los dos iban recitando una poesía que en mi vida había escuchado o leído. El caso es que los dos la recitaban al unísono.

Una ambulancia del Samur paró a escasos metros de donde me encontraba. De ella se bajaron dos personas de amarillo y se adentraron en un callejón a toda prisa.

Al final de la jornada cuando volvía en tren de cercanías a mi pueblo, me senté junto a dos mujeres perfectamente peinadas. Entre ellas competían por ver quién conocía a más gente famosa, y una enseñaba los bombones que según ella comía Isabel la de las losas, o según donde se viva, la de los azulejos. La más risueña decía a la más antipática: '¡la verdad es que tiene clase! ¿No crees?'. Yo miré por la ventana del tren, y me sonreí. La verdad que gente con clase era para mí la que me había encontrado durante mi jornada en el centro de Madrid.

Noticias relacionadas

Paradigma científico

Con su libro La estructura de las revoluciones científicas Kuhn cambió la historia de la ciencia para siempre

El discurso que pagamos

El caso Flick estalló en 1981 cuando una inspección fiscal

Jugando al juego del engaño, utilizando al pueblo de pin-pan-pum

Percibimos que la bonanza de la que continuamos gozando va a tener fecha de caducidad

Amigos de novedades

Jesús es la imagen del Dios invisible

Los más ateos, en política, son quienes más satanizan

​Con una sola ojeada, es fácil darse cuenta de que, con los amigos a los que va a tener que llegar a pedir ayuda el señor Sánchez
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris