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El matrimonio homosexual de Gallardón
► Zapatero, el presidente de gobierno más fanático, vacuo y fútil de la democracia, necesitaba cargar de argumentos ideológicos y frentistas ► Dense prisa en lapidarme que tengo que ir a trabajar
Ayer Gallardón habló en la Cadena Ser. El hombre que cuando nació en vez de pedir teta pedía un ministerio ha venido a decir que entiende el matrimonio homosexual. Y en su partido se le han lanzado a la yugular, quizá más levemente de lo que algunos lectores se van a lanzar sobre mí cuando acaben de leer este artículo.
Ser homosexual no es ninguna enfermedad -¿quién mantiene todavía hoy semejante disparate?- ni es ninguna desviación, pero yo no querría por nada del mundo que mi hijo fuese homosexual. Sí, sí, si mi hijo fuera homosexual le querría exactamente igual y terminaría por aprobarlo sin aplaudirlo. No comprendo pero acepto que dos personas del mismo sexo puedan quererse, torpe que soy, y acepto que puedan tener una relación amorosa. Pero eso no es un matrimonio. Y empiecen a lapidarme los lectores más envalentonados.
Entiendo que en esa relación había multitud de asuntos legales que arreglar, seguros o herencias por ejemplo, pero eso no es un matrimonio. Llámenlo como quieran, regulen legalmente esas relaciones del modo que parezca más coherente, simple y lógico, pero no lo llamen matrimonio. Ni permitan que adopten niños. Los niños necesitan un padre y una madre, son los humanos más frágiles que existen y hay experimentos que se deben hacer con gaseosa. Por favor, empiecen ya a descargar la segunda oleada de piedras.
Un matrimonio es siempre entre un hombre y una mujer, entre sus objetivos entra la procreación, vaya en el orden que vaya, se cumpla o no, y la perpetuación de la especie. Una unión civil entre dos hombres o dos mujeres no es un matrimonio, llamarlo así es, por equiparación, una ofensa a los verdaderos esposos. Zapatero, el presidente de gobierno más fanático, vacuo y fútil de la democracia, necesitaba cargar de argumentos ideológicos y frentistas, la memoria histórica es otro sectario ejemplo, un gobierno caracterizado por las carencias profesionales de ministros incapaces como Bibiana Aído, Leyre Pajín y el propio Zapatero, el hombre que se encontró de frente la gigantesca crisis económica y no sólo no la supo reconocer sino que la negó obstinadamente. ¿Me permiten la comparación? Igualico que Rubalcaba y Chacón arremetiendo contra la Iglesia sin venir a cuento porque no tenían otra oferta –creación de empleo, freno a la gran banca- que arrojar a sus mesnadas de Sevilla.
Hala, ya pueden empezar la tercera lapidación, pero dense prisa que tengo que ir a trabajar.
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