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Zapatero pide al PSOE y a quien gane la unidad e integración de su mandato

No menciona a Rubalcaba ni a Chacón, pero sí a Bono para poner su amistad como ejemplo
Redacción Siglo XXI
@DiarioSigloXXI
sábado, 4 de febrero de 2012, 11:01 h (CET)
El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, pidió este viernes al conjunto del partido que otorgue a su sucesor el mismo apoyo y unidad que él ha tenido en sus once años y medio de gestión, y a quien gane el congreso que practique la integración que él ha procurado durante ese tiempo.

Rodríguez Zapatero hizo esa petición expresa al partido y a quien gane, pero sin mencionar a ninguno de los dos precandidatos que esta vez pugnan por la Secretaría General, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, sentados ambos en sus habituales puestos como miembros de la Comisión Ejecutiva del PSOE escuchando el informe de gestión del secretario general ante el plenario del 38 congreso.

Fue poco más de una hora de discurso, el último de Zapatero en calidad de secretario general, sereno pero visiblemente emocionado, interrumpido varias veces por los aplausos de los delegados, y con dos minutos de cerrada ovación al finalizar, con el plenario en pie.

En la última parte de su intervención, recordó algunos de los compromisos que adquirió al ser elegido, en el 35 congreso, entre ellos defender la autonomía del proyecto socialista, “lo he hecho con vigor y dejando algún jirón”, y dirigir el partido “con diálogo y tolerancia” con la premisa de contar con todos porque “nadie sobra”.

Zapatero rechazó hacer una lista “interminable” de agradecimientos y mencionó sólo a José Bono, sentado en el plenario, frente a quien ganó en aquel momento la Secretaría General, “por lo que simboliza políticamente para mí y para este partido, porque puede ser útil para el tiempo que tenemos por delante”, y porque lo importante de lo sucedido entonces es que a partir de ahí se fraguó entre ambos “una lealtad, una amistad y un afecto de los que me honro”.

“Eso simboliza para mí políticamente este partido”, dijo Zapatero. “Es importante ganar, saber ganar, perder, saber perder”, pero sobre todo lo es “la amistad, los afectos, la capacidad de construir juntos, de hacer muchas cosas juntos, y de saber que nos une ante todo el respeto a la historia de este partido, del PSOE, el respeto que todos debemos a la historia de este más que centenario partido”.

Después de haber pedido “muchas cosas” al partido en estos once años y medio, explicó que dudaba si tenía derecho o no a pedir una más o sólo “la obligación, que me sale de dentro, de decir que siempre estaré con vosotros, para ayudar en lo que modestamente pueda”.

Finalmente formuló esta petición a todo el partido: “Que a quien mañana salga elegido secretario general, le den al menos el mismo apoyo que a mí me han dado”, porque eso fue determinante para las posteriores victorias electorales.

Se mostró convencido de que así lo hará todo el partido porque ya lo ha hecho con anterioridad, y de que lo hará, además, “como se hacen las cosas en esta casa, libremente, democráticamente”, porque puede haber en España otro partido igual de libre o democrático “pero más no”.

“Cada delegado sabe y sabrá lo que tiene que hacer”, aseguró, pero lo más importante es que al día siguiente estén “todos detrás de quien tenga el liderazgo”, como quien va primero de la cordada en una ascensión, es el primero que pisa la cima, “pero cuando una tormenta o un alud, también es el primero”. “Se lo merece el partido y ante todo lo necesita España”, concluyó.

“Aquí estoy, con vosotros”, dijo Zapatero al finalizar un discurso, el último como secretario general, que había comenzado reconociendo que después de once años y medio “se agolpan los recuerdos, las emociones y los afectos” que siente por todos los compañeros junto al “profundo respeto al partido de toda mi vida”. “Siempre gracias”, dijo al plenario.

Como ya había hecho varias veces desde entonces, reconoció que fue la situación del país y la gestión del Gobierno la que se llevó por delante en las elecciones municipales y autonómicas muchas “brillantes” gestiones en ciudades y regiones, y se preguntó si la crisis hubiera sido igual de intensa en caso de no haber existido las hipotecas subprime en Estados Unidos o si Grecia no hubiera quebrado.

Seguramente no, respondió, lo cual no significa esquivar las “debilidades propias” de la economía española, ni negar que tardó en reconocer la gravedad de la crisis. Puede aceptar esa crítica, aseguró, pero no la acusación de “improvisar”, porque lo que hizo fue tomar las medidas que en cada caso requerían las circunstancias cambiantes.

En aquel momento había factores “que no estaban al alcande de la mano” de un país o de un gobierno, y también ahora el Gobierno de Mariano Rajoy se enfrente a “situaciones externas que condicionarán” sus decisiones.

De lo vivido extrajo tres lecciones, la primera de ellas de ámbito global, y es que la situación económica conducirá “sin vuelta atrás” a un reequilibrio de relaciones políticas y los países avanzados deben hacer “un gigantesco esfuerzo” de competitividad para mantenerse en vanguardia del estado del bienestar.

La segunda, en clave europea, es que las decisiones en la UE se toman con demasiada lentitud y los tiempos actuales requieren “decisiones urgentes y comprometidas”. La tercera, para España y para el PSOE, es que los momentos de bienestar no volverán con las mismas políticas de los últimos 25 años, sino anteponiendo valores como capacidad productiva, innovación, un nuevo enfoque de la educación, o los acuerdos sociales.

"ME HAN DADO HASTA EN LA CEJA"

Trascendiendo lo económico, Zapatero aseguró que España “necesita recuperar ideales colectivos” que se han ido deteriorando desde el inicio de la democracia porque sus dirigentes han sido capaces de “discutir de casi todo” hasta cuestionar que la condecoración recientemente impuesta a Nicolas Sarkozy hubiera sido posible en caso de ser “una figura política nacional”.

Eso hay que hacerlo desde el respaldo a los creadores que incrementan el ya nutrido legado cultural español, y fue al hacer esa reflexión cuando lamentó expresamente que, “por defender la cultura, me han dado hasta en la ceja”. “Espero que esto no pase más en la vida colectiva”, dijo, y que todos sean capaces de defender la cultura y a los creadores como riqueza colectiva.

Zapatero centró la segunda parte de su discurso en justificar las medidas que tomó en cada una de las fases de la crisis, primero de estímulo, y después de la quibra de Grecia para evitar el colapso que hubiera impedido a España seguir financiándose por sí misma.

Aseguró ante los suyos que era consciente del “intenso impacto” que esas medidas de mayo de 2010 tendrían, “porque no se esperaban, porque no respondían a la estrategia política y económica que se había mantenido en la primera fase y porque permitía a muchos criticarnos por haber afectado algunos programas sociales, pese a ser el Gobierno que en menos tiempo expandió más el gasto social”.

Lo que hizo, aseguró, fue aplicar su propia promesa de que siempre pondría los intereses de España por encima de cualquier otro, y los objetivos prioritarios eran evitar la intervención de la economía española, y mantener “al máximo” la cohesión social, en un campo de juego complicado por una oposición “sin concesiones, minoría parlamentaria y una Europa lenta” que con sus “paños calientes” a Grecia, denunció, “permitió” el contagio y el estallido de crisis de deuda soberana en otros países.

Pese a todo ello, se mostró comprensivo con la pretensión de los ciudadanos de “cambiar el Gobierno para intentar cambiar la realidad”, rechazó buscar “culpables fuera” y aseguró que esa parte de la democracia está asumida por los socialistas.

"EL OBJETIVO ES DERROTAR A LA CRISIS"

Sin embargo, de todo eso extrajo también una petición al PSOE, a pesar de reconocer que ya no le compete a él decidirlo. “Si cuando estábamos en el Gobierno exigíamos al PP colaboración y sentido de Estado, ahora que estamos en la oposición seamos coherentes y demostremos toda nuestra capacidad de colaboracion y sentido de Estado”.

“El PSOE”, dijo en clave interna a los delegados y a quienes ellos elijan para dirigir el partido, “no tiene como objetivo derrotar al PP, tiene como objetivo derrotar a la crisis económica”.

Frente a quienes mantienen que la socialdemocracia está en crisis, Zapatero aseguró que sus valores se extienden cada vez más y ni siquiera son refutados por los conservadores. El reto, precisó, es comprender e interiorizar “el tiempo en que vivimos” para poder liderar los cambios y con ello recuperar la confianza mayoritaria.

Algunos de esos valores socialdemócratas fueron los que se materializaron en avances de su primera legislatura, recordó, en la que “no perdimos el tiempo”. Defendió expresamente Educación para la Ciudadanía, lamentando la decisión del PP de eliminarla, el combate contra la violencia de género, el reconocimiento de la lengua de signos, el matrimonio entre homosexuales o una reforma de la legislación sobre el aborto que pretendía “derogar la situación de hipocresía, de falsedad” que propiciaba la ley anterior, y cuyos resultados pidió que se evalúen antes de volver a modificarla y que, en todo caso, se haga con consenso.

Cuando ganó el 35 congreso, recordó, se comprometió a poner en pie el cuarto pilar del Estado del bienestar “y ahí está” la atención a la dependencia, y también aseguró que daría “ejemplo en primera persona” de la limitación de mandatos, una reflexión que si se hubiera recordado habría evitado sorpresas cuando el año pasado anunció que no sería candidato a las elecciones ni a la Secretaría General.

En su discurso, Zapatero apuntó también en el haber del partido la satisfacción que pueden sentir todos los socialistas porque es “muy probable” que ETA no vuelva a matar, algo que es compatible con el recuerdo a todas las víctimas, como el concejal Isaías Carrasco, a quien recordaban en el anterior congreso tras ser asesinado en los últimos días de la campaña electoral de 2008.

El lehendakari, sentado también en el plenario y protagonista de este congreso porque algunos le reservan un papel importante en el partido, fue el receptor de la gratitud que Zapatero expresó a los socialistas vascos por haber soñado siempre con el final de ETA junto a todos los demócratas.
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