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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

“La Verdad pertenece a todos y el hombre tiene el deber de buscarla”

Jesús D Mez
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@DiarioSigloXXI
viernes, 3 de febrero de 2012, 16:12 h (CET)
“La Verdad pertenece a todo el mundo. Dios no distingue entre personas como ya decía San Agustín”, afirmó al término de una ponencia sobre “Libertad religiosa, dignidad humana y derechos humanos”, el profesor de Filosofía del Derecho Francesco D’Agostino. En otras palabras: si existe la Verdad, el hombre no puede considerarse exonerado del deber de perseguirla, de ponerse a su servicio y de anunciarla, una afirmación que lleva al profesor D’Agostino a afirmar que la fe, como don de Dios, no puede entenderse en su absoluta gratuidad como un bien que puede adquirirse como si fuese un bien privado de cada sujeto ya que, al recibirla, queda investido del deber de manifestarse digno de ella.

Como la gracia de la fe no está vinculada a los méritos de quien la recibe ya que nadie tiene méritos que obliguen a Dios, no por ello desciende sobre el hombre de manera arbitraria sino que exige que el hombre responda y corresponda al bien recibido.

Como conclusión, y después de hacer un recorrido histórico y filosófico sobre el concepto de libertad desde la antigüedad hasta nuestros días, pasando por las declaraciones de Derechos Humanos y el Concilio Vaticano II, el profesor D’Agostino cree que el tema de la libertad religiosa pasa de ser un tema político típicamente moderno, a ser antropológico en la época posmoderna. Es decir, debe considerarse más que como derecho civil como una instancia humana fundamental en la que se condensa la dignidad humana. “Si se niega la libertad religiosa, la dignidad humana resulta reprimida, ahogada, herida y, en casos extremos, asesinada espiritualmente… Si se reconoce la libertad religiosa pero no se enraíza en la verdad, la subjetividad de la persona queda abandonada al convertirse en una dinámica emocional fluctuante. Al contrario, si la libertad religiosa se enraíza en el respeto a la verdad –buscada libremente- la subjetividad de la persona tiene la posibilidad de crecer sobre sí misma. “En estos términos –concluyó D’Agostino- el debate sobre la libertad religiosa sigue siendo de permanente actualidad antropológica y mantiene también su carácter central en una cultura post-secular”.
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