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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Más perdona la vida a España

Es posible que haya alguien que quiera perderse en el Congreso socialista de Sevilla y que esté encantado con la lucha
Miguel Massanet
viernes, 3 de febrero de 2012, 07:47 h (CET)
Es posible que haya alguien que quiera perderse en el Congreso socialista de Sevilla y que esté encantado con la lucha, eso sí “democrática”, entre los dos candidatos: el señor Rubalcaba y la señora Chacón, ambos pertenecientes al gobierno del señor Rodríguez Zapatero, ambos cómplices en la gestión de sendos ministerios y ambos responsables, juntamente con ZP, de los desastrosos resultados del paso del PSOE por el poder. Y, si bien me importa un bledo lo que hagan los socialistas en su casa, sí tengo que recordarles que no están en condiciones de dar consejos, criticar decisiones o desautorizar medidas del nuevo gobierno del PP, la mayoría diametralmente opuestas a las que ellos, cuando gobernaban, pusieron en marcha; entre otras razones, porque este Ejecutivo ha empezado “gobernando”, proponiendo cambios; salvo en el aumento del IRPF, algo a lo que se ha tenido que recurrir ante la situación real de las finanzas del reino; se puede decir que con absoluta sincronía con su programa electoral.

El nuevo gobierno ha lanzado, desde su toma de posesión, una batería de propuestas desde sus ministerios que, sin duda, pueden considerarse un anticipo de la puesta en práctica de sus promesas electorales, lo que, a los ciudadanos de a pie, nos permite suponer que algo va cambiando en la política y que se pueden vislumbrar reformas importantes, en cuanto a lo que se puede entender como una nueva visión de lo que debe ser la España del futuro, recobrando valores que se nos habían hurtado, derogando leyes contrarias al sentido común, las buenas costumbres, la ética y la moral –no sólo desde lo que se entiende por tales conceptos desde el mundo religioso, sino desde el propio ámbito de las normas de convivencia humana – y recobrando el verdadero sentido de todo aquello en que había sido vulnerado el espíritu de la Constitución de 1.978; en temas de tanta importancia como son la unidad de España; el respeto por los símbolos nacionales;.el derecho y el deber de conocer el castellano y de poderlo usar normalmente, tanto como lengua vehicular como para recibir enseñanza en él; el derecho de los padres a elegir la educación que desean para sus hijos y la recuperación de conceptos básicos para el desarrollo de la nación como la unidad de mercado, la recuperación de competencias que nunca se debieran haber cedido y la solidaridad entre las distintas regiones,  para evitar diferencias de trato en unas respecto a las otras.

No obstante, hay un punto importante en el que, mucho nos tememos, el nuevo Gobierno sienta la tentación de ceder, de buscar vericuetos mediante los que conseguir acuerdos con sectores nacionalistas o con determinados colectivos, especialmente privilegiados por el gobierno del señor Rodríguez Zapatero ( como es el caso del sector de la farándula y las subvenciones y ayudas de las que han venido gozando, recibiendo el pasado ejercicio, sólo en fondos estatales, la nada despreciable cantidad de 91 millones de euros), con los que el nuevo ministro, quizá olvidándose de que el PP tiene una sólida mayoría en ambas cámaras, parece excesivamente dispuesto a negociar arreglos o a entrar al trapo en discusiones bizantinas con estos grupos de izquierdistas, seudo intelectuales y arribistas, constituidos por el gremio representado por la señora Bardem o el señor Diego Boto o el, eternamente amargado, aunque buen actor, señor Sacristán; que todavía no han conseguido instalarse en el siglo XXI y abandonar los antiguos prejuicios sobre “la explotación de los trabajadores” o los supuestos “crímenes del fascismo”; éstos que el señor Garzón saca a relucir, sin pruebas, sólo por el empeño en cubrirse las espaldas ante los jueces que lo juzgan, no por pretender luchar contra las secuelas del franquismo, sino por algo mucho menos noble e interesado como es: intentar evitar ser condenado por prevaricación.

Nos parece bien que el señor Wert sea políglota ( algo hemos ganado respecto a la señora González–Sinde) y que tenga un carácter abierto y simpático, pero tiene la responsabilidad de devolver al lugar del que nunca se debieran haber movido, determinados temas que, durante la égida socialista, han sido abandonados en manos del nacionalismo. El que el Gobern catalán haya incumplido nada menos que 5 sentencias del TSJC sobre el uso del castellano en la enseñanza; que el que quiera, de acuerdo con la legislación vigente, que sus hijos reciban enseñanza en la lengua vehicular no encuentre, en la escuela pública, ningún centro en el que poder conseguirlo o que, los alumnos, sean presionados por profesores y compañeros para que hablen sólo en catalán en las aulas e incluso en los patios de recreo son, en efecto, cuestiones de las que el PP, con mayoría absoluta, no puede desentenderse por mucho coste electoral que ello suponga.

Ni subvenciones al cine, a los teatros o a otras actividades de la farándula en momentos en los que España tiene que endeudarse para pagar el desempleo, los ciudadanos apretarnos el cinturón y bajar el listón de nuestra calidad de vida y, las empresas, verse obligadas a cerrar por falta de créditos. Es una inmoralidad que se detraigan cantidades del Tesoro para primar a grupos que, en la mayoría de los casos, no se lo merecen por su falta de calidad o meterse en subvencionar películas sin proyección internacional que suelen acabar en sonados fracaso de público y crítica y que nunca consiguen pasar más allá de nuestras fronteras. El contentar a grupos de progres, cuya máxima es estar en contra del orden establecido, promover el desorden y saltarse las normas, nos resulta demasiado caro si luego, en pago, se van a gritar ante el TS llamando a los magistrados  “fascistas” y “prevaricadores”, porque se “atreven” a juzgar a un juez que tiene 3 causas pendientes con la Justicia. Una ocasión como la que tiene el PP:, con su mayoría absoluta, de arreglar los estropicios del gobierno de ZP, no puede desperdiciarse sólo pensando es que es mejor lograr el consenso. Si puede ser ¡bienvenido sea!, pero si conseguirlo ha de significar renunciar a temas como la defensa del uso del castellano; la unidad de España y el respeto por la Constitución del 78, entonces los que votamos al PP nos vamos a sentir engañados.

Si el señor Mas pretende cooperar en salvar a España ayudando al señor Rajoy, nos parece de maravillas; si los vascos, con el señor Urkullo al frente, aceptan el limitar su gasto público y reducir instituciones innecesarias, consideraremos que son unas buenas medidas, pero, señores, que el señor Más, en plan chulo, vaya a ver al señor Rajoy y hable de “líneas rojas que no se pueden traspasar porque es mejor no pisarlas”, simplemente, nos parece una actitud inadmisible, máxime si luego se agrega el comentario “Podemos, puntualmente, colaborar con las reformas”, pero siempre en función de que “la relación entre Catalunya y el Estado, y Catalunya y el resto de España”, ¿Es que Catalunya no está dentro del Estado?, ¿desde cuando ha de haber una trato de tú a tú entre España y Catalunya? O es que ¿la declaración de la independencia de Catalunya, hecha por el señor Companys, el año1.937, con motivo de la Revolución de Octubre, consiguió salir vencedora? Un presidente del gobierno español no puede ni debe consentir que un mandatario de una autonomía, le hable de pactos bilaterales, del Pacto fiscal entre Catalunya y España y de líneas rojas que el Estado español no puede pisar; porque esto es un acto de rebelión y de menos precio hacia el resto de España.

O sea que, para el señor Más, si no hay pacto fiscal, “Catalunya tomará su propio camino” ¡Con dos bemoles! O así valoro yo, señores, el resultado de esta visita.

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