Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Urgente la reforma de la Justicia. No puede esperar

“Una cualidad de la justicia que debemos a los otros, es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”
Miguel Massanet
miércoles, 1 de febrero de 2012, 07:50 h (CET)
El escritor y moralista francés del siglo XVII Jean de La Bruyére, autor de “Les Caracteres ou Les moeurs de ce siècle” hablaba de la justicia en los siguientes términos: “Una cualidad de la justicia que debemos a los otros, es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”. Una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos, aparte de la crisis, el paro, las dificultades económicas y la corrupción que, por desgracia, con tanta virulencia están incidiendo en la vida de los españoles es, sin duda, la de la situación de la Justicia en España. No es que la tengamos politizada, que también, que la ciudadanía haya perdido la fe en como se aplica por los encargados de hacerlo, que también, ni que resulte que, tanto en la judicatura como en el ministerio fiscal, haya miembros que todavía se creen que son ellos los legisladores y no, simplemente, los encargados de aplicar las leyes, tal y como las redactaron los legisladores, sin hacer interpretaciones torcidas o subjetivas de su contenido y alcance; sino que, todo aquel ciudadano que tiene la desgracia de tener que acudir a la magistratura para ejercer un derecho, para pedir amparo o para defenderse de alguien; se enfrenta a una peripecia que puede durar varios años, que le va a costar una fortuna y cuyo resultado, siempre incierto, aunque pudiera resultarle favorable, se produce cuando las circunstancias ya han cambiado, el honor, en su caso, ya ha sido mancillado por la infamia y los derechos que reclamaba o defendía, con toda probabilidad ya han dejado de tener la importancia que, en un principio, se les había concedido.

El señor La Bruyére, con mucho tino y gran clarividencia, supo dar en el clavo al decir que una Justicia que se prolonga en demasía en el tiempo es una injusticia. Deja de tener el efecto pretendido de conseguir el reconocimiento de un derecho o de defenderse de una acusación, para dejar paso a que sea la prensa, el pueblo o los maledicentes los que dicten su propia sentencia, ante la indefensión de aquel que acudió a lavar su honor o reclamar un derecho en los tribunales de justicia, que tiene que asistir, impotente, a que la lentitud de los procedimientos; la acumulación de causas y la falta de órganos judiciales y medios materiales, conviertan su aventura judicial en un Vía Crucis interminable, durante el cual queda en entredicho la causa que motivó la demanda o querella, se perjudican los intereses de los involucrados en el pleito, se multiplican las tasas y gastos de modo que, la vida de los implicados en el procedimiento, se convierte en una carrera de obstáculos que, cuando pasados los años, concluye, cualquiera que fuere el resultado final, deja descontentos a vencedores y vencidos y, normalmente, con el sentimiento de todos de haber sido engañados, de que no existe la justicia que se espera de un Estado de Derecho y que más les hubiera valido llegar a un mal arreglo, por difícil que hubiera sido conseguirlo, que someterse a la acción de los juzgados.

Por mucho que se nos quiera dorar la píldora; por muchas que sean las manifestaciones de jueces y magistrados sobre la rectitud con la que se imparte Justicia en España y por mucho que el Gobierno se haya empeñado en decir que la Justicia actúa con independencia y sin ser mediatizada por la presión de los políticos; nadie podrá hacer que, los ciudadanos de a pie, no tengamos la clara percepción de que la maquinaria jurídica no funciona, que es lenta, que está politizada hasta las más altas instituciones y que, como recientemente hemos tenido ocasión de comprobar en las resoluciones del TC, deja mucho que desear en cuanto a su imparcialidad, autonomía y rapidez ( el caso del Estatut catalán les llevó casi 3 años resolverlo y, aún así, la resolución final respecto a su anticonstitucionalidad, no sólo no ha contentado a la mayoría de los españoles que esperábamos más de dicho tribunal, sino que, para más INRI todavía los fiscales no han pedido su ejecución y así sigue durmiendo en el limbo del ostracismo precursor del olvido definitivo)

La llegada del nuevo ministro de Justicia, el señor Ruiz Gallardón, al menos en lo que han sido sus primeras declaraciones, parece que puede marcar un punto de inflexión en cuanto a que se puedan producir reformas sustanciales en cuanto a la independencia del poder judicial de los partidos políticos y del Gobierno, naturalmente. Sus primeras propuestas parece que están encaminadas a reactivar, modernizar y poner orden en lo que da la sensación de ser un semillero de sectas de orden político, un conjunto de ejecutores de la Justicia en el que se mezclan jueces que ganaron su puesto por oposición, otros que fueron nombrados a dedo en función de unos supuestos “méritos”, argumentando que había escasez de ellos; fiscales que parecen más bien defensores, a la vista de algunas de las últimas actuaciones ( caso Faisán, por ejemplo), con la particularidad de que, en este gremio, parece que las izquierdas han conseguido hacerse con la mayoría de sus miembros; algo fácil de constatar si observamos la diligencia con la que actúan cuando se trata de actuar contra alguien de la derecha y la parsimonia y desgana con la que se mueven cuando el presunto acusado pertenece a la izquierda.

El nuevo Fiscal General del Estado, señor Torres Dulce, una persona que se dice reúne los requisitos para el cargo, en su comparecencia en el Congreso ha hablado de la necesidad de que la fiscalía conserve su autonomía frente a las posibles injerencias del Estado, sin embargo ¿quién será que garantizará a los ciudadanos que conserven su autonomía frente a los intereses de los partidos de izquierdas a los que pertenecen? El peligro de que se actúe con falta de parcialidad puede deberse, al ser un organismo jerarquizado, a diferencia de los jueces, a que reciban órdenes superiores del propio Fiscal General o, y esto aún es más penoso, que las reciban de los partidos con los que simpatizan. Es urgente un organismo independiente que valore las actuaciones de jueces y fiscales en el ejercicio de su profesión; que se tomen medidas disciplinarias contra aquellos que no mantengan su objetividad y respeto por las leyes en sus actuaciones y que se apliquen sanciones a los que se extralimiten o se abstengan en el cumplimiento de su deber; con el objeto de que la justicia recupere la estimación, el prestigio y la operatividad que hace unos años tenía en todo el Estado español.

Es evidente que, tanto el TC con el Consejo General del Poder Judicial, dos órganos básicos en el sistema judicial español, precisan de reformas en profundidad, de cambios en sus plantillas y de modificaciones en su composición y en sus funciones. Es preciso que el TS siga siendo la última instancia  y que el TC, so pretexto de revisar las sentencias de aquel, no se inmiscuya en competencias que le son ajenas, tal y como ocurrió de forma escandalosa cuando valoró pruebas que el TS había ya aceptado como buenas; incurriendo en un claro abuso de competencias; algo que, curiosamente, no pareció que se tuviera en cuenta ni que alterara a los conspicuos magistrados del TC.

Es posible que, en estos momentos, la reforma en profundidad del sistema judicial no sea posible por el coste que supondría el dotarlo de los medios suficientes para la unificación precisa de las informaciones, ficheros, legajos, etc.; pero de lo que no hay duda es de la urgencia de que se le dé la independencia a la que tiene derecho, tanto del Ejecutivo como del Legislativo y se entre a fondo en lo que deben ser las garantías de imparcialidad y de unidad de criterios a la hora de aplicar las leyes. O esta es mi visión sobre tan espinoso tema.

Comentarios
buddy 09/jun/12    03:00 h.
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo!

“Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden” Blas de Lezo y Olavarrieta. Almirante español (1689-1741)

García Albiol, el sheriff de Badaolna

Perfiles

Los políticos catalanes optan por enfrentarse a la Justicia

El todo vale, el no me da la gana o el me rebelo contra la autoridad española, se han convertido en el leitmotiv del separatismo catalán. El anarquismo se impone

Críticas a refranes (I)

El objetivo de este artículo de opinión es efectuar una crítica a determinados refranes

Hedonismo de Epicuro

El epicureísmo es una escuela filosófica helenística
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris