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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Se vende, se alquila, se deshaucia

España es un país fantástico dónde, cómo dijo Borges, no se habla mejor castellano sino que se grita más
Xavier Grau
miércoles, 1 de febrero de 2012, 07:46 h (CET)
En esta Europa y esta España, léase ESPÑ desde la última puñalada trapera de Standard & Poors robándonos aes, pasamos de la burbuja inmobiliaria a perder el piso, el adosado y hasta el nicho en un abrir y cerrar de telediarios y aquí nadie la arma. España es un país fantástico dónde, cómo dijo Borges, no se habla mejor castellano sino que se grita más. Debería ser en sus tiempos porque si fuera hoy, ahora y aquí habría que volver a gritar, como Labordeta, “¡A la mierda, joder!" y hacerlo constar, igualmente, en el Diario de Sesiones del Parlamento español.

Estos mismos personajes a los que no conocemos ni elegimos y que han aparecido como nuevos dioses del olimpo planetario que la globalización de la especulación ha convertido en un casino sideral dictan y califican situaciones que ahogan la vida de millones de personas en el mundo.

Así las cosas, mientras las entidades bancarias se adjudican viviendas hasta por el 35% de su valor de tasación y las familias pierden su casa pero mantienen la deuda de más de 150.000 euros, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), iniciará este mes de marzo una campaña para recoger 500.000 firmas para regular la dación en pago con efectos retroactivos, paralizar los desahucios y conseguir regular el alquiler social. Váyanse preguntando, como yo, dónde hay que firmar. Es de justicia y sólo cabe añadir unos detalles y algún artículo, como el 675. bis, a la Ley de Enjuiciamiento Civil:

1. No se podrá acordar el lanzamiento del inmueble en el seno de la ejecución hipotecaria cuando se trate de la vivienda habitual del ejecutado y cuando el impago del préstamo hipotecario sea debido a motivos ajenos a su voluntad.

2. El ejecutado tendrá derecho a seguir residiendo en la vivienda a título de arrendamiento por un periodo de 5 años desde la fecha de la adjudicación.

3. El importe de la renta mensual del arrendamiento no podrá ser superior al 30% de los ingresos mensuales del arrendatario.

Por ponerlo concretito, sólo en el ámbito de la vivienda, se calcula que cerca de 500.000 personas han sido desahuciadas de su casa a causa de otras tantas ejecuciones hipotecarias ejercidas por los mismos bancos que les prometieron el oro y el moro en technicolor aparándose en el inmenso orégano que el monte del crecimiento sin límites nos ofreció a todos. Nos echan –previo impago, claro- los mismos bancos que nos encerraron en la burbuja inmobiliaria que ha dejado España con un parque de 26 millones de viviendas. De éstas se calcula que veinte de cada cien están vacías.

El más reciente estudio sobre la materia dirigido por el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Bellaterra Josep Oliver suma hasta 818.000 el número de pisos en stock  pendientes de venta. Hasta 2015, señala Oliver, sólo unas 20.000 de estas viviendas podrán ser vendidas en un país dónde el 84% de las familias tienen su vivienda en propiedad y sólo un 16% opta por el alquiler, la mitad de lo que es habitual en Europa.

Cuando todo el mercado suspira por la reactivación de la construcción que nos es tan propia, el estudio de Oliver muestra que a lo largo de 2011 se acabaron 115.000 viviendas muchas de las cuales se sumaron al excedente construido, especialmente en la costa, en los últimos cinco años. Y así, mientras el litoral se llena de carteles de “se vende” y “se alquila”, muchas familias buscan amparo para no perder su morada.
A lo largo de 2011, según recoge el Observatorio DESC, se realizaron 178 desahucios al día en España y el Consejo General del Poder Judicial certificó oficialmente 42.879 procesos de desahucio con un notable aumento de las ejecuciones hipotecarias en la Comunidad Valencia y la misma Andalucía dónde Javier Arenas saca el sable de nuevo defendiendo al “ladrillo” de la demagogia que según él, verbigracia, “tanto daño ha hecho” a nuestras economías. ¡Olé, olé y olé!

Y mientras Arenas la suelta así de gorda y el INE lanza a las calles a cinco mil agentes censales para saber si está ocupado o libre el primero derecha, cuántos viven en el ático y cuántas subviviendas hay en los sótanos de tanta promoción, millones de ciudadanos rezan para que a final de mes no les falte ni un euro para la hipoteca fantástica.

En España se echa a miles de personas a la calle pisoteando la Constitución Española, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en esto de pasarse las leyes por el forro a muchos les ocurre como con las patatas fritas: a la que pruebas una ya no puedes parar. Y digo yo que cuando la Carta Magna afirma que “Todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada” no se referirá sólo a los baños, la vitrocerámica, el doble vidrio climalit  y el color del rodapié. Y afirmo que debe apuntar, la Constitución, repito, a la obligación de tirios y troyanos de dotarnos de condiciones económicas, sociales y culturales que defiendan este derecho. El sentido común, la ética, la moralidad que debe impulsar la gestión pública a estas alturas de la historia debe condenar con contundencia que existan millones de pisos vacíos acumulados por los bancos que despojan a miles de ciudadanos de su vivienda sin que nadie garantice una red de alquiler social que vele por la dignidad de todos.  

A pesar de Standard&Poors, Moody’s y Fitch -que no en vano controlan el 90% del negocio de mantener el termómetro de las finanzas mundiales a mayor gloria de especuladores y traficantes de capitales- por ahora nadie ha explicado dónde estaban estos listos en 2008 cuando estalló el sistema hipotecario norteamericano mientras en España se financiaban las viviendas hasta el 120% de su valor en cómodas cuotas para cuarenta o cincuenta años. Así nos va y así nos ha ido en un país con un crecimiento letal del endeudamiento familiar que ha saltado del 45% de 1995 al 143% de 2008 y en cuya base aparece el enorme peso del crédito hipotecario. ¿O nada de esto es casualidad?

Lo dicho, vayan preguntando dónde hay que firmar.


Xavier Grau

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