Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Racismo en los estadios

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 13 de mayo de 2005, 10:17 h (CET)
La sociedad española viene presumiendo durante años de no ser una sociedad racista. Este es uno más de los tópicos que nos adornan como el de las castañuelas y los toros. Queramos o no somos una sociedad donde la xenofobia ha estado latente durante años. Recordemos que algunos de nuestros antiguos monarcas, desde aquella primera Isabel la Católica, dictaron disposiciones contra los moriscos, a los que se expulsó de la que había sido su patria, y contra los gitanos y quizás algo de esa xenofobia ha quedado marcada en nuestros genes. Mientras durante muchos años nuestro racismo tan sólo se cebó en nuestros compatriotas gitanos tan sólo de vez en cuando surgían brotes de racismo pero generalmente la sangre no llegaba al río. Ellos vivían, malamente en sus chabolas, y nosotros, la mayoría, vivíamos bajo la sombra de una hipoteca de por vida en casitas de papel. Pero llegó un momento en el que pasamos de ser emigrantes con maleta de cartón a Suiza, Francia o Alemania a comenzar a recibir en masa a los desheredados del resto del mundo. Negros, a los que ahora lo políticamente correcto denomina subsaharianos, ciudadanos magrebíes a los que siempre hemos llamado “moros” y los bisnietos de los colonizadores españoles y las indias aborígenes de Latinoamérica, también llamados por algunos y de manera despectiva “sudacas”. Aquí comenzaron los problemas. Una vez convertidos en una sociedad pluricultural el españolismo más ultra y racista comenzó a hacer su aparición en las calles de nuestras ciudades sembrando el odio al diferente y atizando las más bajas pasiones de las clases más bajas e iletradas del paisanaje español.

De manera alarmante esta xenofobia comenzó a manifestarse en los estadios de fútbol. Ya se sabe que allá donde se reúne un grupo numeroso de personas siempre hay una pequeña fracción de descerebrados que aprovecha el anonimato de las masas para perpetrar sus ruindades. Sobre el césped de nuestros estadios siempre han jugado futbolistas de color y , al contrario que ahora, siempre fueron bien recibidos por las aficiones. Recuerdo de mi infancia y juventud a los jugadores del Valencia C.F. Walter, desparecido en trágico accidente, y Waldo que fueron aplaudidos no sólo en el viejo Mestalla sino también en el resto de campos de España. Pero entonces no existían ni los “Yomus”, ni los “Ultrasur” ni los “Boixos nois” u otros grupos análogos que hoy pueblan todos los campos de fútbol. Pero entonces íbamos a ver buen fútbol y aplaudíamos por igual a los jugadores fueran del equipo que fueran o tuvieran el color de piel que tuvieran.

Pero de un tiempo a esta parte los grupos “ultras” han proliferado en el fútbol donde no es difícil ver en algunos estadios banderas nazis o españolas con la vieja “gallina” franquista. Y todo ello, la mayoría de las veces, con la aquiescencia de las respectivas directivas de los clubes e incluso, algunas veces, con su aliento. Hace años el tener un jugador de color o sudamericano era un lujo para los clubes. Hoy con la globalización, también extendida en el mundillo futbolístico, la mayoría de clubes cuentan en sus filas con algún jugador foráneo. Y comenzaron los insultos a los jugadores de color del club visitante.

Roberto Carlos ha sido uno de los jugadores más vilipendiados por estos salvajes que acuden a los estadios a alborotar e insultar, y a veces agredir, escondidos entre la masa de buenos aficionados. Es por eso que no entiendo su gesto chulesco de entregar el otro día en el estadio Bernabeu su camiseta a Ochaita, uno de los lideres de los “ultrasur” y que ha tenido durante años prohibida la entrada a las canchas deportivas. Al buen defensa brasileño parece ser que se le ha “ido la olla” estas últimas semanas y tan pronto hace unas declaraciones ofendiendo a sus compañeros de la Real Sociedad como se alía con los más retrogrado de la reacción fascista. Mal ejemplo para ese Madrid 2012 que todos queremos, y más todavía después de las agresiones fascistas del distrito de Villaverde en la capital de España y justo cuando se están conmemorando los sesenta años de la derrota del nazismo. Y a todo esto Florentino sigue callado.

Noticias relacionadas

¿Profecías de Sánchez para el 2040? Antes habrá arruinado España

“No pierda la cabeza, nada ocurre como está previsto, es lo único que nos enseña el futuro al convertirse en pasado.” Daniel Pennac

Menosprecio hacia la vida de algunos

Todos nos merecemos vivir para poder obrar y dejar constancia de lo que uno hace

Lastres y estercolero en la Sesión de Control al Gobierno

​Para el PP, la Sesión de Pleno del Congreso de los Diputados número 156 empezaba lastrada

Rajoy, Sánchez y el mito de Ícaro

“En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él” John Fitzgerald Kennedy. 35º presidente de los Estados Unidos

El Satélite Mohammed 6 B levanta vuelo

La nación marroquí sigue su firme camino hacia la modernidad asimilando los avances tecnológicos del mundo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris