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Etiquetas:   Artículo opinión  

De cumbres y simas

Los leguleyos prefieren la verdad jurídica y los ignorantes la televisiva sobre la real; pero no por mucho repetir una mentira en los medios deja de serlo
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 31 de enero de 2012, 07:34 h (CET)
Lo apremiante del día a día, impide, a veces, tener una perspectiva del conjunto de lo que acaece en el tiempo. Hay crisis, dicen, y se repite en los medios tanto que parece que es verdad que hay crisis; hay sentencia, dicen, y se sienta con el consabido “queda demostrado” (o no), y nadie puede cuestionarla, por más que lo uno o lo otro no tengan nada que ver con la realidad, o, al menos, no en todos los casos, porque la verdad jurídica o noticiosa no tiene por qué ser la verdad real, ni siquiera la verdad.

Desde que se inició esta crisis mis lectores saben que he sostenido siempre –y en ello me afirmo- que esta crisis no existe, o, dicho con mayor propiedad, que es artificial y artificiosa, más falsa que un euro de plástico. Primero fue la simpleza ésa pseudosimpática de los ninja (sin ingresos, sin trabajo, sin posibilidades), que más parecía una ocurrencia del TBO que el resultado de un proceso intelectual con alguien con mayor talento que un primate; luego, la especulación financiera y el absurdo ése de los mercados (como si fuera un ente incorpóreo pero orgánico); y, por fin, la corrupción galopante que ha asolado medio mundo, con muy especial hincapié en España; y, aunque de ello todo hubo –y hay-, todo esto no es sino parte del método para conseguir un objetivo mayor: el regreso de las clases sociales al arroyo, imponiendo un nuevo sistema de control de masas y, tal vez, un nuevo orden mundial que desemboque en un Gobierno Mundial.

El dinero que había en los años previos al supuesto estallido de la crisis, que tanto abundaba en gobiernos, bancos y hasta en los bolsillos del personal, por arte de birlibirloque se ha esfumado, se ha ido, se evaporó milagrosamente. Nada se crea ni se destruye, sin embargo: debiera recordarse. De haberse gastado todo ese dinero en la cosa aquélla de las hipotecas basura y toda aquella mentira, lo tendrían los constructores; pero no lo tienen, y, es más, muchos, la mayoría de ellos, han quebrado. De habérselo quedado los bancos, lo tendrían ellos, o, en su defecto, los gobiernos a los que se los han prestado; pero los bancos están en quiebra y las naciones en bancarrota. Y de haber ido a parar a bolsillos privados –que fue, y mucho-, de una manera u otra estaría en circulación, que ya dice el saber popular británico que un loco y su dinero no están mucho tiempo juntos; pero no está, o lo que está, el objeto de todo ese latrocinio, no es sino calderilla respecto del endeudamiento que tienen las naciones, los particulares y los propios bancos.

Entonces, ¿dónde está todo ese dinero que se ha volatilizado?... Bueno, algo debe tener Europa, por ejemplo, que pone sobre la mesa un billón –con B- de euros como si tal cosa, y es de dudarse que todo ese capital haya salido de las aportaciones de los países miembros, los cuales están en la más rotunda quiebra. Esto, siendo una buena pista, no es ni con mucho el meollo de la cuestión, si es que se quiere entender qué está pasando y, sobre todo, para qué está pasando.

De lo que no queda ninguna duda, es de que hay una especie de plan rector que parece conducir la realidad aparente por tan extraños caminos, ya sea implantando ora dictaduras por todo el globo, ya sea derribándolas y fundando democracias hasta donde no saben lo que es eso, lo mismo que poniendo al frente de los países a los seres más frikis y corruptos (España es un muy buen ejemplo y cómo desde la llegada de la democracia fue desmantelando todo su tejido industrial y convertida en un enorme meublé o, si lo prefieren, un país de servicios), siendo que para lo primero se sirven de agencias o grupos creados ad hoc con enormes recursos para movilizar a las masas en las direcciones que les interesan, y para conseguir lo último se sirven de sicarios financieros que, con políticas semejantes a las que confesó ese tal John Perkins de la Chas T. Main Inc., corrompen a los gobiernos para multiplicar su deuda y que el país deje de ser su país, o, lo que vale lo mismo, sean parte del entramado multinacional de El Club, o, si se resisten a ello, puedan ser intervenidos con luz y taquígrafos por sus hombres de confianza, quienes ni siquiera han sido votados y no son electos en sus respectivas democracias, tal y como ha sucedió y sucede, a la luz o sin ella, en numerosos países de Occidente, incluidos nuestro Occidente y nuestra Europa.

Quien más, quién menos, ha oído hablar de grupos como el Bilderberg, la Trilateral, los G-loquesea, etc., casi todos fundados por iluminados y sustentados por poderosos, siendo el conjunto de todos los miembros que los conforman fieles devotos de la teoría de Leo Strauss, aquel alemán de la primera mitad del siglo que sostuvo que las masas debían ser gobernadas por los capaces –los ricos y poderosos-, porque los pueblos eran ignorantes que no podían entender las cuestiones trascendentes del género, pero que esta elite no debía empeñarse en dar la cara, sino conducir las situaciones a través de gobiernos puestos al efecto mediante la manipulación de las masas. ¿Les suena?... Después de la II Guerra Mundial no sólo nacieron todos los organismos macronacionales o internacionales que conocemos, desde la ONU, BM, FMI, OIT, OMS, etc., a la propia Europa, sino que se fueron alumbrando –nunca mejor dicho- organismos y asociaciones de pudientes y compañeros que, distribuyéndose los trabajos, se coordinaban en ellas para implantar los pasos sucesivos, naciendo así los G-loquesea, la Trilateral, el Bilderberg, el FCR, PNAC y otros muchos grupos satélites que fueron desarrollándose a la vez que esta misma elite, a través de sus empresas y de algunos de sus fieles más adinerados y abnegados, se hacían con la práctica totalidad de los medios de difusión de masas en todo el mundo occidental, ya fueran editoriales, discográficas o medios de comunicación social.

Pero estos intrigantes grupos, siendo importantes y capitales para la implantación del nuevo orden que ansía esa supuesta elite, son apenas un medio de distracción para la concentración de las respuestas airadas del público, como lo son los Iluminatti y todos esos grupos secundarios que sólo pretenden desviar el centro de la atención. El cerebro está mucho más alto aún, o, mejor, mucho, pero que mucho más bajo: analicen la deriva de los sucesos de los últimos 70 años (podrían ser muchos más, que la cosa viene de lejos, pero con eso tienen bastante) y saquen sus propias consecuencias, pues que por sus actos los conoceréis. En fin, sobradas pistas tienen en “Sangre Azul (El Club)”.

Lo que se puede afirmar de cierto en estos momentos que vivimos, es que hay dos asuntos capitales sobre la mesa sobre todos los demás, que son la consabida crisis económica y el capital y poco o nada aireado asunto de Irán. Para los que no lo saben, el asunto de Irán (y el de Siria, lo mismo que la mal llamada Primavera Árabe) es muy anterior a que este país tuviera siquiera intenciones de proveerse de energía nuclear para fines pacíficos –tanto menos para militares-, pudiéndose encontrar referencias de los grupos mencionados a la necesidad de atacarlo (junto a los demás países mencionados) ya en los años ochenta, cuando aún no había caído siquiera el Telón de Acero, pues que formaba parte de los “juegos de guerra” en que estos grupos han fundamentado la economía mundial.

Esto, unido al hecho de que los demás objetivos (Afganistán, Irak, Libia, Egipto, Siria en curso, etc.) han sido batidos, a la necesidad extrema de reducir sustancialmente la densidad de población –decía Strauss que los hombres usan la guerra como método de regulación de excedentes de población- y al deterioro por agotamiento de los recursos del planeta, imponen, o sí o sí, tanto una drástica disminución de la pirámide poblacional como un recorte de los derechos y la implantación de nuevas fórmulas sociales, tal y como pronunció Raimond Barre, miembro de la Trilateral y ministro francés de Economía e Industria con Jaques Chirac, en aquella famosa reunión en la que afirmó que se hacía imprescindible una crisis de profundo calado (llegó a pronunciar la palabra crack) para implantar las nuevas reglas del juego. Reglas, como no podía ser de otro modo, que sólo pueden ser ejecutadas mediante situaciones límite y, preferiblemente, con partidos de supuesta izquierda en el poder (¿qué trabajador se levantaría contra un gobierno teóricamente de su propio bando?), porque el objetivo final es que la población esté respirando con tanta dificultad y esté tan ocupada en su propia supervivencia, que no pueda prestar atención alguna a lo demás que se está urdiendo, aunque ya lo tengan frente a sus propios ojos.

Los dos asuntos, finalmente, por lo expuesto parecen mucho más vinculados y urgentes de lo que nadie podría pensar, y su desenlace no puede demorarse mucho tiempo. Sólo en Europa hay ya más de 23 –el famoso Enigma 23, número u ofrenda dedicados a la Eris, diosa de la Discordia- millones de desempleados, la práctica mitad de la población está en vías del estallido social debido a que linda con la pobreza y no tiene ya expectativas algunas de mejorar, y el asunto de Irán ya está lo suficientemente caliente como para considerarlo una fruta madura. Claro, uno, llegado a este punto que es lo bastante grueso como para que lo vean los ciegos, se pregunta si puede haber un gobierno o un dirigente responsable que sabiendo la que avecina dé un paso adelante y se ponga gratuitamente en primera fila, tal y como ha hecho España al afiliarse a Europa con tan absurdo fanatismo (nada nos perjudica más que pertenecer a Europa y al euro en estos tiempos que corren, y nada más contrario a nuestra Historia), y, lo que es peor, convertirse, además, en objetivo nuclear de enemigos que no tenemos (nada tenemos contra Irán –ni él contra nosotros-, ni contra sus potenciales aliados en un conflicto global, como Rusia y China); pero no puede sino responderse que todo es una cuestión de prioridades, y que sí, que sería posible si otros asuntos menos claros tuvieran prioridad sobre la propia supervivencia de España y sus ciudadanos.
En fin, la cosa puede ser vista de muy diferente modo según donde esté uno posicionado: desde la cumbre se ve el conjunto, la verdad; desde la sima, sólo la oscuridad de la mera supervivencia un día más.

Puedes conocer toda la obra de Ángel Ruiz Cediel: Un autor que no escribe para todos (Sólo para los muy entendidos)
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