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Etiquetas:   La musa   -   Sección:   Opinión

El falso deportado

Virginia Fernández Ruiz
Redacción
viernes, 13 de mayo de 2005, 10:17 h (CET)
Hay historias que superan la ficción y ficciones que se convierten en realidades durante 30 años. Este es el caso del ahora ex presidente de la asociación de Mathausen, Enric Marco, al afirmar que fue preso de un campo de concentración nazi y que sobrevivió al horror. Un hecho que llegó posiblemente a creerse el mismo cuando se dedicaba a realizar charlas en los colegios y conceder entrevistas, llegando incluso a escribir un libro autobiográfico relatando la terrible experiencia.

A sus 84 años el catalán Enric Marco se ha tenido que enfrentar con su propia mentira y con todo lo que eso conlleva. Un historiador se convirtió en su más acérrimo desenmascarador al no encontrar su nombre en los archivos del campo de concentración de Flossenburg, donde supuestamente estuvo internado. Sus amigos y los miembros de la asociación que lideraba se sienten dolidos por una mentira que puede convertirse en un nuevo argumento a esgrimir por quienes se empeñan en negar la existencia del exterminio judío por los nazis, y consideran que todo lo que la historia nos cuenta sobre aquel horror y sobre los campos de concentración es una inventiva.

Hay cosas tan terribles que resultan difíciles de creer por su grado de horror y sadismo, pero por desgracia la historia no nos miente sobre ello, a pesar de no ser detentora de verdades absolutas. La historia de Enric Marco no es verdad, pero bien podría ser una representación de lo que si tuvieron que padecer millones de personas.

¿Qué se le pasó por la cabeza a nuestro protagonista para mentir al respecto? ¿Afán de protagonismo, ganar dinero, apoyar una causa justa o simplemente suplantar la identidad de alguien que si padeció aquel horror?... Sólo él puede responder a esa pregunta. Es posible que si Enric Marco hubiera fallecido a estas alturas de su vida se habría llevado su secreto a la tumba. Aunque como bien dice al refranero español se coge antes a un mentiroso que a un cojo, y tarde o temprano la verdad hubiera salido a la luz. El tiempo y la historia se hubieran encargado de hacerla emerger.

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