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Opinión
Etiquetas:   Estados Unidos   Obama  

Obama: camina o revienta

Los detalles del discurso de Obama
E. J. Dionne
viernes, 27 de enero de 2012, 08:31 h (CET)
WASHINGTON -- Era de esperar que en el curso de su discurso del Estado de la Nación, el Presidente Obama mencionara la muerte de Osama bin Laden, cuya defunción representó el culmen de la batalla contra el terrorismo iniciada el 11 de septiembre de 2001.
 
Mucho menos de esperar fue el uso por parte de Obama del episodio de bin Laden para presentar una visión del mundo de mentalidad colectiva que contrasta de forma muy acusada con el mensaje altamente individualista y anti-gubernamental que se escucha una y otra vez a los Republicanos que aspiran a reemplazarle.
 
Muy al principio del discurso, el presidente pasó de "el valor, la entrega y el trabajo de equipo de las fuerzas armadas de América" al país post-Segunda Guerra Mundial de sus abuelos de Kansas. Si la guerra contra el fascismo se acompañó de "una historia de éxito que todo estadounidense tuvo oportunidad de compartir", desde luego podemos volver a encontrar nuestro camino a "una economía en la que todo hijo de vecino tiene una oportunidad justa, y todo el mundo realiza su aportación justa, y todo el mundo juega según el mismo reglamento".
 
Había un aire de película años 40 en todo esto. Obama estaba invocando la experiencia de la generación de la Segunda Guerra Mundial, de Harry Truman y de la película de Capra "It's a Wonderful Life". Referencias posteriores a la ciencia y las tecnologías introdujeron la trama en el color del siglo XXI. Pero es obvio que en el debate histórico que va a recorrer el país durante el resto del año, Obama, no menos que los Republicanos, se está presentando con los valores estadounidenses de siempre. Pero en este caso, son los valores de la solidaridad y la igualdad.
 
Y por si alguien no se ha dado cuenta, Obama acabó su discurso aludiendo a la bandera que recibió con los nombres de los miembros del equipo SEAL que llevó a cabo la misión de bin Laden. La moraleja que extrajo Obama: "Nadie levantó este país por su cuenta. Este país es grande porque lo levantamos juntos… Este país es grande porque cuidamos del prójimo". Fue un discurso muy alejado de los rigores de los mercados de capital.
 
Fue un discurso de campaña, pero también lo fueron los discursos del Estado de la Nación de Ronald Reagan en 1984 y de Bill Clinton en 1996, como señalaba el redactor de los discursos de Clinton David Kusnet. Las comparaciones son instructivas.
 
Obama se acercó más al modelo Reagan, en forma si bien no en el contenido. Reagan dio a conocer las que serían las líneas maestras de su campaña, incluyendo no sólo la recuperación nacional de la inquietud económica sino también su objetivo filosófico central: una batalla constante contra "la tendencia a crecer del estado".
 
El de Obama fue el discurso de Reagan al revés. Al igual que Reagan, Obama examinó sus argumentos electorales de una forma filosóficamente agresiva. Pero la intervención de Obama fue lo contrario de la de Reagan. Obama habló del papel del estado a la hora de garantizar la prosperidad compartida y de crear una América "construida para perdurar" -- una consigna sacada, de forma no casual a lo mejor, de los anuncios de coches de General Motors, la empresa cuyo rescate ingenió Obama.
 
El discurso de Obama estuvo atestado de iniciativas públicas: deducciones fiscales para promover la actividad industrial nacional, nuevas asociaciones de formación profesional entre centros universitarios y empresas, reforma educativa, más empleos en prácticas, oportunidades generalizadas de financiación de la hipoteca, incentivos para rebajar las matrículas universitarias. Obama utilizó su programa energético para dejar constancia explícita de su objetivo general: "El apoyo del estado es crítico a la hora de garantizar que las empresas hacen que despeguen las nuevas ideas energéticas".
 
Al ofrecer una lista desordenada de programas públicos grandes y pequeños, el discurso de Obama fue positivamente Clintoniano. Pero había una salvedad importante. En su discurso del Estado de la Nación de 1996, Clinton eligió ceder al vendaval conservador que había entrado con la victoria arrolladora Republicana en las legislativas previas. "La era de las grandes intervenciones públicas ha terminado", anunció Clinton en una de sus líneas argumentativas más celebradas.
 
Obama, por otra parte, se enfrenta a un ataque todavía más radical y arrollador al estado, y por eso ha decidido enfrentarlo de cara, con fuerza y frontalmente.
 
Este presidente a menudo ha tenido suerte en su vida política, y la volvió a tenerla el martes. Horas antes de que Obama hablara, Mitt Romney, el favorito Republicano intermitente, daba a conocer sus declaraciones fiscales del ejercicio 2010, demostrando que pagó un tipo impositivo del 13,9% sobre una renta declarada de 21,7 millones de dólares. Así se convirtió Romney en la principal prueba de la acusación de la campaña Obama en defensa de la justicia fiscal.
 
Pero el discurso del presidente demostró que no cuenta únicamente con la suerte. Está sustentando su reelección sobre una gran causa y un gran debate. Fue la campaña de Barry Goldwater en 1964 la que prometió a los electores "una elección, no un calco". Ahora sabemos que esto es exactamente lo que traerán las elecciones de 2012.
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