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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
Currículum existencial


En ese afán por etiquetar a cada persona, su curriculum es el protagonista frecuente de sus actiuaciones, con olvidos y exageraciones para todos los gustos


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
viernes, 27 de enero de 2012, 09:24
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Vienen a ser anotaciones biográficas, generalmente muy ceñidas a la selección de personal para determinados cargos u ocupaciones. Son numerosos los esfuerzos previos que van orientados a la reunión de los datos más relucientes. Las orientaciones formativas también dirigen sus PREFERENCIAS a lo que pueda quedar plasmado en dicho documento. ¿Hasta qué punto los registros reseñados testifican sobre la auténtica calidad del individuo en cuestión? Una vez más, la diversidad es la regla; quién, cómo, para qué, serán matrices determinantes de cara a la elaboración del documento. Como en tantas actuaciones humanas, los habrá completos, simplificados e incluso fraudulentos. El conjunto destila las características escogidas del individuo presentado.

Tenemos conocimiento de un montón de datos objetivos, es verdad, el alcance de las evidencias sobre esto o aquello es incesante. Por eso mismo, tanta nueva adquisión alarma, la semilla de la sospecha germina potente. ¿A qué vienen los alardes positivistas? Por cada dato contrastado, o lo que consideremos como tal, ¿Porqué aumentan cada día las nuevas incógnitas? Estamos ante un DILEMA antiguo y apasionante. ¿De qué nos sirven cuatro datos sobre el curriculum de una persona, si ni siquiera nos acercamos a los entresijos de su personalidad? Buscamos la confirmación de unas referencias, a sabiendas de que lo más notorio, por abundancia y por esencia, no lo tenemos a la vista. Por de pronto, los niveles subconscientes y las intimidades mantienen su reserva. ¿Nos atendremos a sujeto segmentado o sería necesario considerarlo como un todo, en parte conocido y en parte no?

Al fin, las asignaturas cursadas en escuelas y universidades, por mucho que sea su renombre y tradición almacenada, únicamente representan una mínima parte de lo aprendido por cada sujeto. Eso nos traduce la importancia del aprendizaje SUBYACENTE, el no declarado abiertamente, que quizá pasó desapercibido; al que a lo sumo daremos por sobreentendido, si no lo dejamos en el olvido, como si no tuviera su influencia. Aunque lo tratemos con ese desdén, su relevancia es enorme, en no pocas ocasiones será la base para unas buenas condiciones de vida. La familia y los ambientes, la necesidad y los conflictos, ofrecen muchas posibilidades a las formas ocultas del aprendizaje; por el contacto cercano y por la exigencia de las situaciones. Sin la presencia de dichas enseñanzas, sin su valoración adecuada, resultará imposible la buena comprensión de cada persona.

El archivo de los títulos conseguidos o de los registros de las valiosas actividades efectuadas, recopilados entre otros documentos de carácter similar, es un destino abocado de lleno a la inutilidad. Su valía potencial exige aditamentos, probablemente no valorados en las listas curriculares. Es evidente que requieren de la inquietud permanente que mantenga activadas las cualidades. También precisa de la mentalidad crítica para sopesar las nuevas vicisitudes, sean originadas por propagandas, imposiciones, abusos u otras gaitas, que deban desvelarse. Con un tercer añadido de mucho valor, representado por la capacidad para una expresión concreta en la respuesta; si los conceptos no fueran transformados en una aplicación, permanecerían como algo etéreo. La medición o la mera detección de todo esto, tiene su dificultad. Es preciso el reflejo de la CONCIENCIACIÓN por parte de cada sujeto acuciado, pero con la suficiente preparación para una actuación viva y aguzada. Es una asignatura difícil de inculcar a las mentes desinteresadas por apatía vital. ¿Cómo enlazar los suficientes motivos para esa concienciación?

Los formatos curriculares atraen en demasía nuestra atención, su estructuración nos obsesiona, atraídos por el “como” fue su elaboración; donde, cuando y quien ratificó las anotaciones allí registradas. No prestamos tanta atención sobre el “que” hubo en realidad en el fondo de sus enseñanzas; menos todavía sobre cual pudo ser el contenido asimilado, ni si estaba o no adaptado a las condiciones del sujeto representado. Las edades y las voluntades tienen sus cadencias, sus RITMOS propios; puestos sobre todo de manifiesto en aquellos contenidos subyacentes, ocultos, que no están a la vista en los registros del documento. Los diferentes tipos de inteligencia (Numérica, espacial, musical…) incrementan las dificultades para la valoración del conjunto de esa persona. En la medida que nos acerquemos a los terrenos íntimos, las diferencias aumentarán las matizaciones, porque no hay dos núcleos personales idénticos. Esa adaptación pormenorizada, aunque primordial, es un asunto que tratamos con evidentes retrasos.

Es curioso que, probablemente cuando lo necesitamos más, hablamos mucho menos de la calidad de la preparación y de los trabajos efectuados. La responsabilidad descansa en un título profesional. ¿Quién osará discutir ante su presentación? El debate sobre el discernimiento y la valoración de la labor efectuada quedó anticuado. No importa tanto si los cursos fueron justificados de mala manera o si la capacitación va pareja al título. En esa presentación de credenciales, basada en titulaciones y ocupaciones, la EXCELENCIA es la gran ausente. Esos grados que van desde la labor zafia al trabajo muy bien acabado, exigen una mayor presencia en el debate curricular. La mediocridad no es ningún valor democrático, hunde el plan general. Una buena selección de las mejores cualidades enriquecerá la vida comunitaria. ¿Estamos en esa orientación? Soplan aires poco optimistas en ese sentido.

Es importante la recuperación del rango propio de cada una de las cualidades humanas, a no ser que entremos en una indiferencia degradante. Arrumbados por los extravíos de la prisa y los apuros, corremos el riesgo apuntado de no parar mientes en las calidades, con las consecuencias lógicas de semejante deterioro. Podemos observar un ejemplo. Sabemos de la desintegración progresiva del LENGUAJE, sin miramientos para su buena articulación, con frecuentes expresiones sin sentido. No hay más que leer o escuchar las diversas manifestaciones  públicas o apreciar los resultados de los exámenes; la sintaxis, la ortografía o la simple interpretación de unos textos, salen muy malparados. “Sin lenguaje transmisible no hay pensamiento claro” (Unamuno). Van unidos lenguaje y pensamiento.

El bagaje acumulado para la valoración en cada persona, toca varios puntos esenciales, es multifactorial como diríamos ahora, por lo tanto es evidente su complejidad. La complicación todavía acentúa los problemas como consecuencia de las TRAMPAS ESTRUCTURALES. Una de las más perniciosas es la que gira alrededor de los lemas facilones y consignas, con frecuencia ideológicos. Cada sujeto es incapaz de una reflexión completa con todas las razones aplicadas a un asunto concreto. Ahí surge intrépido y rápido el abuso de quienes aprovechan esa idea o resumen (Patria, creencia, ideología, dictamen económico…) como bandera manipuladora de lo que haga falta; programas educativos, presentación de la historia, divinidad…son susceptibles de sifrir esas tretas. Muy especialmente si la crítica escasea; por eso el adormecimiento de esas inquietudes será unos de los primeros objetivos de los tramposos de turno. ¿Conocen alguna trampa con ese estilo?
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