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Etiquetas:   La musa   -   Sección:   Opinión

La privacidad de las personas

Virginia Fernández Ruiz
Redacción
martes, 10 de mayo de 2005, 21:55 h (CET)
Uno de los problemas que se plantean frecuentemente en el ámbito jurídico y estatal es hasta que punto el Gobierno o la Iglesia pueden intervenir en el ámbito privado de las personas. Estados Unidos es uno de los países que más se entromete en la vida privada de las personas con una moral católica que roza el integrismo. Esto se ve reflejado en temas tan peliagudos como la eutanasia, las bodas entre homosexuales o el consumo del tabaco.

Pero Estados Unidos no es el único país donde se plantea dicho dilema, es algo que atañe a todos los países por igual pero en diferentes grados. Las personas tienen derecho a decidir sobre su propia vida sin que terceras personas impongan su voluntad por encima de los derechos individuales. Así pues me resultó curioso el artículo publicado por una compañera hace unos días hablando sobre el derecho de objeción de conciencia por parte de aquellas personas que en los ayuntamientos se niegan a casar a los homosexuales por problemas de moral, un hecho que se atrevió a comparar con los objetores de conciencia que se niegan a ir a la mili o a una guerra, argumentando que la moral y la conciencia se imponen por encima de la ley, algo que según mi opinión es cierto, pero con matices.

La diferencia principal de estos dos ejemplos reside en que los que se niegan a casar a los homosexuales se están entrometiendo en una decisión tomada conjuntamente y con el consentimiento de dos personas adultas, que nada tienen que ver con esa persona que se niega a casarles. Se trata de una decisión privada, que no incumbe a nadie más que a esas personas, y que no hace daño a nadie. El que se niega a casarles se convierte en obstáculo para que esas dos personas puedan ejercer su libertad para tomar una decisión personal, y se inmiscuye de esta manera en la vida privada de las personas, causando un mal psicológico a estas personas, que son víctimas del rechazo.

El objetor de conciencia que se niega a ir a la mili toma una decisión que le incumbe sólo a él, ya que el principal protagonista y el que se enfrenta a la muerte y la destrucción es él. Está tomando una decisión sobre su propia vida y ejerciendo su derecho a elegir libremente sin causar mal a nadie, al contrario. Comparar el exterminio nazi con la homosexualidad me parece totalmente descabellado, creo que hay grandes diferencias entre negarse a matar a alguien y negarse a casar a dos personas que se quieren y desean compartir su vida juntos, así como que les dejen hacerlo en paz. Creo que no es mucho pedir.

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