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Millonario infeliz
Un millonario austriaco sortea su lujosa mansión para irse a vivir en un pequeño apartamento porque no le satisface el estilo de vida de cinco estrellas
Karl Rabedor, millonario austriaco decide dejar su prospero negocio de muebles que lo había hecho rico porque se ha dado cuenta de que las riquezas no le hacen feliz. Destina su fortuna a conceder micro créditos a autónomos de El Salvador, Honduras, Bolivia, Perú, Argentina y Chile.
El señor Rabedor se dio cuenta que el dinero no hace feliz a las personas durante unas vacaciones de tres semanas a Hawai. Dice: “Fue el golpe más duro de mi vida cuando comprendí que horrible y sin sentido es el estilo de vida de cinco estrellas. Durante aquellos días gastamos todo el dinero que pudimos gastar. Durante aquellas vacaciones tuvimos la sensación que no habíamos encontrado a ninguna persona auténtica, solamente éramos actores. El personal representaba su papel de ser amigables, y los huéspedes hacían el papel de ser importantes. Nadie era auténtico”.
A primera vista la actitud del señor Rabedor es encomiable. Miles de personas podrán utilizar los micro créditos que concede para salir de la pobreza extrema. Preguntémonos, pero, qué efectos han tenido en su vida abandonar el estilo de vida de cinco estrellas para adaptarse a una vida sencilla y sin lujos. Viviendo en su pequeño apartamento con unos ingresos limitados comprobará que la riqueza no da la felicidad. Ahora descubrirá que la frugalidad tampoco la proporciona. La felicidad no es cuestión de tener mucho o poco ”es ser”. Cierto es que la Biblia dice que quienes tienen puesto el corazón en las riquezas no heredarán el reino de Dios. ¿Quiénes son estos ricos? Los que han convertido las riquezas en su dios. Los pobres tampoco entrarán en el reino de Dios por el mero hecho de ser pobres. El dios de los ricos es el estilo de vida de cinco estrellas. El estilo de vida de los pobres es pensar en una pensión de cinco estrellas. El dios de los ricos es la sobreabundancia. El dios de los pobres es tener lo que tienen los ricos. Pobres y ricos tienen los ojos puestos en cosas fugaces que no satisfacen.
Merecen una reflexión estas palabras de Jesús: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos ricos en el cielo, en donde ni la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones ni minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6: 21).
Una empresa que vende servicios de vigilancia antirrobos enfoca su publicidad despertando el miedo a los ladrones que pueden entrar en las casas para hacer sus fechorías. Los destinatarios de dicha propaganda televisiva lo son todos los ciudadanos porque aunque sea poco lo que tienen, en sus corazones lo han convertido en un tesoro. El valor de un objeto no es el que tiene sino el que se le da. Un anillo, unos pendientes, una pulsera, un televisor, un equipo de música, un mueble, pueden ser un tesoro para alguien aunque sea escaso el valor material. No lo hagamos esto. El tiempo lo echa todo a perder. hagámonos tesoros en el cielo, que son eternos y que nos los podremos llevar con nosotros el día que forzosamente tendremos que abandonar este mundo desnudos como cuando venimos.
Zaqueo fue un principal de los cobradores de impuestos “y era rico”y deseaba saber quien era Jesús. Sentía una intensa necesidad de verlo. Como era pequeño de estatura, la multitud no le permitía verlo. No se desespera. Trepa a un árbol. Desde este lugar privilegiado puede ver la comitiva encabezada por Jesús sin ningún impedimento. Cuando Jesús llega a la altura del árbol en el que estaba encaramado Zaqueo “mirando hacia arriba, le vio, y e dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces Zaqueo descendió aprisa, y le recibió gozoso” (Lucas 19:1-6).
Al llegar a este punto hizo algo más valioso que lo que ha hecho Karl Rabedor. Zaqueo invita a Jesús a su casa. El texto no da más detalles, Se limita a decir lo que hizo ante los reunidos en su vivienda: “Puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si en algo he defraudado alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (v.8). Antes, cuando Jesús lo llamó estando escondido entre el follaje del árbol, “Zaqueo descendió aprisa, y le recibió gozoso”. El gozo con el que recibe a Jesús indica que se había convertido a Él. Para Zaqueo los bienes materiales ya han dejado de ser el dios que adoraba y lo sustituye por Jesús, el Hijo de Dios. Ha encontrado la perla de gran valor de la parábola, que para obtenerla merece la pena desprenderse de todo. Zaqueo se ha hecho suyo el “tesoro en el cielo, donde ni la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones ni minan ni hurtan”
Octavi Pereña i Cortina
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