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Etiquetas:   Contar por no callar  

Culitos no, armas sí

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 8 de mayo de 2005, 22:30 h (CET)
Cuando ya creía que mi capacidad de sorpresa había llegado a sus limites con la disposición que hace que en los USA, desde la famosa final de la “super bowl” donde a la hermana de Michael Jakson se le escapó un pecho, los espectáculos se retransmitan con un bucle de segundos para evitar cualquier cosa parecida he aquí que una nueva disposición de los legisladores de aquel país vuelve a sorprenderme. Texas, el estado de la estrella solitaria, está a punto de obligar a las “cheerleaders” de sus equipos deportivos a no menear los traseros y a no hacer gestos que puedan hacer que la testosterona de los machos se desborde.

Todos hemos podido ver, generalmente por televisión, las actuaciones de las chicas del pon-pon coloreado. En cada uno de los descansos saltan a la pista y mediante estudiadas y ensayadas coreografías animan a los seguidores de su equipo.Ahora, caso de que el Senado y el gobernador de Texas den por buena la ley aprobada por el Congreso, ya no podrán hacerlo de la misma manera. Tendrán que salir a la pista e intentar infundir ánimos a su equipo y seguidores de manera púdica y pacata.

Los USA no son tan sólo la modernidad de Nueva York. También existe esa América profunda, generalmente votante de personajes como Bush, que defiende a golpes de Biblia, cuando no con las armas, unas ideas hijas del oscurantismo y el retraso. La nueva cruzada moral de lo más intransigente de la ciudadanía norteamericana se ha puesto en marcha y ahora ya no les basta con atacar las leyes reguladoras del aborto o a los homosexuales, a los que por cierto se intenta prohibir donar semen, y han iniciado nuevos ataques contra las canchas de los institutos y centros deportivos. El promotor de la idea es un reverendo baptista, afro americano y demócrata, en todas partes cuecen habas, quien con la excusa de que se producen gestos obscenos en las canchas ha patrocinado la nueva ley.

Otros gestos, estos si verdaderamente obscenos, no los prohíben las leyes americanas. Al contrario, los alientan. En lugar de preocuparse por las subidas de testosterona de los jóvenes yanquis sus autoridades deberían preocuparse de posibilitar la igualdad de estudios y oportunidades entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre naturales del país e hijos de emigrantes, y por encima de todo de evitar las causas que hacen que en algunos institutos americanos tengan que haber vigilantes de seguridad y detectores de armas en sus pasillos. Pero esto no preocupa en un país donde el tener armas en casa es un derecho constitucional. Ahora, además, en California, el estado dirigido por el hermano de Bush, aquel que hizo a Aznar presidente de una república inexistente, las armas podrán utilizarse en plena calle en defensa propia. Con lo cual subirá el índice de muertos en la calle y bajaran las estadísticas de ajusticiados en las prisiones. La ley del viejo Oeste camina de nuevo de la mano de un Bush.

Aquí ya podemos comenzar a ir preparándonos. Todo lo que se pone de moda en los EE.UU. posteriormente llega a nosotros. Aquí también la carcunda intenta tomar las riendas del poder y los obispos llaman a la insurrección contra las legitimas leyes del Gobierno. Si ellos mandaran pronto veríamos nuestras canchas sin culitos y nuestras calles mayores convertidas en émulos de “O.K. Corral”. El corrector de mi ordenador ya ha comenzado su particular cruzada y cada vez que escribo culo o culito me indica que no es correcta la palabra.

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