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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

El triunfo de Blair y su neolaborismo

Sergio González García

domingo, 8 de mayo de 2005, 22:30 h (CET)
Las celebraciones del Primero de Mayo, que, casualmente, cayó este año en domingo, tuvieron un ápice de poca reivindicación social por la buena tarea doméstica que está realizando el gobierno con la concertación de medidas tanto con las centrales sindicales, representadas por la Unión General de Trabajadores (UGT), encabezada por el Secretario General de la Confederación Europea de Sindicatos, Cándido Méndez, y Comisiones Obreras (CC.OO), con su cabeza visible, José María Fidalgo, que son el centro del sindicalismo español, aunque en las zonas de la periferia española, tales cual Euskadi o Galicia tienen sus propias fuerzas trabajadoras. En el primero de éstos, la encarnación queda representada en ELA, sindicato apegado al Partido Nacionalista Vasco (PNV) y LAB, el más próximo a Batasuna, cuyo líder, Rafael Díez Usabiaga, es también dirigente de la Mesa Nacional del partido abertzale. En el caso del territorio de ´las meigas´, la central de trabajadores, nacionalista y cercana al nacionalismo del Bloque Nacionalista Gallego (BNG), la constituye la CIG, como con la patronal cuyo principal organización la conforman, tanto la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), cuyo bastón de mando lo porta el resistente y sempiterno, José María Cuevas, como la Confederación Española de Pequeñas y Medianas Empresas (CEPYME).

Si en el país ibérico no hubo manifestaciones con contestación policial, sólo reseñar algunos incidentes acaecidos en la ciudad de Vigo, donde unos manifestantes lanzaron piedras contra cristaleras y oficinas del Banco Santander, viéndose respondidos tanto por la policía nacional como por la propia policía local del municipio más importante de Galicia. En cambio, otros países donde el descontento cívico con los gobiernos es mucho mayor, como Alemania o Filipinas, las trifulcas fueron la tónica dominante, con el uso de todo tipo de artefactos para agredir a las fuerzas de seguridad, que impotentes por el número de efectivos se vieron en la obligación de emplear algunas medidas como el uso de cañones de agua a presión y las bombas lacrimógenas con el objetivo de conseguir la dispersión de los manifestantes. Otro de los hechos relevantes de principios de semana fue la puesta a disposición de la Xunta de Galicia del Ministro de Economía, Pedro Solbes, para explicar las beneficencias del llamado “Plan Galicia” para la Comunidad Autónoma gallega, hecho que se enmarca en las acusaciones realizadas por el Presidente de la misma, Manuel Fraga, y de su Consejero de Justicia y Secretario General del Partido Popular en Galicia, Xesús Palmou, en las que se criticaba la postura favorable del Gobierno a otras comunidades españolas, en detrimento de Galicia. Ante este acontecimiento, el Presidente del Ejecutivo facilitó la presencia del economista ante el octogenario líder, y le emplazó a la celebración de un debate en el que se pongan de relevancia los presupuestos del Gobierno Central y el destino que se hace del dinero a esta comunidad.

El martes se produjo la tan esperada reunión entre el antiguo Presidente de Castilla - La Mancha y actual Ministro de Defensa, José Bono, y el Secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, en la que se abordaron los espinosos temas de la venta de armas con fines militares a Venezuela y la afrenta cometida por el actual Presidente de Gobierno español y Secretario General del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, de no levantarse ante la bandera de EE.UU. en los actos de celebración del Día de la Hispanidad en el 2003, y más recientemente, la retirada de las tropas de Irak y las proclamas a favor de que todos los países trajeran a sus efectivos de la zona del Golfo Pérsico. Algunas declaraciones realizadas por el líder del ´Pentágono´, como “la buena convivencia entre los dos países y las relaciones confortables entre ambos gobiernos sólo pueden repercutir positivamente en los dos estados” ha sido la tónica predominante en la convención de los dos jefes de ejércitos. El intento de olvido de estos sucesos ya históricos ha marcado la agenda, en la que se ha hecho un gesto inolvidable por reconocer la necesidad mutua de ambos países, al mismo tiempo que se han asentado las bases para la posterior reunión del Presidente del país norteamericano y ex Gobernador de Texas, George Bush, y del Primer Ministro español.

Aquí, en territorio nacional, se llevó a cabo una reunión entre el Lehendakari en funciones, y aspirante a la reelección, Juan José Ibarretxe, y el líder de la ´ilegalizada´ Batasuna, Arnaldo Otegi, para conseguir obtener, por una parte sus votos en la cámara vasca, con la aceptación de su candidatura encubierta (PCTV) en la mesa del Parlamento vasco, y por otro lado, abrir unos caminos al diálogo y entendimiento para alcanzar la añorada paz que tantos reclaman desde hace multitud de años. Esta conversación entre líderes del nacionalismo fue calificada tanto por el Gobierno por boca del titular de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, como por la oposición popular, de manos de su titular de comunicación y ex jefe de campaña para las generales del año pasado, Gabriel Elorriaga, “como reunión desafortunada, y hecho flagrante que rompe con la legalidad actual”. Esta conversación se enmarca en la ronda de contactos que está manteniendo el candidato nacionalista para conseguir asegurarse su mantenimiento en la Presidencia del Ejecutivo de Vitoria.

La polémica surgida el pasado 2 de Mayo entre la Presidenta de la Comunidad de Madrid, ex Ministra de Cultura y antigua Presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, con el Alcalde de Madrid y anterior inquilino de la Puerta del Sol, Alberto Ruiz Gallardón, continuó el miércoles con unas declaraciones del Primer Edil del Ayuntamiento de la capital en las que se criticaba la puesta en público de las discrepancias de la única presidenta de autonomía en España. Esta réplica del moderado líder popular se produje tras las manifestaciones de la primera en las que se acusaba al hijo de uno de los fundadores de Alianza Popular de ser cómplice y amparador del expolio que está practicando el Gobierno central con la comunidad madrileña en beneficio de las regiones periféricas, principalmente Cataluña. El Día de celebración de la Región de Madrid vino marcado por el escaso entusiasmo en los saludos entre ambos dirigentes, que, desde hace bastante tiempo, no ocultan sus desavenencias, aparecidas fundamentalmente por el intento del Alcalde de obtener competencias que hoy en día recaen en el gobierno regional, a través de la Ley de Capitalidad, y por otro lado, por su intento por alcanzar la presidencia dentro de la propia formación en la región. Su candidato entonces, Manuel Cobo, ex Vicepresidente de la Comunidad de Madrid, y actual Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid, caracterizado por su moderación y el centrismo político, y por otro lado, la propia Presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, mucho más enfática y cercana a los postulados del neoconservadurismo actual. Esta riña acabaría con la llegada de la segunda al poder y la ocupación de todo el espectro de cargos dentro del partido, al ser nombrado como Secretario General del Partido Popular en Madrid el ex consejero de Trabajo, Octavio Granados.

Un día más tarde, se produjo la tan ansiada y esperada reunión entre el Jefe del Ejecutivo español y Secretario General del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y el candidato del Partido Nacionalista Vasco a la Presidencia de la Lehendakaritza, Juan José Ibarretxe, en la que abordaron temas espinosos que se siguen dando en Euskadi. El primero de estos temas es la decisión que se debe tomar para ver quien encabeza el Gobierno vasco, tras más quince días con incertidumbres, que, probablemente se resuelva con una mayoría exigua conseguida tras varias intentonas del actual Presidente del País Vasco y, al mismo tiempo, en detrimento del candidato del Partido Socialista de Euskadi, Patxi López. El segundo de los grandes temas a debatir fue el aborto al que se vería sometido el tan entredicho ´Plan Ibarretxe´, que en su momento no consiguió aunar los esfuerzos de todas las opciones políticas, y que, tras unos cuestionables resultados electorales, se ve abocado a un fracaso predicho desde el momento de su realización. Tras la conversación no se hizo ningún tipo de declaración institucional en la que se pronunciasen los acuerdos a los que se había llegado, y los aspectos más controvertidos para ambos dirigentes que habían sido un óbice para la consecución del talante y el consenso predicado por el jefe de gobierno español.

Otro de los aspectos de la llamada política minúscula fue el paso del antiguo Presidente del Partido Popular de Álava (aunque gallego de nacimiento), Pablo Mosquera, al Partido Socialista de Galicia (PSdeG) con el se había comprometido en su afán por acabar con la hegemonía de los conservadores dirigidos por Manuel Fraga. El ya afiliado progresista, tuvo una última época convulsa en Unidad Alavesa (UA), de la que era líder político, que hasta el año 2003 había mantenido una alianza estratégica con los populares de Jaime Mayor Oreja y Carlos Iturgaiz, y con los que su relación personal había decaído profundamente por su centralidad política y su acercamiento a la nueva tendencia puesta en marcha por el nuevo Secretario General del Partido Socialista de Euskadi, Patxi López. Tras su salida de UA, en la que fue reemplazado por Enriqueta Benito, este médico ejerció su profesión de Director del Hospital de Burela, cargo del que fue fulminantemente expulsado por ir contra las ideas de los populares, hasta llegar a su actual puesto de Jefe de Unidad Preventiva de Salud Laboral en el Hospital Santiago de Vitoria. Los hechos políticos que supusieron el final de su carrera política en el País Vasco, le llevó a su vuelta a Galicia, donde recibió el cariño de los afiliados y dirigentes del Partido Socialista. Al mismo tiempo decidió desempeñar una labor periodística colaborando en algunos medios de comunicación gallegos, como era el caso del diario del Grupo Voz, La Voz de Galicia.

El viernes se conocieron los resultados de las elecciones al Parlamento británico en las que el jefe de los laboristas y candidato a la reelección, Tony Blair, obtuvo la tan ansiada e histórica mayoría absoluta, aunque al mismo tiempo vino acompañada de un cierto voto de castigo por su apoyo a la Guerra de Irak, principalmente de las zonas donde las clases obreras y la inmigración son mayores. Los laboristas, partido al que pertenece, han conseguido 355 escaños de un total de 646 asientos en el Parlamento británico, lo que supone una bajada considerable de 58 diputados respecto a las elecciones del año 2001. El reafirmado en su puesto Primer Ministro obtuvo su escaño por la circunscripción de Sedgefield frente a un candidato independiente surgido de “la nada” para vengar la muerte de su hijo que falleció en Irak, y que consiguió arrebatarle algunos votos tradicionalmente progresistas. Otros de los líderes laboristas, el Ministro de Finanzas, Gordon Brown, arrasó en el distrito de Kirkcaldy, al igual que hicieron otros candidatos como eran el Ministro de Sanidad, John Reid, el Ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw, su predecesor en el mismo, Robin Cook, y el Viceprimer Ministro, John Prescott. El segundo de los partidos más votado fue el Partido Conservador de Michael Howard, que vio como aumentaba su representación desde los 166 escaños anteriores hasta los 197 actuales. Pese a ello, presentó su dimisión irrevocable por estar en una edad demasiado avanzada para encabezar una futura candidatura ´torie´ al Parlamento. El tercero en discordia fue el Partido Liberal Demócrata, cuyo líder, Charles Kennedy, no pudo conseguir aglutinar todo el voto descontento con los laboristas, aunque consiguió pasar de 56 representantes a 66 escaños, aunque tuvo un aumento porcentual del voto considerable que no se tradujo en un ascenso en su representación parlamentaria por la aritmética empleada en el sistema electoral británico. Uno de los grandes hechos a destacar fue la radicalización de Irlanda del Norte en lo referido a sus preferencias políticas, ya que los representantes tradicionales como el Partido Unionista de David Trimble, ex Ministro Principal para el Ulster, o el Partido Social Demócrata de John Hume, ya retirado de la vida política, y premio Nóbel de la Paz en el año 1998 por su contribución a conseguir la normalización política del Ulster, cayeron en un declive sin fin, viéndose sustituidos por el Partido Demócrata Unionista, de religión protestante, dirigido por el reverendo Ian Paisley, y el Sinn Fein, considerado el brazo político del IRA, cuyo líder, Gerry Adams, ha visto aumentar su popularidad en los últimos años desde su propuesta de disolución y entrega de armas del grupo armado.

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