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Etiquetas:   La musa   -   Sección:   Opinión

Humanistas

Virginia Fernández
Redacción
sábado, 7 de mayo de 2005, 23:11 h (CET)
Una constante en las políticas educativas, independientemente de las siglas del Gobierno que las ha presidido, es la incapacidad para mejorar la coherencia de la enseñanza y mejorar el sistema educativo desde el punto de vista práctico. No es tanto la teoría lo que falla sino la práctica y la manera en que el alumno participa activamente en la relación didáctica y pedagógica que debe desarrollarse entre el profesor y sus alumnos. El aspecto humano y comunicativo en la enseñanza brilla por su ausencia, en parte por culpa del alumno desmotivado que no quiere aprender y por la existencia de un profesorado incapaz de despertar entusiasmo e interés en sus alumnos. A esto se suma unos programas educativos que cambian continuamente y que siembran el caos entre los que tienen que pensar en su futuro y su formación.

El hecho de que el Consejo Universitario pretenda reformar la disposición de las carreras universitarias o hacer desaparecer un buen número de ellas no hace más que contribuir al desconcierto general de quienes ya hace tiempo veían peligrar las humanidades, y en especial la titulación de humanidades. Los humanistas, aquellos que saben de todo y de nada, aquellos que tienen que enfrentarse todos los días con su indefinición profesional, se encuentran ahora más desamparados que nunca ante esta reforma que se prevé para el curso 2008-2009, y que reducirá el número de titulaciones universitarias a la mitad.

La voluntad de hacer converger el sistema educativo universitario europeo, con el pacto de Bologna, con el fin de mejorar el acceso al mundo laboral a nivel internacional nos muestra una situación precaria de las carreras de filología, historia del arte y humanidades, que posiblemente contribuirá a masificar aún más las aulas y supondrá un revés para quienes exigen una mayor especialización dentro de su campo.

No hay duda de que el planteamiento del pacto de Bologna es interesante y prometedor, con respecto a la mejora de la movilidad dentro de la propia Unión Europea y a una mayor cohesión, pero a su vez muestra la dificultad que existe para aunar unos sistemas educativos tan diferentes en el seno de Europa, así como un futuro desalentador para las carreras de letras, ya deterioradas de por sí.

Sin duda, como decía el escritor José Luis Sanpedro, nos encontramos ante un mundo cada vez más deshumanizado y empobrecido, en un momento en que es necesario más que nunca reivindicar la cultura, las humanidades y el diálogo para garantizar el progreso de la humanidad y no su destrucción.

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