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Apoteósico fin del mundo
Escasean las referencias sobre las posibles circunstancias del fin del mundo
Quizá por lejanas y desconocidas; pero no hay duda de ese final, si hacemos caso de las informaciones científicas que nos llegan de vez en cuando. De todas formas, la contundencia de dichos resultados presenta muchos rincones oscuros, son demasiadas las materias evanescentes, los agujeros abismales e incluso las partículas suelen ser escurridizas. Con todo ese bagaje, el trágico final personal lo tenemos tan próximo, que nos absorbe las INQUIETUDES. Al menos, podemos preguntarnos, sin más, por ambos finales y sus significados o expectativas; a sabiendas del misterio envolvente.
En semejante AVENTURA, resulta pintoresca la aparición ocasional de grupos ideológicos o alguna persona aislada, que preconizan los detalles de la fecha y formas en las que acabarán las realidades actuales. El tiempo transcurrido descubre los errores de algunos, pero no cesan, aparecen nuevos personajes. Unos se ciñen a las lecturas cabalísticas, los hay alucinados y quienes apuntan a una simple pose, sin otras razones. Tampoco podemos averiguar de antemano si alguno de ellos estará acertado. Mientras, disponemos de esa lejanía amortiguadora; iremos a la brega con las penurias cotidianas, que dejan pocos resquicios a unos sucesos de tan largo alcance; tanto es así, que provocan una simple sonrisa condescendiente.
Los descubrimientos y los conocimientos humanos constituyen una manifestación curiosa de la existencia. Por varias razones. Son indómitos por su naturaleza, creemos tenerlos dominados y detrás de ellos asoman nuevos e intrincados ENIGMAS. Están abiertos a la observación general, a veces los tenemos al lado mismo, aunque no nos apercibamos de su presencia. Nos engatusan de tal manera, que nos llevan a considerarnos los dueños del mundo. Esta última razón también influirá en que hablemos poco del fin del mundo, tan nuestro y nosotros tan poderosos, que el subconsciente nos satisface con el oropel del presente. En alguna fase de mayor lucidez, pasamos de ese engreimiento a cuestionarnos si en realidad hemos avanzado en los asuntos importantes. Distinguimos algunos aspectos mejorados, junto a retrocesos de gran calado, en la evolución existencial.
Las nuevas ondas percibidas, la velocidad de diferentes partículas y los fascinantes efectos expresados por la física cuántica, atraen con fuerza la atención de los observadores interesados en los misterios incontrolados . Estos complejos hallazgos y muchos más, constituyen una buena cura de humildad, puesto que nos bamboleamos bajo sus efectos ambientales. ¿Hasta dónde arriban los tentáculos de nuestras actuaciones? ¿Bajo qué circunstancias influyentes nos movemos? ¿Valoramos algún tipo de existencia eterna? Las preguntas no se acabarían nunca, quizá estemos en varios puntos a la vez o quién sabe cuales serán los finales absolutos de cada uno. No me negarán el carácter aventurero de estas consideraciones, que nos DESAFÍAN a diario y hasta el fin. ¿Fin? ¿Continuación? ¿Principio?
Con la intranquilidad consiguiente y una buena dosis de ilusión y confianza, reflejo en el siguiente cuento una vivencia personal del fin del mundo:
A P O T E O S I S
Nunca llegué a pensar que el viaje fuera tan fascinante.
Primero me preocupé, sí; porqué iba a negarlo. ¿Qué iba a ser de mí? Habían sido días de ajetreo, compras, regalos, comidas…aunque no intuía cambios tan importantes como luego sobrevinieron.
Sucedida la hecatombe, cerré los ojos y después los abrí a una esplendorosa realidad que engullía mis apetencias. ¿Sorprendido? No del todo. Como todo depende de la mirada del observador, las impresiones cambian. Seguí el curso de los acontecimientos.
Las partículas de mi mundo son las mismas en el nuevo ambiente, están presentes aquí y allá, están a la vez en todas partes. El concepto de lugar queda vacío de contenido a la vista de esas presencias simultáneas de las partículas. Ocupan a la vez diversas ubicaciones. ¿A qué viene hablar de un lugar u otro?
Sucedía algo parecido con las ideas, comprobé que circulaban sin limitaciones en una noosfera común, sin apropiaciones y con la potencial participación de quienes estuvieran interesados.
Esto tiene pinta de ser el movimiento perpetuo de una apertura total, ofrecida sin cortapisas caprichosas. Una estilosa perfección ambulante, cuya entrada es libre y la colaboración brota desde todos los participantes.
Si bien costaba creerlo, me quedé boquiabierto, también podía regresar al contacto con las vivencias anteriores, era cuestión de velocidad y ritmos; las maneras nunca eran idénticas, y a la vez, siempre lucían alguna semejanza.
Ya me sobran las preguntas debido a la prestancia de mi nueva situación, me embarga la plenitud sin fisuras que contiene todas las respuestas.
Bueno, preguntas no sé; sin embargo, me reconcome una cierta inquietud, la de incrementar las señales que permitieran la interpretación gozosa del abandono de un mundo insatisfactorio por la inmensidad de otra existencia.
Las partículas son lo de menos, su simultaneidad es permanente. De pronto las veíamos en la Tierra, pero circulaban por los espacios del Universo y no dejaron de mostrarse en mi nueva estancia.
A pesar de todo, y lo sé con argumentos certeros, aún existen gentes apegadas a un pequeño terruño, a su parcela privada, con el temor de que este mundo se acabe.
¿En qué mundo estamos ahora? Por eso quería yo potenciar las señales, por sí llegamos a tiempo de una buena ilustración sobre el fin de los mundos parciales.
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