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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Gallardón, ¿el ocaso de un mito?

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
viernes, 6 de mayo de 2005, 23:06 h (CET)
Respetado e incluso ensalzado por la izquierda, mantenido y mimado por los dirigentes del Partido Popular y denostado por gran parte de sus votantes.

Alberto Ruiz Gallardón comenzó su carrera política de la mano de su padre, fundador de Alianza Popular. En poco tiempo el fiscal en excedencia logró alcanzar la Secretaría General de la vieja AP. En esos tiempos se le auguraba una carrera política brillante y fulgurante. De todos es sabido que a Ruiz Gallardón se le considera político de brillante oratoria y excelente cabeza jurídica.

Pronto, tras un espacio de tiempo dedicado a la política municipal desde el Ayuntamiento de Madrid (1983-1987), dedicó su carrera política a la Comunidad, en donde logró vencer a Joaquín Leguina en 3 ocasiones (en una no llegó a gobernar por un pacto de Gobierno PSOE-IU). Pero en 1995 lo logró y se alzó con la Presidencia de la Comunidad de Madrid, con mayoría absoluta. Mayoría que repetiría en 1999.

Sin embargo, bien pronto comenzó su distanciamiento con la cúpula de su partido. Así, cuando en 1996 Jose María Aznar gana con mayoría simple las elecciones generales, Ruiz Gallardón escucha los cantos de sirena auspiciados desde determinados medios de comunicación y algún partido político. Se trataba de evitar que Aznar fuera el Presidente y buscar una figura de “consenso”. Y PRISA miró hacia Alberto. Y Alberto miró hacia PRISA. Ahí comenzó todo.

Naturalmente las bases del PP entendieron que aquello era una traición en toda regla. Pero callaron. Al fin y al cabo, era el casi recién elegido Presidente de la Comunidad de Madrid. Y se había conseguido el Gobierno de la Nación.

Pero comenzaron las obras megalómanas y la política de conciliación con los socialistas. Se otorgó la medalla de oro de la Comunidad a Joaquín Leguina, se le puso despacho, secretaria y coche oficial. Se silenció lo que el PP se encontró al llegar a la Comunidad de Madrid.

Le siguió una política contraria a los principios defendidos desde el Partido Popular. Se entregó el Círculo de Bellas Artes de Madrid al Grupo Prisa, para que los titiriteros pudieran libremente hacer de las suyas en contra del PP. Se nombró a Alicia Moreno Consejera de Cultura y Bellas Artes. Sus constantes peleas con el entonces alcalde madrileño, Jose María Alvarez del Manzano eran desesperantes. Gallardón paraba el proyecto, por ejemplo, de Ley de Capitalidad –que ahora, ya alcalde, reclama-.

Gallardón creía “Ser”. Y así, fue poniendo chinitas en las ruedas populares al tiempo que dejaba caer en medios de comunicación que no le importaría ser el candidato a sucesor de José María Aznar. Y PRISA apretó el acelerador. Gallardón era el sustituto ideal, decían. De lo que se podía deducir que sería el candidato que entregaría el PP al régimen polanquista.

Y Jose María Aznar, en una decisión de las suyas envió Alberto al Ayuntamiento de Madrid. Y Gallardón se fue al Ayuntamiento, eso sí, junto con más de 300 asesores impuestos a dedo por encima de los funcionarios.

Desde entonces en Madrid los impuestos no paran de subir, entradas a polideportivos incluidas. Aparcar el coche en un parking resulta tan poco económico como hacerlo en las calles de Madrid. Las obras megalómanas del Presidente no hay quien las entienda. En Madrid se habla de la “Mastaba de Correos”, por la obra faraónica que piensa hacerse para trasladar allí su sillón de primer edil.

Cursiladas imparables. Como las lucecitas de iluminación con motivo del enlace real, que tuvimos que padecer los madrileños, en tonos rosa y pastel, durante 3 días. ¿Cuánto nos costó la horterada? ¿Quién fue el encargado?. O la iluminación progre-navideña. Impresentable. Claro que la oposición no se entera de nada ¿o sí?

Reparto de píldoras abortivas a niñas de 10 años sin conocimiento de sus padres...

¿Y su candidato-holograma Manuel Cobo enfrentándose a Esperanza Aguirre y no logrando ni un 10% de los apoyos de las bases populares?. Claro, como no tenía posibilidad alguna, Gallardón en persona retiró a su muñeco, el cuál, en ejercicio de totalitarismo progre, tachó a sus contrincantes de “talibanes”. Gallardón es cualquier cosa (un conservador rancio, muy rancio, en mi opinion) menos liberal.

Sus continuas peleas con Esperanza Aguirre no hacen más que desgastar aún más a Gallardón frente a sus votantes, que son los que votan al PP, aunque él se piense que lo votan a él. Porque Alberto no ha aprendido la lección del intento fallido de presentarse al Congreso Regional del PP. Su soberbia se lo impide. Los socialistas seguirán votando al PSOE. Y ya veremos qué hacen los votantes del PP si Gallardón fuera nuevamente el candidato.

Gallardón ya hace tiempo que no levanta cabeza. Y si se enterase de lo que muchos militantes y votantes del PP opinan de él … igual se daría cuenta que ya no “es”. “Fue”. El solito se ha encargado de pasar a ser una estatua más en el Museo de la Historia de la Derecha española. Como Vestrynge o Herrero de Miñón.

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