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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Vivir 'anestesiados'

Eva Mateo Asolas
Redacción
domingo, 8 de mayo de 2005, 05:10 h (CET)
Un reciente informe revela que los abuelos españoles son, junto con los italianos, los europeos que más ven a sus nietos. Los mayores de 50 en España dedican entre 4 y 6 horas diarias a cuidar de los más pequeños. Entrañable, ¿no? Más bien lógico, si tenemos en cuenta que en nuestro país las extensísimas jornadas de trabajo impiden a los padres comer con sus hijos o recogerles a la salida del cole y que, hasta el momento, no existen centros donde puedan hacerse cargo de ellos. Afortunadamente, tenemos a los abuelos que cumplen encantados esta función.

Pero aún hay más. ¿Qué ocurre en España si un joven ya licenciado no encuentra trabajo y se ve atrapado en la espiral del paro? Pues no pasa nada, porque para eso está la familia, que lo mantiene en casa hasta los 30 años o los que hagan falta hasta que el “niño” pueda hacerse un hueco en el mundo laboral. ¿Qué pasa si una pareja joven quiere casarse pero con sus dos sueldos no les alcanza para pagar los exorbitados precios de una vivienda? Entonces los padres se convierten en los avalistas, prestamistas o "donantes de buena voluntad". ¿Qué sucede cuando un anciano precisa de asistencia especializada pero no hay plaza en los caros y escasos centros de día o residencias? En ese caso, las hijas y nueras se encargarán de él con más buena voluntad que pericia.

La familia en España se ha convertido en esa institución omnipresente que tiene por misión subsanar todos los errores de un sistema corrupto que los sucesivos gobiernos parecen empeñados en perpetuar en su propio beneficio: paro, salarios precarios, precio de la vivienda inaccesible...

La peor parte se la lleva la juventud española. Sobreprotegidos por mamás que nos hacen la cama y nos cocinan hasta bien entrada la veintena o por papás que nos encierran en burbujas de cristal, los jóvenes en España lo tenemos muy difícil para madurar. Vivimos anestesiados. No tenemos libertad para aprender de nuestras caídas y levantarnos por nosotros mismos. Nos encontramos incapaces de romper con el modelo familiar que nos dicta todas y cada una de las etapas de nuestra vida.

Mientras esto ocurre en España, en el resto de Europa los jóvenes se independizan cuando comienzan la universidad y muy pronto asumen responsabilidades, como costearse parte de sus estudios o el alojamiento con trabajos a tiempo parcial. Aprenden a ser independientes, a desarrollar un espíritu crítico, a resolver problemas cotidianos y a relacionarse con otros. Mientras tanto, en nuestro país, los padres llevan su particular venda en los ojos para negarse a ver la realidad de unos hijos que ya han crecido y tienen relaciones sexuales (tema tabú por excelencia en los hogares españoles) o que pagan a precio de oro un poco de libertad marchándose una temporada al extranjero.

Los tan alabados “lazos familiares” en España se están convirtiendo en sogas que ahogan. Así es como la familia en España ha llegado a ser un nido calentito y confortable del que los jóvenes españoles no nos atrevemos a salir y que nos convierte en auténticos Peter Pan del siglo XXI, adultos obligados a no crecer nunca.

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