En semejante panorama conviene echar un vistazo a las necesidades, por si algún mago acierta con los regalos oportunos. Las desventuras multiplican sus embates y afectan a todas las edades. Cabe la intriga de saber a cual de ellas les beneficiarían más las influencias de unos personajes mágicos. Una cosa es la necesidad y otra diferente la predisposición para quedar receptivo a la FANTASÍA de unos sueños creativos. Y en eso está claro que nos aventajan los pequeñuelos. Aunque también tendrán que andar espabilados, porque los intentos para privarles de esos sueños no faltan, através de las campañas racionalistas, que pese a presumir de razón, mantienen una actividad neuronal con pocos altibajos.
En las variadas alusiones económicas, la mención de la necesidad de una confianza es reiterativa. Aunque en la práctica cuesta detectar esa orientación. Cada uno tira de su cuerda y de manera inmisericorde, con un egoísmo elevado a sus máximos, sin frenos y sin consideraciones. Y es que hace falta decirlo, las cualidades no brotan sin una previa cultivación de sus planteles; sucede en la economía y en los más variados aspectos de la vida. Requerimos unos niveles mínimos de CONFIANZA entre las personas; nadie alcanza con todos los requisitos ni abarca los pensamientos de los demás, ha de confiar en la colaboración de cada uno para el beneficio común. Por eso es importante el calor de ese cultivo desde las edades infantiles. Los ritos costumbristas apegados a la cercanía del propio hogar juegan un papel primordial y su destrucción elimina otras múltiples cualidades derivadas. Un primer regalo valioso será el de la recuperación de la confianza. ¿Tarea imposible? ¿Paparruchas?
Los motivos de cada persona son hilos de largos trayectos, quizá infinitos y laberínticos; con incontables cruzamientos e influencias, reacciones sencillas y reacciones complicadas. En ellos encontramos una evidencia clarificadora, edades, calamidades y afectos, mezclan sus designios; aunque sólo detectemos el escueto resultado final. No podemos abarcar ese conjunto de conexiones interminables, superan las capacidades humanas. Pero surge la chispa de la ILUSIÓN y nos permite una actividad esperanzada. Por lo tanto, interesa dejar abiertas las conexiones ilusionantes, sin obstáculos innecesarios. Nadie es quien para establecer los impedimentos. ¿Recuerdan la entrañable novela “Matar un ruiseñor”? Pues aquí nos vendría de perlas una promoción entusiasta de la ilusión; sobre todo cuando sobran sus matadores y las trabas son numerosas. Proliferan las actitudes obstructivas.
Acaso quieran hacernos pensar que hablar de confianza e ilusión son bagatelas de poco fundamento. Dirán que en Internet todo tiene cabida y sin mejores análisis, transmitirán su respuesta potencial para todo. Y si no, sin más, lo que digan grupos amplios de gente será tomado como la validez suprema, aunque trataramos de estupideces. El engaño es burdo, pero cuela; son emitidas consignas para todo sin entrar en consideraciones sobre sus fundamentos. Ahora bien, la realidad tiene su carácter, no abdica de su fondo enigmático, el MISTERIO nos envuelve de mil maneras, sobre los orígenes y sobre el futuro, sin ir más lejos. Pero también sobre como funcionan las emociones, los instintos o los entresijos de la felicidad. En consecuencia, nos vendría bien, desde pequeños y no digamos entre los adultos, que alguien nos introduzca en el hábito de afrontar los enigmas, en familiarizarnos con su existencia con dignidad.
Una cosa es evidente, la queja repetida no equivale a la verdad; quizá muestre la ceguera para observar las realidades tal como son. Puede influir el despiste, la pasividad o la falta de reflexión. Y si, encima, la realidad arrastra un gran componente enigmático, la dificultad de su conocimiento adquiere proporciones enormes. ¿Ante eso, qué actitud conviene? Con un poco de atención, percibiremos enseguida la gran cantidad de SEÑALES que nos aportan pistas válidas. Veamos algunas. Cuanto más estudiamos al feto, con imágenes, genética, funciones celulares, relaciones con la madre y con el medio; desaparecen las dudas sobre su significado, las decisiones frívolas no encajan. La intimidad familiar late con una potencia formidable; es otra señal radiante. Si miramos a los presuntuosos, cualquiera con un mínimo de razón percibirá la incapacidad de todos para llegar al fondo de los misterios. Los gobiernos no van a la par de los ciudadanos. Es decir, señales brotan a diario; podrían ser suficientes para que en el asunto de los regalos, los efectuaramos con la suficiente locura de amor, que sería su máximo valor la compensación de las penurias. Pediremos un detector de signos y señales para no desbarrar en exceso y orientarnos con elegancia.
A la hora de regalar o de regalarnos, que de todo habrá; las facetas a considerar son infinitas. Estaremos de acuerdo en que tampoco conviene demasiada seriedad en el evento; el rostro ceñudo y el gesto serio aportan más dificultades que ventajas. Hay que abrir los respiraderos para la entrada del HUMOR y la FANTASÍA a raudales, en busca de la alegría y satisfacción revitalizadoras. Sin olvidar la referencia anterior a la peculiaridad de las edades, de la desbordante niñez a la renovada infancia claudicante de los veteranos. Pero, quién no necesitará ese impulso de las nuevas sensaciones. Recuerdo a los maestros en esta vertiente alegre, eran los payasos, si eran musicales mejor; y digo eran, por que los tiempos propician otros humores altisonantes, cuya sintonía dista bastante de aquellas entrañables figuras.
La rutina es una consejera perezosa, relaja las actitudes y con ese condicionante desciende el tono de las relaciones humanas. Las modas y las penetrantes campañas publicitarias, aparentan una rotura de los viejos moldes habituales, pero sólo aparentan, en realidad crean otras rutinas peores, promueven un seguidismos acrítico de sus dictados; con la consiguiente anulación de las iniciativas íntimas de cada sujeto. Echo de menos un potente INCONFORMISMO a la hora del plantamiento de los regalos. Mientras haga su aparición, las peculiaridades de cada persona permanecerán un tanto aparcadas. La creatividad y los impulsos genuinos de cada uno, exigen un ensamblaje que los valore. Desde esas maneras comunes, facilitarían la implicación de todos en el cotarro. El seguidismo necio juega a la contra.
El desánimo tiene los brazos muy largos, nos agarrota con mil artimañas y al menor descuido. Los nuevos impulsos de la ilusión son necesarios a diario, constituyen una corriente que forma parte de la esencia vital. En ella inciden los regalos, de por sí un tanto ambiguos. Derivan en efectos variados, perjudiciales, intrascendentes o espléndidos, según las circunstancias de cada ocasión. Aunque reflejan tantos sentimientos, que se convierten en un testigo revelador de cuanto acontece por dentro de las mentalidades. Los automatismos rutinarios, frecuentes en esta época, presagian un aumento de los ambientes desvaídos. Pocos dudarán de la necesidad de una buena estrella orientadora frente al desbarajuste que no cesa; el problema es doble, encontrarla y estar dispuestos a reconocerla. Aún así, los indicadores no son suficiente. Unos proyectos AUDACES han de completar la coherencia comentada.