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Etiquetas:   Bromas aparte   -   Sección:   Opinión

La vuelta al tobogán

Ezequiel Estebo
Redacción
martes, 3 de mayo de 2005, 22:24 h (CET)
¿Por qué los seres humanos tendemos ir como borregos todos juntos al mismo sitio? Como dijo una vez alguien que conocí, porque ir como borregos en solitario sería más aburrido.

Un paseo por delante de un estadio de fútbol antes de comenzar un partido, una calle de tiendas de regalos en vísperas de fechas señaladas o las colas ante una atracción en un parque temático de esos que tanto se estilan pueden persuadirnos de que efectivamente, tenemos el convencimiento de que hacerlo en solitario sería más aburrido. O nos encontraríamos más carentes de convencimiento.

Siempre que veo a una persona subirse a una de esas atracciones que da vueltas y vueltas y te pone cabeza abajo y cabeza arriba varias veces en pocos segundos me pregunto si sería capaz de atreverse a montar si tuviera que ir sola. Sin ver subir a nadie más, sin nadie en la cola, sin el autoconvencimiento que da ver que cientos de personas más están esperando para montarse en el mismo cacharro. Sin escuchar los gritos de los demás pasajeros al lado y sin escuchar los comentarios del resto de la gente al bajarse diciendo que han pasado mucho miedo, que ha sido muy "guay" y que hay que volver a ponerse a la cola porque están deseando volver a probar la experiencia.

Siempre me pregunto si sería capaz de subirse sola y cuanta gente es capaz de bajarse sola de la barraca. Y siempre me respondo, que por los mismos o muy parecidos motivos, de casi ninguno a ninguno sería una cantidad aproximada. Y así, aunque en el fondo exista la conciencia de que uno está exponiendo la vida por un simple juego, por mantener el tipo y el qué dirán, por ese espíritu gregario de aceptación y esas ansias de no ser tratado como un bicho raro, se cierran los ojos y se sigue dando vueltas en la montaña rusa por más que parezca que el vagón se va a salir del carril en cada vuelta.

Pero además de esto, siempre me pregunto también si es posible que alguien que se haya montado en un bucle de esos a dar vueltas y más vueltas pueda después sentarse tranquilamente en un columpio o tirarse por un sencillo tobogán de parque y decir que eso es lo que le agrada. Tras la agitación y los gritos dejarse caer por un simple tobogán sin chillar ni hacer aspavientos. Puede ser incluso difícil de explicar a los amigos.

Por eso suelo recomendarme a mí mismo una gran dosis de prudencia y moderación, aunque a veces incumpla mi propio tratamiento. Suelo recomendarme moderación, prudencia y mucho sentido común y huir cuanto me sea posible de las bolas de cristal.

Escuchaba el otro día en una tertulia televisiva a algunos "intelectuales" comentar con preocupación el crecimiento del movimiento blog y en general de la repercusión de internet. ¿Y se extrañan?, me pregunté. Pero si es que es normal, me dije. La gente está harta de que la manipulen. Luego, me rasqué la cabeza, pensé en los parques de atracciones y efectivamente yo me extrañé con ellos.

Ahora me he quedado silencioso, mudo diría que es más exacto. Esperanzado en parte, pero escéptico. ¿Será verdad que al fin la gente comienza a despertar de su letargo intelectual y comienza a escoger? ¿Será verdad que por fin se han cansado de escuchar las soflamas publicitarias pintadas como análisis libres de los mismos mercenarios de la creación de corrientes de opinión de siempre?

Al doblar la esquina de la calle donde vivo hay un pequeño parque con columpios y toboganes. Sigue vacío; pero ahora al pasar miro esperando ver niños tirándose por esas sencillas rampas metálicas. Tardará aún un tiempo, sospecho. Cuando uno es niño la diversión es completamente natural, porque no ha habido tiempo para aprender hábitos; por eso es tan difícil. En España, me temo, llevamos muchos malos hábitos ya aprendidos. Tantos, que esto igual no queda más que un simple rayo de sol en medio de las nubes que nunca llega a despejar el cielo. Pero hoy voy a despedirme de ustedes con la esperanza en que el rayo de sol crezca y despeje las nubes.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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