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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Petición a nuestros representantes

La comparecencia de Rajoy, por la GÜRTER, ante el Pleno, no puede ser un mero pataleo más. La ciudadanía está harta y asustada. La manifestación del hartazgo desafía al miedo
Carlos Ortiz de Zárate
lunes, 28 de agosto de 2017, 09:20 h (CET)
Ya sé que el escenario es chungo y que las alianzas son difíciles. “Están las encuestas”-responderás- Sabes que tu referente tiene muchas lecturas y que tendríamos que ver el impacto de la actualidad. Habría cambios.

Sí, ya lo creo. Han pasado muchas cosas. La adhesión del PNV, a última hora y a regañadientes, se explica, en parte, por el impacto de las mismas. Indicaba en mi artículo: “El PNV y la comparecencia de Rajoy” publicado en este mismo medio, que el partido podría buscar sacar tajada.

También la actitud del PSOE es ambigua y se corre el riesgo de que se nos ofrezca un nuevo espectáculo bochornoso en que el partido imputado, sin mayoría de gobierno, salga reforzado por el mero hecho que los parlamentarios no sean capaces de consensuar un gobierno alternativo.

Tienes que echarle valor. Sabes que nuestro hartazgo no soportará, que nos ofrezcáis más de lo mismo. Estamos hart@s y asustad@s. El atentado de Catalunya ha acaparado la actualidad, han tenido que dejar entrar al hartazgo.

Perece que estéis de vacaciones. Tenemos que sacar el tema de esa comparecencia. Tenemos que escucharnos.

Joan Baladí, el político español más valorado por la opinión, habló del tema en la Sexta Noche. Comparto el planteamiento del tema: un consenso que proteja el Estado de Derecho, los Derechos ciudadanos y que pare la hemorragia de la deuda. La ciudadanía no va a admitir un nuevo espectáculo de degradación.
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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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