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Paraíso perdido
Una sociedad maltratada por el desespero, la simiente de la mujer le abre la puerta que da acceso al Paraíso recuperado
¿De dónde procede el hombre? Durante años y años se nos ha enseñado que el hombre es el producto de la evolución y de manera gráfica se nos muestra este supuesto proceso a partir del mono hasta el homo sapiens. Julian Cribb, escritor y periodista australiano, miembro del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional, dice que ante la crisis financiera, económica, política, ecológica, climática…, ha llegado la hora de que a la especie humana no se la conozca más como homo sapiens, debe cambiarse el nombre. Esta propuesta puede ser el inicio de un debate interminable que puede hacernos perder de vista la causa principal que nos ha llevado hasta donde estamos. La evolución, con el supuesto proceso de millones de años que ha necesitado para producir al homo sapiens, es un fracaso. Si analizamos imparcialmente la historia del hombre descubrimos que en lugar de una mejora imparable, que debería ser el resultado del proceso evolutivo, nos muestra todo el contrario: degradación moral.
Si nos atenemos a lo que dice la Biblia, el hombre es una creación especial de Dios que no tiene nada que ver con el resto de las especies animales. Si existen algunas similitudes físicas con ellas se debe a que deben compartir un mismo espacio físico. La raza humana, según la Biblia, se inicia en un solo hombre en estado adulto: Adán. De él, Dios hizo a la mujer. La raza humana no nace en distintos lugares, tiene un tronco común, único: Adán. La Biblia dice que lo creó perfecto. Esta perfección inicial, después de la Caída, no se ha visto en ninguna persona, excepto Jesús.
Los creacionistas creemos que el hombre en particular es obra de Dios, que no necesitó material genético alguno preexistente, creó perfecto al hombre. A nosotros no nos sorprende lo más mínimo darnos cuenta de la falta de perfección que se palpa por doquier. Sabemos la causa.
La desobediencia de Adán hizo que el hombre perdiese la perfección original. A la mujer el Señor le dijo: “Multiplicaré en gran manera los dolores de tus preñeces, con dolor darás a luz los hijos, y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. A Adán le dijo: “Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:16-19).
Crisis financieras, económicas, políticas, ecológicas, climáticas, violencia de género, explotación y prostitución infantil, origen de la muerte y otras muchas desgracias están anunciadas en este texto de la Biblia. Ahora ya sabemos la causa de todos los males que nos aquejan. También se entiende la causa de las guerras de religión: Caín mató a Abel debido a su manera distinta de entender a Dios. Pasa el tiempo “y el Señor vio que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Esta descripción, ¿no retrata al hombre actual?
Con el libro de Génesis abierto y examinado atentamente descubrimos el origen de todos los males que nos aquejan. Si de esto podemos decir que es evolución, en este caso sería de más a menos. De la belleza a la fealdad. Todo lo contrario que enseña la evolución seudo científica que nos enseña con prodigalidad: de la nada al homo sapiens. Hoy, algunos, entre ellos el periodista Julian Cribb, proponen rebautizarlo, dado el incremento de sabiduría científica:homo sapiens sapiens.
La Caída hizo perder el Paraíso. Poco después del fatal acontecimiento Dios habla al hombre y le anuncia cómo poderlo recuperar: “Y pondré enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer, y entre tu simiente (del diablo) y la simiente suya (de la mujer), ésta (la simiente de la mujer) te herirá en la cabeza y tú (el diablo) le herirás en el talón” (Génesis 3:15). En el linaje de la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente no interviene el varón. Es la primera profecía que anuncia que una virgen engendraría un hijo sin intervención del varón. Jesús es el hijo de la virgen que con su muerte en la cruz abre la puerta para que los pecadores accedan al Paraíso recuperado. Es acontecimiento futuro pero real por la fe. Hoy los redimidos por el Señor ya empezamos a degustarlo en medio de las miserias de este mundo.
Octavi Pereña i Cortina
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