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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El enemigo en casa

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 1 de mayo de 2005, 23:10 h (CET)
Se me hace difícil escribir hoy sobre un tema tan difícil de tocar como es el de la mal llamada violencia de genero. Hoy esta columna va a ser políticamente incorrecta, como titula la suya una de mis compañeras en estas páginas. Son muchas las mujeres que mueren cada año a manos de sus compañeros como para andar haciendo bromas sobre este tema, pero la verdad es que muy pocas veces, quizás por aquello de no ser noticia, leemos sucesos donde el agredido es un varón. Y muchas veces la noticia aparece distorsionada por la versión de una de las partes, generalmente la mujer denunciante, sin que a posteriori una vez comprobados los hechos se dé una satisfacción al pobre hombre difamado y juzgado por la opinión pública y los medios de comunicación antes que por los jueces.

En mi modesta opinión las mujeres, pero también los hombres, no deben aguantar, ni siquiera por un amor mal entendido, los malos tratos, tanto físicos como psíquicos, más frecuentes de lo que sabemos, en la pareja. Todos somos personas, hombres y mujeres, y todos tenemos los mismos derechos y deberes. Dos hechos ocurridos estos días me han hecho reflexionar sobre este tema y me han llevado a ver que muchas veces tenemos el enemigo en casa disfrazado de opinión pública.

Hace unos días en Andalucía la policía detuvo a un hombre como presunto asesino de su esposa al encontrar unos huesos en los cimientos de su casa. Automáticamente la opinión pública le quitó el calificativo de “presunto” y le convirtió en asesino. Gracias a las investigaciones policiales se ha demostrado que los restos encontrados no eran humanos, tal vez tan sólo eran huesos de un gato o un perro, o simplememente los restos de cualquier chuletada, y el presunto asesino quedó en libertad. Pero el mal ya estaba hecho. La opinión pública le había juzgado sin tener en cuenta que este hombre cuando fue abandonado por su esposa, que quizás tendría sus motivos, se quedó a su cargo a unos hijos pequeños a los que educó y ayudó a crecer. Su puesta en libertad ya no fue noticia.

Del otro hecho he sido testigo y parte interesada. Hace un par de días la excompañera de un buen amigo acudió a hablar con él con un frasco de fármacos con la intención de chantajearle emocionalmente. Al intentar disuadirla mi amigo la tomo de los brazos y ella automáticamente le acusó de agresión. Cuando yo llegue me insultó esperando que mi reacción fuera agredirla. Me di la vuelta y me marché a tomar una copa a un bar aledaño. Me siguió hasta allí y me tiró la copa a la cara rompiéndola. Seguí haciendo caso omiso a las provocaciones. Resultado : una denuncia por unas agresiones que nunca se han producido pero que a mí si que me han producido daños morales, y una chaqueta manchada, de los que me será difícil recuperarme.

Por eso escribo que el enemigo está en casa. Y me refiero con ello además de a una parte de los medios de comunicación a ese sector del feminismo radical que tan sólo sabe ver en los hombres a un enemigo al que hay que machacar y extorsionar, sea con los hijos o sea con mentiras. Respetemos a todo el mundo, hombres y mujeres, pero pidamos también que se nos respete y que se termine con esa falacia de que los hombres somos unos enemigos para las mujeres .También hay mujeres maltratadoras y hombres maltratados aunque eso, hoy por hoy, no sea noticia.

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