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Opinión
Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar  

Navidad y nuevo Gobierno

¿Podemos hacer algo por los gobernantes?
Francisco Rodríguez
lunes, 26 de diciembre de 2011, 09:40 h (CET)

Al terminar el Adviento, tiempo de espera, ha llegado casi al mismo tiempo un nuevo gobierno para España y la Navidad. Parecen cosas diferentes pero hay algunos lazos entre las dos. Del nuevo gobierno esperamos que nos salve de la crisis, del nacimiento de Jesús esperamos una salvación  más definitiva. Del gobierno esperamos que nos trate como ciudadanos libres.  Jesús nos revela que Dios es el Padre de todos y que debemos tratarnos como hermanos.

Si nos decidimos a ser hermanos unos de otros, el mundo cambiaría más profundamente que con las reformas políticas. Si expulsamos a Dios de nuestras vidas, de nuestro mundo, de nuestras relaciones estamos perdidos. Sin Dios el mal triunfa con su egoísmo y crueldad. El Niño de Belén no es un rival del hombre, al contrario, viene a ofrecernos la libertad de ser hijos de Dios.

Creo que los nuevos gobernantes juraron con la mano puesta sobre la Biblia. Esto puede ser un gesto vacío o un compromiso serio. La Biblia, sobre la mesa de la jura, anuncia desde sus primeras páginas la llegada del Salvador, el Mesías, el Señor, cuyo trono será cruz también presente en la misma mesa.

Para cada uno de ellos se presentan dos alternativas fundamentales: gobernar para todos, especialmente para los más pobres, o gobernar para los poderosos. Hacer de su función de gobernantes un servicio para todos o utilizar el poder para disfrutarlo en su propio beneficio y el de los suyos.

Todos deseamos que tengan éxito en su gestión,  pues de ella depende el bienestar de la población, la tranquilidad y el orden, sin olvidar, que la paz es obra de la justicia, por lo que el mayor desorden es la injusticia.

Desde el principio de la Iglesia, tanto Pedro como Pablo, recomendaron a los cristianos la sumisión y el respeto a los gobernantes y a rezar por los reyes y los constituidos en autoridad para que podamos vivir una vida tranquila y apacible.

Los cristianos tenemos la poderosa arma de la oración para encomendar a Dios a amigos y enemigos y también a los gobernantes, sean del color que sean. Por mi parte pido que nos los deje caer en la tentación del egoísmo ni la corrupción y que se pregunten antes de tomar sus decisiones si ellas están movidas por la verdad, la justicia y el amor al prójimo.

Aparte de votos cada cuatro años, nuestra capacidad de influir en el gobierno es nula, pero nuestra capacidad de rezar porque las cosas salgan bien está intacta. Invito a todos los que crean en la oración que se pongan a la obra.

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