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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La sociedad y la Iglesia no son lo mismo

Raúl Sánchez Costa (Murcia)
Redacción
lunes, 2 de mayo de 2005, 22:31 h (CET)
La decisión de modificar el Código Civil a favor de los homosexuales ha tenido un resonante eco entre los ciudadanos. Ha habido diversas reacciones, pero se puede notar una tremenda confusión entre los aspectos civiles y los religiosos.

En primer lugar, no se pueden mezclar la Iglesia con el Estado. Los homosexuales son personas como cualquier otra de este mundo, su opción de tener otra vida sexual es de igual naturaleza que de una mujer que toma la decisión de nunca tener hijos y cuyos derechos siguen siendo iguales. Ahora, es injusto no dejarles integrar en la sociedad. Sería como si les forzaramos que llevasen una máscara, porque así nosotros pretenderemos que ellos son heterosexuales y ellos – que han dejado de ser homosexuales. Pero, ¿cambiaría algo en realidad? Con certeza puedo decir que no y en vez de vivir en mentira, sería mejor aceptar la realidad. No tenemos que estar de acuerdo con ello, pero sí tenemos que aceptarlo.

En segundo lugar, la reacción y la actitud de la Iglesia Católica son normales. Los curas tienen una misión en esta tierra – predicar la palabra de Dios. Estar de acuerdo con matrimonios gay – o uniones, si la palabra matrimonio está ya reservada – sería en contra de la doctrina romano-católica y no pueden aceptarlo porque no tienen el derecho de cambiar la palabra y mensaje divino.

Por eso ahora los españoles podemos elegir casarnos por la iglesia o por el ayuntamiento, en el segundo caso porque no creemos o no estamos de acuerdo con lo que nos impone o nos aconsejan los clérigos católicos. Y tal como todos tienen este derecho, no por qué no lo tendrían los homosexuales. Lo único que quiero es que la sociedad acepte a los matrimonios homosexuales tal como acepta tantas cosas que la Iglesia rechaza, como el divorcio, por ejemplo.

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