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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Una iglesia libre


Una iglesia libre de la tutela del Estado y sujeta a la autoridad de Dios será una luz resplandeciente en medio del caos de nuestro tiempo


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 21 de diciembre de 2011, 08:53
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Hay amistades que matan. De momento parecen ser buenas. Cuando ya no hay remedio se descubre que son perjudiciales. El matrimonio Iglesia & Estado es una de estas relaciones que parecen ser buenas por las facilidades que el Estado proporciona a la Iglesia. La cosa no ha sido así pues ha sido una incubadora de problemas y perjuicios que han dañado el testimonio que la Iglesia debe dar en la sociedad.

El concubinato entre el emperador Constantino y la Iglesia de su tiempo, que adquirió carta de oficialidad, ha ido acompañado de grandes dosis de herejía. A lo largo de la Historia se han venido repitiendo estos maridajes contra natura que han sido tremendamente perjudiciales para el buen nombre de la Iglesia.

Durante la dictadura franquista amplios sectores de la Iglesia colaboraron con la Dictadura en la represión de los vencidos de la guerra civil y en querer uniformizar el cristianismo español ejerciendo mucha presión contra los cristianos evangélicos, popularmente denominados protestantes.

Una relación contra natura es la que se da entre la Iglesia luterana danesa y el Gobierno. La Iglesia del Pueblo Danés, Iglesia Nacional de Dinamarca, como su nombre indica hace que su existencia dependa del Estado que paga la totalidad del sueldo de los obispos y el 40% del de los pastores. Gloria Moreno, autora de un artículo que trata el tema de los  matrimonios homosexuales, escribe: “Así que al episcopado no le queda otro remedio que acatar  la decisión que tome el Parlamento, que es la autoridad legislativa de la Iglesia”.

En España está reconocido el matrimonio civil gay. En Dinamarca la ley regula las uniones homosexuales. A propuesta del Gobierno se espera que el Parlamento apruebe una modificación de esta ley que reconozca las uniones homosexuales como matrimonio. Lise-Lotte Rebel, obispa de Helsinger Stift, razona: “Soy una mujer obispo y respeto profundamente a los homosexuales, debemos respetar la diferencia existente entre matrimonio y unión homosexual”.

La Iglesia nacional danesa deberá inclinar la cabeza en señal de sumisión y aceptar la decisión que tome el Parlamento si es que quiere conservar las prebendas que disfruta. El resultado será que esta Iglesia sometida al Estado no podrá ser luz en el aspecto espiritual y ético en una sociedad immersa en las tinieblas del paganismo que la ha conducido a la crisis actual, económica y moral. La Iglesia debe reflejar la luz que brota de Jesús que es la luz del mundo. Jesús es quien debe dirigir su quehacer, no el Parlamento.

La Iglesia no podrá ejercer la tarea encomendada por Cristo que es su Cabeza, si su señor es el Parlamento de la nación que la financia. Para cumplir su responsabilidad de guía espiritual de la sociedad la Iglesia debe ser completamente independiente del poder político: “Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”.

Que la Iglesia se independice del Estado no significa estar contra el Estado. Si la Iglesia quiere cumplir la misión evangelizadora que ha recibido de Cristo tendrá enfrentamientos con el Estado porque la luz de Dios y los intereses del Estado colisionan. El Estado intentará silenciar esta voz discordante. Si el Estado es una dictadura lo hará con la violencia propia de dicha filosofía política. Si es democrático, con guante blanco. En ambos casos el propósito del Estado será silenciar la voz de la Iglesia. Ante el intento de enmordazar los labios eclesiásticos, la Iglesia debe responder lo que los apóstoles dijeron al Sanedrín judío que quería impedir que diesen testimonio de Jesús: “Es necesario obedecer a Dios, antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

En estos tiempos de crisis galopante que pone en peligro el bienestar de muchos condenándolos a la pobreza, los políticos van de reunión en reunión intentado encontrarle solución con medidas macroeconómicas. No le encuentran la puerta de salida porque el problema es básicamente espiritual y moral. La Iglesia en estos momentos de incertidumbre debe mantener su independencia del poder político y proclamar con voz potente las enseñanzas evangélicas que pueden enderezar los senderos faltos de espiritualidad y de ética que nos han llevado hasta el desolado panorama en que nos encontramos.

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